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Reflexionando sobre el poder de la religión en la política

Libertad y Progreso

Colaborador de Libertad y Progreso
septiembre 22, 2015 2:31 pm by: A+ / A-

“El siglo XXI será religioso o no será en absoluto”.  André Malraux – Novelista francés, 1976

A fines de julio de este año tuve la excelente oportunidad, junto con Lucila Coll, de participar del seminario « El poder de la religión en la política » organizado por la Fundación Naumann para la Libertad en la Theodor Heuss Akademie, situada en Gummersbach, Alemania. La posibilidad de participar se concretó en virtud de la estrecha alianza que la Fundación Naumann Argentina tiene con Libertad y Progreso hace varios años. El seminario fue una experiencia sumamente interesante y enriquecedora no solo desde el punto de vista del contenido y la metodología de aprendizaje sino también por la diversidad de los participantes y moderadores, quienes procedían prácticamente todos de países “periféricos” (Myanmar, Pakistán, Jordania, Indonesia, Tibet, Malasia, Georgia, Marruecos, Tunes, India, Filipinas, Egipto, Serbia, Brasil y Chile. Rusia fue la excepción). Siempre es valioso nutrir la mente conociendo experiencias de otros países afectados por graves problemas como el fundamentalismo y terrorismo religioso y no religioso. La metodología didáctica utilizada no fue la de conferencias magistrales donde el profesor habla y los alumnos escuchan y eventualmente preguntan al final, sino que consistió en dinámicas de trabajo en grupo y puesta en común sobre los temas elegidos, debates con reglas claras, discusiones sobre temas prefijados, ejercicios de introspección, e intercambio constante de ideas.

Intentar conocer qué causa el fundamentalismo, cómo crece y se desparrama, cómo se manifiesta de manera incluso no religiosa; por qué le tenemos miedo al secularismo liberal y lo consideramos como una amenaza para la religión; cuáles son los valores morales que comparten las religiones del mundo (islamismo, judaísmo, cristianismo, budismo); cómo podemos difundir con más ímpetu la tolerancia religiosa y el estado de derecho como base fundamental para una sociedad pacífica y democrática; por qué la política abusa de la religión y la religión abusa la política, fueron algunas de las preguntas y temáticas abordadas durante el seminario.

Durante el experimento “Sinaí” pudimos descubrir que todas las religiones comparten principios y valores universales como el amor, respeto, paz, justicia, misericordia, libertad, generosidad, sabiduría, igualdad, tolerancia, diálogo, etc;  pero que a la hora de vivir estas religiones desde una dimensión social (al “institucionalizarse”), pueden desvirtuarse y caer en actitudes violentas, intolerantes y de opresión hacia otras religiones o ideologías. El motivo de este desvío de su sentido original fue eje de un debate polémico, ya que algunos sostenían que era algo inevitable y propio de las religiones “sistematizadas”, y otros (entre los que estaba yo) que esta deformación es causada por el pecado original que habita en el corazón del hombre, que lo lleva a cometer el mal, incluso cuando conoce y sabe lo que es el bien. No es una cuestión social, sino de la naturaleza humana.

1Muslim clerics (Sunni and Shia), Jewish rabbis and Christian priests (including the Archbishop of Canterbury) unite in central London against ISIS and the perversion and abuse of religion by violent extremists. #weareallhuman.

Una de las sesiones consistió en el caso de estudio de un talibán entrenado como “suicide bomber”. Vimos una entrevista que le hicieron y analizamos la psicología que hay detrás, cuáles son los móviles que lo llevan cometer tales atrocidades, y cómo su cerebro está perfectamente maquinado por la ideología fundamentalista de la yihad para llevar a cabo actos terroristas.  La yihad se refiere al decreto religioso de guerra, basado en el llamado por parte del Corán para extender la ley de Dios.

El componente turístico-cultural llegó a mitad de la semana con una visita a la antiquísima ciudad de Aquisgrán (Aachen), que incluyó una recorrida por la mezquita Bilal junto con una charla de Hildegard Mazyek sobre el Islam y el fundamentalismo; y una visita guiada por la Catedral, una de las más antiguas de Europa y donde fueron coronados 30 reyes alemanes y 12 reinas, entre ellos el famoso Carlomagno.

Para dar un cierre productivo al trabajo realizado, se trabajó en grupos para desarrollar una campaña estratégica de comunicación para las organizaciones e instituciones que representabamos.

Algunas de las conclusiones a las que llegamos luego de los 8 días de seminario fueron:

  • El fundamentalismo no es únicamente de carácter religioso, existen también políticos, económicos y sociales. Todos tienen una variedad de causas y deben ser combatidos con la misma energía.
  • Es necesario profundizar, investigar y difundir una legítima separación de la religión del estado, a la vez que reconocer que la política no puede ser totalmente ajena a la ética que promueven las religiones, y que conviene distinguir entre una sana laicidad y una secularización enemiga de la religión y que reduce ésta a acciones exclusivamente privadas.
  • Dios no ha muerto para la vida social ni política, como predijo Nietzsche que iba a suceder. De hecho, el acontecimiento político más trascendente, y que marca el comienzo del siglo XXI, el ataque a las Torres Gemelas el 11-9, fue un acto de terrorismo islámico producido por una equivocada interpretación del Islam como religión, la cual, en su esencia, no fomenta el uso de la fuerza o la violencia contra aquellos no conversos aún. Es más, el origen etimológico de la palabra “islam” nos indica que significa “paz”.
  • Es imperioso reivindicar, en pleno siglo XXI, el derecho a la libertad religiosa, que parece estar olvidado en algunas regiones del mundo, y en otras es directamente negado. No puede haber convivencia pacífica ni democrática si no se respetan las creencias religiosas de los ciudadanos. Y estudiar el origen, motivación y el futuro del fundamentalismo religioso y no religioso es deber de cualquier persona que desea el bien para la humanidad. No podemos quedar ajenos a esta amenaza mundial.

Además de conclusiones, tuvimos la suerte de volver a casa con más preguntas que respuestas y con más deseos de profundizar en la realidad de los dramas que aquejan a tantos países en el mundo. Nos preguntamos: ¿realmente todas las religiones promueven los mismos valores morales? Si las religiones no predicasen los mismos valores, ¿sería válido tratar de encontrar una que sea verdadera? Igualar todas las religiones, ¿no fomentaría la dictadura del relativismo? ¿Por qué no trabajamos más sobre los valores comunes y las semillas de verdad que hay en cada religión en vez de resaltar las diferencias?

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Magdalena Richards, Septiembre 2015

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