Cuando el peso pierde súbitamente valor, las transacciones, los negocios se detienen, como enseñan las Sagradas Escrituras con la Torre de Babel, cuya gente estaba erigiendo una torre que llegaría hasta el cielo. El castigo divino fue que hablaran de golpe idiomas distintos. No pudiendo entenderse, comunicarse entre sí, la construcción de la Torre cesó, a pesar de tener todos los recursos necesarios para ello. Algunos economistas aún no lo entienden. ¿Cómo no pueden hacer la torre si tienen todos los medios para edificarla? El problema es que sin una regla, un idioma común para comunicarse, todos los medios son insuficientes y carentes de valor.
En la Argentina, la unidad para medir valores es el dólar. El peso suele utilizarse cuando mantiene una relación estable con el dólar, la unidad de cuenta, el metro de las transacciones. Pero cuando el valor del peso es incierto, parte de los vendedores no los acepta. Nos quedamos sin precios. Una sociedad sin precios cae en la pobreza mayor. Peor aún cuando el peso se deprecia súbitamente, la gente compra más dólares para preservar su patrimonio y subsistencia. Y cuando la gente compra dólares deja de comprar otros bienes. Se frenan las actividades productivas. Y el peso pierde aún mas valor.
Por eso, la primera prioridad de las autoridades debiera ser mantener el valor del peso, vendiendo la cantidad de dólares que los argentinos quieran comprar. El BCRA tiene los dólares suficientes para cambiar por los pesos que puedan ofrecerle.
Estamos en emergencia en un mundo amenazado con incertidumbre y retracción. La tasa de los bonos a 10 años del Tesoro de EE.UU. cayó a menos de 1,59% anual, cuando la Fed presta a 2,25% anual por pocos días. Unos 15 billones (millones de millones) de dólares en bonos de los gobiernos, una cuarta parte del mercado, tienen rendimientos negativos, algo impensado y considerado imposible por los economistas hasta hace un tiempo, confirmando gravedad de la coyuntura.
(*) Miembro del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso.