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El genocidio olvidado

Libertad y Progreso

Colaborador de Libertad y Progreso
abril 24, 2015 11:42 am by: A+ / A-

Por Jorge Karagozlu, Lic. Ciencia Política (UCA), MBA del IE Business School en Madrid. Fondo Nacional Armenia y EPIC. Miembro del Grupo Joven de Libertad y Progreso.

El 24 de abril de 1915 comenzó el genocidio armenio por parte del imperio otomano. Primero fueron decapitados 500 intelectuales de la comunidad armenia, luego los hombres fueron obligados a cavar sus tumbas, y finalmente, ya indefensos, fueron asesinados los ancianos, las mujeres y los niños. Un millón y medio de armenios murieron. Cien años después, mientras el genocidio sigue negado, resuenan las palabras de Hitler, quien antes de llevar a cabo el Holocausto dijo, “después de todo, ¿quien se acuerda de la matanza de los armenios?”.

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La historia reciente nos cuenta que hubo varios intentos de limpiezas étnicas. Podemos hablar del holocausto judío, que se cobró la vida de más de 6 millones de personas, de la esclavitud africana en varios continentes que se llevó más de 100 millones de vidas y otros casos que son menos conocidos. Pero sin dudas, el del genocidio armenio, es uno que no trascendió en el mundo.

Pensemos esta situación. La ciudad de Buenos Aires hoy tiene aproximadamente 3 millones de personas. Y ahora pensemos en que pasaría si de un momento al otro, desaparece la mitad. De la forma más cruel, más despiadada y que luego, no se hable del tema. Que no se haga mención al respecto. Que directamente se niegue. Y se niegue porque se crea que por motivos religiosos, políticos, económicos o sociales, esta mitad merecía desaparecer. Ahora bien, pensemos en que esto pasó, pero en otro contexto y en otro lugar del mundo. Esto pasó en el Imperio turco-otomano en 1915, durante la Primera Guerra Mundial con el pueblo armenio.

Hay una fecha que está grabada dentro del ADN de cada armenio. 24 de abril de 1915. Ese día fue el comienzo del fin, o el fin del comienzo. Comienzo del fin por el hecho particular que ese día comenzaba el plan sistemático de eliminación de los súbditos armenios que habitaban dentro del imperio otomano. O fin del comienzo, ya que a partir de la masacre que cobró la vida de 1,500,000 de personas, el pueblo armenio empezó a caminar y a mostrar sus cualidades, entre ellas la determinación de jamás bajar los brazos y dejar de luchar por la memoria de todos aquellos familiares que padecieron durante esos años oscuros de nuestra historia, rindiendo honor a la vida.

El genocidio comenzó con la decapitación de su comunidad el 24 de abril. Esa noche, alrededor de 500 intelectuales fueron asesinados. Luego, los hombres fueron reclutados al ejército, donde fueron cavando sus fosas. Y finalmente, en los pueblos ya indefensos, las mujeres, los ancianos y los niños llevarían la peor parte. Un millón y medio de personas perecieron a manos del imperio turco-otomano.

El pueblo armenio supo tener su Estado en forma de reino. De hecho, fue el primer reino en adoptar al cristianismo como religión oficial. Y supo mantener su independencia hasta que cayó frente al Imperio Otomano en el año 1453.

Desde ese momento en adelante, los armenios fueron súbditos de los distintos sultanes otomanos. El ser un infiel o “kiavur”, implicaba ser un ciudadano de segunda, a tal punto que el musulmán podía probar el filo del sable sobre el cristiano o judío sin que la ley lo juzgue. El yugo otomano sobre el pueblo armenio fue despiadado, pero se logró generar una forma de convivencia donde como buen sistema feudal, el armenio tenía que cuidar el trato para poder vivir pacíficamente aunque sin garantías de que la paz fuera eterna.

Pero no iba a ser hasta la llegada del triunvirato de los Jóvenes Turcos, liderados por Talaat Pashá, que los armenios iban a encontrar a sus verdaderos verdugos. Llevado a cabo el golpe de Estado contra el sultán y ya durante la Primera Guerra Mundial, los aliados del Eje, ejecutaron minuciosamente el plan para que no quedara ningún armenio viviendo en su país. Así, del total de casi 2,500,000 de súbditos que vivían ahí, un millón y medio fueron asesinados de las formas más viles y horrendas que cualquiera pudiera imaginarse.

Después de la Gran Guerra, el triunvirato compuesto por Talaat, Enver y Djemal, fue sucedido por Mustafá Kemal Ataturk. Fue este General quien culminó con la tarea comenzada por sus antecesores. Ataturk, quien es visto como el San Martín de Turquía, fue quien lideró a sus tropas haciendo la matanza final de los sobrevivientes que no lograron dejar el suelo turco.

De esta forma y durante ese tiempo, el pueblo armenio sucumbió ante un calvario que no parecía tener fin. Y sin embargo, frente a la gran cantidad de muertos, hubo también sobrevivientes.

Fueron estos los que se dispersaron por el mundo. Líbano, Siria, Francia, EE.UU. y Argentina fueron algunos lugares hasta donde se desplazaron. Y fue ahí que estas diásporas se pusieron nuevamente de pie. Sin olvidar, pero en silencio, lograron regenerarse. Y al cabo de 50 años, empezaron a hablar. Con el dolor que les causaba ya que volvían a revivir la tragedia. El dolor de ver la muerte en sus ojos, en los ojos de los caídos, y de las formas más siniestras. Pero retomaron el tema para que no haya sido en vano la muerte de sus seres queridos.

Hoy, a 100 años del Genocidio Armenio, aquellos que sobrevivimos a esos mártires, seguimos caminando, buscando justicia. Hubo cuatro responsables por la ejecución del plan macabro, pero sigue habiendo responsables hoy día por negar lo acontecido, motivo por el que la causa armenia sigue bien firme hasta el día de hoy ya que el Estado turco, sucesor del Imperio Otomano, sigue negando el Genocidio. Lo niega y lleva a cabo un lobby negacionista a partir de su fuerte economía. Insta a que se estudie los acontecimientos y hasta se pone en el rol de víctima. Es como si el Estado alemán le dijera al israelí que no hubo un Holocausto, y que en todo caso, debería ser estudiado.

Ni Estados Unidos ni Israel han reconocido el genocidio, ya que al ser aliados de Turquía, no se les permite que hablen del tema para no faltar a la alianza que tienen en pie. Pero curiosamente fue Hitler quien antes de llevar a cabo el Holocausto dijo, “después de todo, ¿quien se acuerda de la matanza de los armenios?”.

A cien años del Genocidio, no solo tenemos la tarea de que haya un justo reconocimiento y el establecimiento de justicia, sino que además debemos hacer lo imposible para que no se repita ningún otro tipo de persecución a cualquier persona. El Genocidio Armenio no se olvida, ni se perdona.

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