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El modelo de desindustrialización

Federico G. Rouco

Licenciado en Economía por la UCA y la University of Leeds, con Posgrado en Economía Social de la UCA, Maestrando en Políticas Públicas. Analista Económico de la Fundación Libertad y Progreso. Twitter: @FGRouco
abril 28, 2015 9:49 am by: A+ / A-

A meses del cambio de gobierno, donde ya no habrá un Kirchner como presidente, queda en el imaginario colectivo que este fue un gobierno que se encargo de industrializar al país.

El oficialismo se ha encargado de formar esta idea: Kicillof, por un lado, dijo que “Estos diez años fueron de explosión en términos de capacidad productiva en la industria automotriz, solventada por el crecimiento de poder adquisitivo que permitió que el mercado se robusteciera”. Luego, Cristina fue más ambiciosa y planteó la industrialización como eje: “Apostar a la industrialización es una decisión política, pública y estatal”. Sin embargo, las cifras oficiales del INDEC con respecto a la evolución de la industria van en sentido contrario.

Vale identificar ciertos fenómenos que están relacionados con el supuesto proceso de industrialización y que permiten entender sus causas. Primero y principal, es necesario recordar la situación a partir de la cual partió el gobierno Kirchnerista, en mayo de 2003. Hubo dos factores principales: El tipo de cambio y la utilización de la capacidad instalada. El primero fue clave ya que, a partir de la mega-devaluación llevada a cabo por Lavagna, luego ministro de economía de Nestor Kirchner, los productos industriales argentinos se volvieron muy baratos en dólares, lo que impulso su ingreso al mercado internacional, generando una fuerte entrada de dólares. Por otro lado, la baja utilización de la capacidad instalada (las maquinas para producir) permitió que, sin una fuerte inversión, la producción pudiera responder rápidamente a la mayor demanda. Es decir, la mayor demanda que se generó por la devaluación pudo ser absorbida. El famoso viento de cola.

Esta dinámica tuvo lugar hasta 2011, donde la utilización de la capacidad instalada dejó de aumentar. Esto puede deberse a que, a falta de nuevas inversiones, la mayor producción termina por agotar la capacidad, llegando a cuellos de botella y restringiendo la posibilidad de ampliar lo producido. Mientras que entre 2003 y 2011, la utilización de la capacidad instalada aumentó casi 14%, entre 2011 y 2014 se redujo en más de 15 puntos porcentuales. En paralelo, la industria se expandió casi un 80% en los primeros ocho años de gobierno, mientras que, en el segundo mandato de Cristina, la industria se ha estancado, siendo que hoy la producción es 2,6% menor a la de 2011.

El Estimador Mensual Industrial (EMI) se ha reducido año a año desde 2011. Actualmente, ya lleva 20 meses consecutivos de caída de la actividad industrial. Este fenómeno, puede ser explicado a partir de la apreciación cambiaria, la inflación y la caída de los ingresos, variables que están altamente inter-relacionadas.

En cuanto a los sectores industriales, seis de los diez sectores más relevantes se han contraído en los últimos 4 años. De estos seis sectores, el que presentó la mayor contracción fue el automotriz, que se redujo en un 24%. Esta caída, vale aclarar, se produjo luego de una fuerte expansión en los primeros ocho años y en paralelo a los problemas cambiarios del país y la región. El resto de los sectores se ha estancado o hasta contraído en los últimos cuatro años.

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Por otro lado, la “industrialización” no ha sido tal. Más allá de las ganas que tenga el oficialismo, en esta década se redujo la participación del sector en la economía, llegando a presentar, en 2014, el nivel más bajo desde 2004, año donde comenzó la nueva serie. Si se toman los datos con base 1993, que solo llegan hasta 2012, la participación de la industria en 2012 era la menor de la década y solo superior a los niveles observados durante la crisis del 2001.

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Es decir, esta no fue una década de industrialización. Sin embargo, esto lleva el eje de la discusión a otro debate: ¿Es deseable una mayor industrialización? Esta pregunta no tiene una respuesta obvia, y hay casos que podrían ser expuestos por el sí o por el no. El problema surge cuando, una vez que se plantea la industrialización como objetivo, se llevan a cabo políticas que generan todo lo contrario.

Volviendo al principio, Kicillof hablaba de que el sector automotriz había sido impulsado por el aumento en el poder adquisitivo. Que el sector haya caído 24% en 3 años, ¿significa que el poder adquisitivo cayó también en gran magnitud? Cristina, luego, habló de la decisión publica, estatal y política de apostar a la industria que, en su último mandato, se redujo y llegó a tener la menor participación en el PBI en mucho tiempo.

Entonces, más allá de que no es obvio si es bueno o malo tener un país industrializado, resultado curioso que, una vez que se define un objetivo, las políticas aplicadas vayan totalmente en el sentido contrario. Algo así como los últimos 4 años.

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