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¿Tomamos conciencia de qué volverá cada vez que cantan «vamo a volvéér»? | Libertad y Progreso

domingo , 22 septiembre 2019

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¿Tomamos conciencia de qué volverá cada vez que cantan «vamo a volvéér»?

Gabriel Zanotti

Miembro del Consejo Académico de Libertad y Progreso.
agosto 23, 2019 7:32 am by: A+ / A-

VISIÓN LIBERAL – No, NO es «meter miedo». Yo no hago estrategias discursivas que al modo postmoderno puedan servir para un lado o para otro. Tampoco contrapongo el discurso a los hechos. Los discursos forman parte esencial de lo real, y su verdad tiene que ver con la verdad del horizonte desde donde están formulados.

Por ende no se trata de «meter miedo» sino de recordar la verdad de una historia -relatada desde la verdad de un horizonte- que, al parecer, tiene que ser contada una y otra vez.

El peronismo, es fascismo musoliniano argentino, que no se fue nunca de nuestro horizonte cultural -sea de derecha, de izquierda o marciano- fue sacado por la fuerza en 1955, y sólo porque su «querido líder» -como Kim Jong-un- cometió el error de pelearse con una iglesia cuyos católicos lo habían apoyado casi en bloque, excepto los justos que siempre quedan, como los entonces liberales de la democracia cristiana que seguían al «hereje» Jacques Maritain.Festejos de la campora

Coherentemente, reaccionaron con fuerza contra la fuerza. El supremo líder, que nunca dejó de gobernar, ante la ingenuidad de los antiperonistas, comenzó a apoyar lentamente la idea de una revolución armada. Que ya, en los 60 y en los 70, comienza a ser un intento de imitación, bastante exitoso, del castrismo cubano.

Y casi lo logran. Montoneros fue la coherente derivación del peronismo adecuado a la historia de su tiempo, un tiempo que pasaba ya por Cuba y no por Mussolini. Y así, comenzaron con la guerrilla armada, esta vez apoyados por los teólogos de la liberación y por los llamados «sacerdotes» del tercer mundo. Mataron y asesinaron por doquier. Junto con ERP, asesinaron y mataron con una crueldad inusitada, pero, claro, para ellos se estaban «defendiendo» contra la agresión de imperialismo capitalista, porque «la violencia de arriba engendra la violencia de abajo». Los católicos, desde Pablo VI para abajo, estaban intelectualmente inermes para responderles: «tienen razón, ok, el capitalismo es un horror, pero sean buenitos». En fin. O en principio. El principio de lo que aún sufre la Iglesia.

Hacia el 72, tribunales civiles legales, constitucionales, lograron juzgarlos y condenarlos con debido proceso, a gran parte de ellos. Pero entonces gana las elecciones Héctor J. Cámpora, una de cuyas primeras medidas fue la amnistía de los llamados «presos políticos». Salieron con furia y alegría a realizar su venganza, y comenzaron de vuelta los asesinatos y los secuestros. Todo en nombre de los pobres y la lucha contra el capitalismo. Lo primero que hicieron fue asesinar al juez Quiroga, que había tenido la valentía de procesarlos y condenarlos.

Y de ese modo la bandera cubana casi se levanta en Argentina, comenzando por la provincia de Tucumán. Hasta que el vaciamiento institucional total y el avance de Cuba hace reaccionar a los militares conservadores que sencillamente tienen que caminar hacia la Casa Rosada y mandar a la entonces presidente -el último regalo de Perón a la Argentina- a un plácido retiro en el sur. De vuelta, como en el 55 y en el 66, esos militares no se caracterizaban por su sabiduría.

No sólo no pudieron planificar bien una salida institucional, no sólo no entendían absolutamente naaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaada de economía, sino que además decidieron aniquilar a los guerrilleros con sus mismas armas: secuestro, asesinato y tortura. 

Un horror. 

Su último gran horror fue la guerra de Mavinas -apoyados por casi todos, excepto Alfonsín y Alsogaray- que al menos tuvo el resultado de que saco para siempre de la Argentina al factor militar como opción política.

Desde entonces en adelante todo fue un desastre excepto que, de algún modo, con ensayo y error, se podría decir que los argentinos ensayaban en cada votación un intento de estabilidad institucional democrática, siempre al límite: la salida acelerada de Alfonsín, el intento de tercer mandato de Menem, el golpe de estado civil-peronista contra De La Rúa, y el gobierno de Duhalde.

Pero durante todo ello, Montoneros no intentó adecuarse a nada. Allí estaban esperando, agazapados, el momento para volver al poder. Pero muy sagazmente, sin revolución violenta. Sólo tenían que volver bajo las apariencias de institucionalidad constitucional y poner el rumbo muy claro, aunque casi nadie se diera cuenta, hacia Venezuela. Y lo lograron, y los que lo advertíamos éramos ridiculizados. Eso fue y sigue siendo el kircherismo. No su corrupción, sino su decidido enfoque ideológico hacia Venezuela que, si lo hubieran hecho sin corrupción, ya seríamos un estado satélite del pajarito viviente.

Eso fue y sigue siendo el kirchnerismo. Al principio comenzaron despacito. Bueno, despacio para lo que son ellos.

Hay que recordar la «foja de servicios» del kirchnerismo. Como ya dije una vez: el kirchnerismo, coherentemente, revivió el odio y la venganza de los terroristas que en los 70 asesinaron en nombre de Marx y la liberación, y puso a varios de ellos en el gobierno, porque eso es lo que eran. Juzgó para un solo lado, y ese doble standard borra toda autoridad moral a su política de derechos humanos.

Nestor Kirchner incentivó el odio, y su estilo de «crispación» era la coherente expresión de aquél que piensa que de un lado están los explotados y del otro los explotadores. De ese modo, violó permanentemente el orden constitucional republicano donde esa dialéctica marxista no tiene cabida. Siempre fue coherente. Manipuló a los jueces y desobedeció a lo corte. Ignoró al poder legislativo. Persiguió a los que pensaban diferente y podían hacerle sombra. Digno discípulo de Juan Domingo Perón. Provocó con todo ello una enorme anomia institucional. Comenzó a perseguir a la prensa libre; subió la carga impositiva, expandió el gasto, comenzó a emitir, liquidó al banco central independiente, intentó controlar precios, re-estatizó empresas, subsidió a las empresas de servicios públicos con más gasto público, generó clientelismo político, privó de libertad a las provincias con el control de sus fondos, llevando a la economía hacia una nueva crisis que, suerte para él, le explota a los macristas en el 2018. Concentró, consiguientemente, todo el poder. Se rodeó de las peores personas, llenas de resentimiento y enloquecidas de odio, verdaderas personalidades psicopáticas en cuyas manos puso prácticamente al país.

A nivel internacional, se alió con Chavez, en una alianza profunda cuya peligrosidad, en tanto a la cubanización de toda América Latina, pocos llegaron a advertir, y muchos siguen sin advertir. Sostuvo a los peores dictadorzuelos latinoamericanos y logró manipular la absurda Unasur para ese servicio, bajo la complicidad o indolencia de los demás dirigentes. Promovió el aborto, promovió un tema grave como la ley de matrimonio homosexual por motivos políticos y al principio de su gobierno no logró entender ni convencerse de que no era el Papa y que la remoción de los obispos no estaba en sus manos. Y, por último, siguió gobernando bajo el mandato formal de su esposa, usurpando el poder, siendo por ende presidente de facto, burlándose de todo el orden institucional. Nunca se sabrá si murió de forma natural o fue asesinado, pero el gobierno de su esposa agravó totalmente todas estas cosas. Cristina Kirchner fue un modelo perfecto de dictadora autoritaria de izquierda, adalid de dictadores como ella, una cuasi psicótica, cerrada al diálogo, amante de hablar horas y horas, auto-considerada la gran arquitecta del universo, llevando su discurso a niveles de delirio parecidos a los de Maduro, siendo ello totalmente funcional a los marxistas no delirantes que seguían con gran alegría nuestro camino directo hacia el eje Cuba-Venezuela.

Pero no se atrevió a eliminar la corte ni a socavar totalmente al sistema electoral.

Ello permitió el cuasi-milagro, alentado por su enooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooome corrupción, de que Macri y Vidal ganaran las elecciones.

A los cuales yo, personalmente, no los pedía nada más que nos sacaran del camino a Venezuela. Y lo cumplieron. En el tema económico no se dieron cuenta de nada pero, oh detalle, no son dictadores.

Ahora los intelectuales del kirchnerismo se dan cuenta de lo que ha pasado. Razonan, coherentemente, que el problema fue que realmente NO fueron por todo. Ahora sí llegará el momento de tomar la corte -no lo dice «el Zanotti que quiere meter miedo«, lo dicen ellos- y acabar con todo.

Y han fabricado a una Cristina «calladita» en campaña (que no saben ya cómo mantenerla así) con un títere total como candidato a presidente. Y así es Argentina y los argentinos: semejante amenaza, semejante mentira, semejante afrenta, donde una procesada por graves delitos es candidata; eso, esa bestialidad institucional y moral, tiene chances de ganar las elecciones.

Y allí, adiós.

Que haya que recordar todo esto a gran parte de los liberales y a los conservadores argentinos, que haya que rogarles que por favor no es momento de jugar a ser presidentes, eso, creo, es aún más terrible.

Que Dios nos ampare.

(Publicado en el blog Filosofía para mi

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