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La opción es Populismo o República

Florencia Abram

Florencia Abram colabora con Fundación Libertad y Progreso, es Ingeniera Agrónoma y en 2014 fue presidente del Centro de Estudiantes de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires. Actualmente se desempeña en el área comercial de agroinsumos.
julio 31, 2015 11:40 am by: A+ / A-

Hoy, hilar muy fino en política es condenar el objetivo mayor que tenemos actualmente los argentinos, que es en qué tipo de país queremos vivir en el futuro.

Hace más de dos mil años que está instaurado el concepto de democracia en el mundo. Hace 239 años que el sistema federal y republicano de gobierno tuvo su principal implementación en Estados Unidos a partir de su independencia. Hace 162 años que la Constitución argentina definió la estructura institucional de este país bajo estos tres conceptos y, sin embargo, los argentinos somos incapaces de asimilar estos designios. En los países serios, el mero hecho de discutirlos resulta arcaico y, sin embargo, acá lo seguimos haciendo sin ton ni son.

En años electorales como el actual se define cuál es la visión que tienen los ciudadanos para su país, cuál es el futuro que pretenden tener como sociedad. En países desarrollados que ya poseen los conceptos básicos establecidos se discuten lineamientos políticos que se apoyan firmemente en los estamentos constitucionales.

Por supuesto que nosotros lejos estamos de esta situación. Los votos todavía se definen según las intenciones de respetar las instituciones, la propiedad privada y la libertad de expresión de cada candidato. Quienes bregan por el respeto a la Constitución votarán a unos y quienes priorizan cosas distintas al respeto de los derechos e instituciones, se decidirán por los otros.

Porque lamentablemente en la Argentina se ponen sobre la mesa estas cartas. Entre las principales propuestas políticas, por un lado se presenta un modelo que ha demostrado ser capaz de pisotear los principios democrático-republicanos y arrasar la propiedad privada de los individuos, decidiendo arbitrariamente sobre sus bienes. Y del otro lado se encuentran quienes abiertamente se definen como constitucionalistas, cada uno con sus matices distintivos pero poniendo en jaque los actos autoritarios y dictatoriales de los primeros.

En el próximo sufragio tendremos 9 propuestas diferentes cada una con sus pre-candidatos que luego de las PASO terminarán liderando las boleta electorales. Pero a mi entender los argentinos deberíamos tener unas PRE-PASO y pido disculpas a quienes probablemente tengan que  emitir su  voto seis veces durante 2015.

Sin embargo, esta PRE-PASO tiene que ver con sólo dos opciones, dos boletas entre las que elegiremos después de hacer una introspección cívica: “federalismo y democracia republicana” o “populismo”. Tan simple como eso. Los argentinos debemos definirnos primero por un estado que esté al servicio del pueblo o a la inversa, por políticos que trabajen para la sociedad o para sí mismos, por ser argentinos responsables cívicamente o que sigan dependiendo del estado para todo, que administren sus propias posesiones o lo deleguen a los gobernantes de turno. Hoy es corrupción o transparencia, respeto o atropello, trabajar o vivir de otros, justicia o arbitrariedad, desarrollo o decadencia. Tenemos una decisión moral y ética antes que política. Así de atrasados estamos como nación y eso habla de nuestra inmadurez cívica; pero la realidad es que cada individuo, a la hora de votar, terminará reflejando en su voto cuáles son sus valores y principios más básicos.

Hoy, la opción de país es binaria “Populismo o República”  y es indispensable que nos inclinemos hacia alguna de estas alternativas antes de decidir qué nombre introducir en la urna el día de las elecciones. No importa qué nos quieran hacer creer o quieran aparentar para “tranquilizarnos”, no es lo mismo votar continuidad que un cambio hacia la institucionalidad. La realidad se presenta nítidamente ante nosotros y cada uno deberá elegir según sus propios principios y expectativas.

Recién cuando hayamos encaminado el país hacia una nación que respete su propia Constitución, podremos hilar fino en las diferencias político-económicas. Y si nos dirigimos hacia la segunda alternativa, bueno… probablemente no tendremos siquiera la posibilidad de discutir.

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