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sábado , 24 agosto 2019

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País psicodélico: la manía de la Argentina de caminar al borde del abismo

Natalia Motyl

Licenciada en Economía (UBA). Analista económico de Libertad y Progreso.
julio 24, 2019 7:17 am by: A+ / A-
VISIÓN LIBERAL – Por: Natalia Motyl y Juan Ignacio Fernández

Lo psicodélico de nuestro país.

Lo racional es actuar. Los argentinos no nos encontramos insatisfechos con el estado en el cual nos encontramos: estancamiento, alta inflación, alta tasa de desempleo, mucha pobreza, alto grado de endeudamiento, etc. Entonces ¿por qué no actuamos? Si no nos hayamos satisfechos con esta situación, deberíamos actuar para así poder pasar hacia otra etapa de mayor satisfacción. A nivel individual cualquier sujeto racional evita el dolor y persigue el placer.

¿Por qué actúa un individuo? Porque no se encuentra satisfecho. El individuo se moviliza cuando desea pasar de un estado de placer hacia otro mejor. No sería racional que un individuo llevara adelante una acción sólo para pasar a un estado peor. Es cierto que, muchas veces actuamos y terminamos peor que antes, sin embargo, nuestro objetivo último siempre es pasar hacia un estado mejor.Análisis político económico

La acción requiere de dos recursos limitados: la energía y el tiempo. En la medida que no seamos capaces de dedicar una parte significativa de ellos a cuestiones fértiles, que nos permitan pasar a un estado de satisfacción mayor, simplemente, en condiciones normales, estaremos consumiendo recursos a una velocidad igual o mayor a la que los generamos.

Ejemplifiquémoslo de forma sencilla para que esto se vea más claramente.

Supongamos que un individuo X tiene un salario de $1000 mensuales. Asimismo, supongamos que, en el trabajo donde se encuentra, el mismo no desarrolla ninguna habilidad «acumulable», que implique que mañana pueda ascender en la escala jerárquica de dicho trabajo. También asumamos que, cuando sale del trabajo, no estudia ni se ocupa de desarrollar nuevas habilidades, al tiempo que tampoco ahorra nada de esos $1000.

En ese caso, con seguridad podremos concluir que dicha persona, en el mejor escenario, a lo sumo podrá mantener ese trabajo de $1000, pero resulta altamente improbable el mismo pueda incrementar su ingreso en el futuro. Ni mucho menos que se convierta en un sujeto relevante de la sociedad.

Es que, simplemente, no está invirtiendo el suficiente tiempo en ocuparse de desarrollar habilidades y/o acumular bienes como poder tener el capital suficiente como para desarrollar algún emprendimiento.

Definitivamente, éste sujeto es un irracional más. 

Un sujeto con cierto grado de racionalidad es aquel que puede discernir entre el dolor y el placer; el estancamiento y el crecimiento; el resultado del ocio y el trabajo. 

Aquel que no posee dicha capacidad cognitiva, claramente, no puede ser considerado dentro de los estándares normales en ningún tipo de análisis formal.

Pues bien, ¿Por qué no lo llevamos a nivel agregado, por ejemplo, a nivel país? Si el tiempo y la energía son inherentes a toda la sociedad, actuar debería ser racional. No actuar, perseguir el dolor, evitar el placer, quedarse en un estado de insatisfacción es totalmente irracional.

O sea ¿Por qué pensaríamos que estas premisas y conclusiones, que parecen inapelables a nivel individual, dejarían de funcionar cuando sumamos más gente a la ecuación? Hacer eso implicaría otro acto de irracionalidad.

Si para generar crecimiento sostenible en el largo plazo, nuestro país tiene que bajar el gasto entonces por qué no lo hace, por qué no actúa.

Nos encontramos siempre al borde del precipicio, a punto de caer y no hacemos nada para alejarnos del acantilado. Por el contrario, a veces pareciera que nos encanta bailar cerca de este.

Por ende, qué está esperando nuestro país para actuar.

Sobre los autores: Juan José Fernández es economista y director de Oikos Buenos Aires  y Natalia Motyl es economista en Libertad y Progreso. 

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