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Industria Política: con compromiso de compra

Kevin Itoiz

Es un profesional de la administración. Magistrando en Administración de Negocios en el Instituto Universitario ESEADE y colaborador de la Fundación Libertad y Progreso.
julio 29, 2015 12:13 pm by: A+ / A-

Cuando hablamos de industria lo primero que nos viene a la cabeza son enormes estructuras edilicias emanando humo, fábricas gigantes transformando materia prima en productos manufacturados. Pero análogamente podemos hablar de la industria metalúrgica, petrolera, automotriz, alimenticia, textil, minera, o azucarera como conceptos en sí mismos. En esta última definición nos referimos a un sector de la economía compuesto por diversos productores que buscan saciar una determinada necesidad de quienes son sus consumidores. Esto, siguiendo el análisis de competencia de la cinco fuerzas de Michael Porter, debe tener en cuenta proveedores, sustitutos, competidores, barreras de entradas y de salidas -principalmente el grado de rivalidad entre los competidores – y, finalmente, cómo se dividen las ganancias y quién termina siendo el líder de esa industria.

Si pensamos a los candidatos en las próximas elecciones como proveedores y a nosotros, los electores, como consumidores podemos distinguir la clara existencia de una industria. Dada la existencia de compradores, por voluntad o coerción, indefectiblemente existen quienes están interesados en cubrir esas “necesidades” y estos competirán por ser elegidos por los consumidores.

La industria política es donde los partidos dominantes son los “líderes de mercado” y algunos otros, como los partidos de izquierda aquí en Argentina, se dedican a vender un producto para un nicho muy específico. Por otro lado, tomando el mercado total: todo el país, pocos tienen presencia nacional, algunos tienen presencia en algún territorio específico y otros deben hacer alianzas estratégicas (frentes electorales) para llegar a tal o cual mercado.

Todo buen CEO de una empresa, llamémoslo candidato, tiene como objetivo maximizar ganancias, en este caso hablaremos de votos. Entonces el interrogante a contestar es cómo se maximizan las ganancias. ¿Produciendo lo que uno quiere vender o produciendo lo que efectivamente se vende? Indudablemente uno produce lo que se vende, lo que le da ganancia, lo que demanda el mercado.

Como toda industria, las empresas dominantes son bastantes similares entre sí, es decir, fabrican los mismos productos y luego intentan obtener alguna ventaja competitiva por la cual el consumidor elije una opción y no otra. Pero nuevamente la base del producto es la misma o, por lo menos, siempre busca satisfacer la mayor cantidad de demanda.

¿Cuál es entonces la demanda estándar? Un producto de buena calidad a un precio razonable. Si lo queremos llevar a cuestiones ideológicas esto está representado por el centro político de las propuestas que puede variar entre lo conocido como centro-izquierda o centro-derecha.

Por otro lado, una vez que la “empresa” ya tiene fidelizada a su clientela es lógico que quiera ir en búsqueda de nuevos clientes, nuevos votantes. Es por ello que podemos encontrar cambios repentinos de discursos que no hacen referencia a un cambio de estrategia sino gestos en búsqueda de fidelizar a clientes que a veces compran el producto propio y a veces el producto de la competencia.

En conclusión, son los electores los que generan a través de su demanda el mainstream político y los políticos exitosos captan estas señales del mercado transformándolas en los “productos” que los consumidores compran.

Hoy en día es muy común escuchar críticas sobre la “farandulización” de la política, los discursos faltos de propuestas y contenido dedicados casi en un 100% a la cuestión emotiva.  Todo está enfocado en demostrar un liderazgo que pueda solucionar los problemas de todos los que habitan el suelo argentino.

La realidad es que los candidatos a través de sus propuestas (o no propuestas) y discursos responden ni más ni menos que a la demanda del electorado. Si el electorado reclamara propuestas concretas y planes de gobierno complejos seguramente todos los candidatos tendrían un libro de políticas públicas entero; pero hoy el electorado demanda otra cosa, hoy es el turno de los publicistas y no de los equipos técnicos.

Cada uno puede decidir si le parece bien o mal pero la explicación del “producto” político se refleja en la demanda del mismo. Y los políticos simplemente buscan saciar esa demanda en búsqueda de maximizar sus ganancias, es decir, obtener más votos y ganar las próximas elecciones.

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