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¿Precios sin moneda?

Consejo Académico, Libertad y Progreso
diciembre 4, 2018 8:10 am by: A+ / A-
ÁMBITO FINANCIERO – La primera lección de la ciencia económica es lo esencial de un sistema de precios para la óptima coordinación de las actividades productivas. Hasta economistas socialistas eminentes, como Abba Lerner y Oskar Lange, lo reconocieron. ¿Qué es un precio? La cantidad de moneda a pagar. En el sumo de las contradicciones, la Argentina declara promover un sistema eficiente y libre cuando carece de una moneda confiable. Basta reiterar los 13 ceros quitados en cinco cambios del signo monetario, desde 1970. Más aún.

El dólar cotizaba a $18,50 al inicio de este año y ahora pisa los $40, esto es 400.000.000.000.000, cuatrocientos millones de millones, de los pesos que circulaban en 1969. Está también aceptado que, al menos en el largo plazo, la inflación es un fenómeno monetario.Fijar precio sin valor de la moneda

Pero, en lugar de arreglar el sistema monetario, las sucesivas autoridades ocultaron sus fallas, quitando ceros con cada modificación del peso.La ausencia de una moneda confiable restringe decisivamente las oportunidades de contratar y acordar. Resulta riesgosísimo pactar plazos extendidos en pesos. Además, los consumidores y proveedores, empleados y empleadores, pierden referencias a la hora de decidir. Los permanentes conflictos por salarios, tarifas e impuestos, son la consecuencia de la ausencia de moneda.

¿Quién puede negociar con el exterior con precios locales en pesos y un dólar tan volátil? ¿Cómo ser competitivos con precios imprevisibles, divorciados de los mercados?Afortunadamente, este tema de apariencia tan compleja tiene soluciones sencillas. Simplemente las autoridades deben adoptar una moneda confiable. La gente prefiere la moneda que mejor mida los precios. En otras palabras, la moneda que consiga precios más previsibles. Por eso, cotizamos en dólares los inmuebles, activos importantes, empresas, y medimos también nuestros patrimonios.

Porque las normas no lo impiden. También lo vinculado con el comercio exterior, endeudamientos y otros. Solamente pactamos en pesos cuando las regulaciones lo fuerzan, como pago de impuestos, salarios, tarifas, etc.Operar con dos sistemas monetarios de cotizaciones imprevisibles, entre ellos, complica innecesariamente nuestra realidad.

Cada vez que se altera el valor del dólar se modifican precios en pesos, repercutiendo en los patrimonios personales. ¿Y quién puede prosperar en ambiente tan incierto?

Este sistema frena inversiones, actividades y encarece costos. La solución es sencilla. Las autoridades pueden aceptar al dólar como la moneda, dolarizando la economía. O adoptar las reglas de la convertibilidad, que funcionó entre abril de 1991 y fin de 2001.

El actual programa monetario del BCRA contiene una regla de emisión cero, para créditos con fines internos, que podría fácilmente completarse fijando el tipo de cambio por muchos años. Con una brecha mínima, entre compra y venta, BCRA podría comprometerse a comprar y vender ilimitadamente dólares contra pesos, al tipo de cambio establecido. En la medida en que la gente confiara en su mantenimiento, las tasas de inflación e interés caerían abruptamente, restableciendo la armonía de contratos a largo plazo y reduciendo los conflictos. No obstante la contundencia fundacional del cambio propuesto, muchos economistas y generadores de opinión se opondrán. Y especialmente los políticos y funcionarios que verían perder sus poderes arbitrarios.

También los funcionarios del FMI que están propiciando una absurda flotación cambiaria en un país sin moneda. Posición opuesta a las actas de su constitución, que justamente sustentaron un sistema de cambios fijados por largo tiempo, donde el rol del FMI era financiar los desequilibrios transitorios.Para inyectar mayor confianza, la dolarización es superior a la convertibilidad, pero requiere acuerdos mayores, difíciles de conseguir para un Gobierno en minoría y opositores poco propensos a verlo exitoso. Por eso, el primer paso sería una convertibilidad de hecho, para lo cual el Gobierno tiene suficiente autoridad y reservas internacionales.

Panamá, dolarizado desde 1904, es el país con mayor crecimiento y menor inflación en el continente. Ecuador, dolarizado desde enero 2000, es el segundo país de mayor crecimiento de sus ingresos en dólares. Necesitamos un país competitivo para salir de la mediocridad.

 

(*) Integra el Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso.

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