lunes , 17 diciembre 2018

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Transgénicos: Producir en libertad es combatir el hambre

Fernán Severini-Cevey

Colaborador del Grupo Joven de Libertad y Progreso. Alumno Instituto Secundario Don Bosco G-018; habitante de la ciudad de Villa Regina, Río Negro.
octubre 17, 2016 2:10 pm by: A+ / A-

Sin transgénicos es imposible combatir el hambre en el mundo, es condenar a la pobreza a millones.

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En nuestra llanura chaco-pampeana hay 975 mil kilómetros cuadrados de superficie con tierra plenamente cultivable dónde se desarrollan el 80% de las actividades económicas del país y se ubica el 70% de su población. Sería una perversidad no aplicar el cultivo de transgénicos. Sería quebrar la economía agroexportadora a favor de un grupo de ecologistas alimentarios que, le pese a quién le pese, no producen nada y se dedican a entorpecer el desarrollo de la región.

Los organismos transgénicos han brindado muchísimas ventajas a los productores agropecuarios: mayor resistencia a plagas, a condiciones climáticas desventajosas y a plaguicidas de alto poder residual; capacidad de adaptación a suelos áridos o desérticos antes considerados inviables para el cultivo; mayor aprovechamiento de nutrientes del suelo, lo que permite un uso menor de fertilizantes; mejoramiento cualitativo (tamaño, color, sabor, aromas y enriquecimiento en nutrientes) y cuantitativo (mayor cantidad de unidades producidas por planta) de la producción. Éstas ventajas técnicas han logrado que los productores agropecuarios del mundo maximicen sus beneficios de comercialización, por la creación de valor agregado en el mismo sector primario reflejado en el mejoramiento de calidad y a la creación de más oferta; reduzcan sus pérdidas ahorrando fondos debido a un menor uso de fertilizantes y plaguicidas; re-inviertan en nuevos proyectos cada vez más rentables creando más empleo y fomenten un tipo de actividad agropecuaria más amigable con el ambiente ya que los OGM mantienen su alto rendimiento consumiendo menos nutrientes del suelo, menos cantidades de agua y menos plaguicidas que contaminan los aires.

El aumento notable de la producción con índices que superan el 90% comparativo con épocas anteriores a la aplicación de cultivos transgénicos ha logrado una reducción del mismo calibre en el precio de los productos. La caída de los precios debido al giro alcista de la oferta ha afectado de forma redituable a las poblaciones más precarias y pobres del mundo, permitiendo que sus habitantes adquieran mayor cantidad de alimentos de alto poder nutritivo a bajo precio y salvándolos de la muerte por inanición.

El porcentaje de tierras cultivables en el mundo se ha incrementado en un 33-39%, el uso de insecticidas se ha reducido en un 37%, los rendimientos se han incrementado un 22% y los ingresos para los productores un 68%. Sólo en 12 países del mundo (Costa de Marfil, Liberia, República Centroafricana, Zambia, Namibia, Uganda, Tanzania, Madagascar, Irak, Guatemala, Tayikistan y Corea del Norte) los proyectos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio estipulados en el año 1992 de reducir la población subnutrida han fracasado debido a la inestabilidad política imperante y las crisis naturales padecidas que han prolongado la inestabilidad, sin embargo en los países en desarrollo el hambre se ha reducido (en 20 años) del 23,3% al 12,9%.

¿Hay alguna razón más para oponerse a los cultivos transgénicos? Ah, ¡sí! Me olvidaba: los daños a la salud de los consumidores potencialmente incubadores de infecciones resistentes a los antibióticos y de carcinomas. Nada más lejos de la verdad. Los cientos de alimentos OGM que obtuvieron licencias de comercialización por organismos científicos encargados de la seguridad alimenticia descartaron todo tipo de alergenicidad y/o toxicidad, reconociendo su gran potencial nutritivo en minerales y vitaminas. No existe evidencia científica que compruebe daños a la salud del hombre por parte de los alimentos OGM. Sí, en cambio, por parte del cultivo tradicional que requiere gran uso de pesticidas cuyo poder residual es perjudicial para la salud del consumidor y perjudicial para el ambiente.

El hombre desde los albores de su lucha por la supervivencia ha modificado los alimentos que consume para hacerlos mejores cualitativa y cuantitativamente, más nutritivos y más atractivos para el comprador. Antiguamente, como bien describiría Charles Darwin en “El origen de las especies”, se utilizaba la selección doméstica. En el siglo XX, gracias a Norman Borlaug, surgió la ingeniería dedicada a la modificación genética (fragmentos de ADN) de los cultivos y en el siglo XXI está en su auge, convirtióse en una auténtica revolución agropecuaria a favor del productor y a favor de aquellos que sufren hambre en el mundo.

Recientemente, el Parlamento Europeo ha aprobado por mayoría la prohibición del cultivo de maíz transgénico fundamentado en una presunta posibilidad de desarrollo de “supermalezas en el territorio español”. La política en lo único que es especialista es en el robo del trabajo del productor y en el perfeccionamiento del populismo. La política no sabe de agricultura. Hay que decirlo, porque es la verdad, porque se dedican a detener el progreso.

Le pese a quien le pese, Norman Borlaug es quien ha salvado más vidas en la historia de la humanidad y ha hecho de la agricultura un arte que cuida de los ambientes. Greenpeace, desgraciadamente, sólo tiene, debido a un devengamiento de la buena voluntad y el intelecto, capacidad para oponerse a todo aquello que genera progreso, crecimiento y calidad para el mundo. Los transgénicos son la gloria de la agricultura que han beneficiado por igual a productores y a pueblos hambrientos. No dejemos que los hambrientos que sufren y el productor que trabaja la tierra sean derrotados por el comunismo ecologista de jóvenes amargados con la vida y con el sistema.

Una mención especial merece el flamante Premio Nobel de Medicina Richard John Roberts,  que viene defendiendo a los OGM en el Congreso Internacional sobre Pobreza y Hambre de la Universidad Católica de Valencia.

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