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Igualdad vs. libertad

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Abogado, profesor y periodista
abril 15, 2019 7:17 am by: A+ / A-

CATO – “Luché por la igualdad hasta que me percaté de que en la lucha por la igualdad se perdía la libertad y después no había igualdad entre los no libres”. Karl Popper

Así voy a comenzar con un pensamiento que considero fundamental y fue John Locke quien dijo: “Lo que importa no es la ley sino qué ley”. Al respecto vale recordar que no es lo mismo una ley que regula el tránsito que una que nos dice dónde tenemos que ir. La supuesta ética de la igualdad es la esencia de la demagogia descripta por Aristóteles e implementada por el socialismo. El Rule of Law no es la democracia y fue la denominación que le dieran los padres fundadores de EE.UU. al sistema creado a partir de la Constitución de 1787 y el “Bill of Rights” de 1791.Política y justicia

La esencia de ese sistema se basó en el pensamiento de David Hume al respecto de la imposibilidad de cambiar algo en la naturaleza humana. En función de ello, James Madisonescribió: “Si los hombres fueran ángeles no sería necesario el gobierno, y si fueran a ser gobernados por ángeles no sería necesario ningún control al gobierno”. Ya antes Thomas Jefferson había escrito: “Un despotismo electivo no fue el gobierno por el que luchamos”.

La esencia del sistema del Rule of Law es el control del gobierno y el respeto por los derechos individuales a la vida, la libertad, la propiedad y el derecho a la búsqueda de la propia felicidad. Este principio había sido considerado por Locke el principio fundamental de la libertad. A partir del mismo se creó el principio de Adam Smith llamado la mano invisible: “El persiguiendo su propio interés frecuentemente promueve el de la sociedad más efectivamente, que cuando él realmente intenta promoverlo”.

A fin de controlar el poder político en Estados Unidos se creó la revisión judicial. De ese sistema surgió del caso Marbury vs. Madison en el cual el Juez Marshall decidió: “Todos aquellos que han enmarcado una Constitución escrita las contemplan como formando la fundamental y suprema ley de la nación, y consecuentemente la teoría de todos esos gobiernos debe ser que cualquier ley de la legislatura repugnante a la Constitución es nula. Es enfáticamente la función y el deber del Poder Judicial el decir qué es la ley”.

A mi juicio ese fue el principio fundamental del sistema que cambió el mundo, que hasta hace doscientos años vivía como vivía Jesucristo, tal como lo describe Peter Drucker. La Argentina fue el ejemplo magno del realismo de esos conceptos. En función de los mismos y siguiendo el pensamiento de Juan Bautista Alberdi y Domingo Faustino Sarmiento logró en cincuenta años pasar de uno de los países más pobres del continente –Rosas mediante– a ser uno de los países más ricos del mundo.

Uno de los errores pendientes políticamente es la creencia de que es la cultura la determinante del progreso. ¿Qué cultura tenían los pilgrims que a su llegada a Estados Unidos, pusieron la tierra en común y se morían de hambre? ¿Qué cultura tenía la Argentina en 1853 bajo el despotismo de Rosas de “Religión o muerte”? En esa época tenía 800.000 habitantes y un 80% de analfabetos. A principios del siglo XX tenía seis millones de habitantes y tal como lo describe The Economist un ingreso per cápita mayor que el de Francia, Italia y Alemania.

Admitir que es la cultura la situación política determinante del progreso implica el reconocimiento de la imposibilidad de progresar. En ese sentido vale recordar la observación de Alexis de Tocqueville: “La riqueza del país no depende de la fertilidad de sus tierras sino de la libertad de sus habitantes”. Por ello debe reconocerse que la Pampa Húmeda se humedeció a partir de la Constitución de 1853-60, y su violación, Perón mediante, la determinante de la decadencia de los últimos 70 años.

No hay nada más perjudicial para entender el mundo en que vivimos que confundir la filosofía política anglo-americana con la franco-germánica. De la primera surgió la libertad  y de la segunda el totalitarismo como la racionalización del despotismo. Por ello, tal como reconoce Jean François Revel, en La obsesión antiamericana: “Son los europeos que yo sepa quienes hicieron del siglo XX el más negro de la historia…en las esferas política y moral se entiende. Ellos fueron los que produjeron los dos cataclismos de una amplitud sin precedentes que fueron las dos guerras mundiales y ellos fueron los que inventaron y realizaron los dos regímenes más criminales jamás infligidos a la especie humana”. Tal como reconociera Tocqueville en sus Cartas persas, los musulmanes consideraban que los cristianos eran los que más se mataban entre ellos.

Otro aspecto a considerar es al que se refiere Friedrich Von Hayek en su Camino de servidumbre en el que reconoce que el nazismo surgió del socialismo. Al respecto consideró que los pensadores europeos Thomas Carlyle, Houston Stewart Chamberlain, Auguste Comte y George Sorel fueron los que definieron ese proceso. Particularmente, añade que fue Johann Plenge quien marcó el comienzo del moderno renacimiento de Hegel entre los iconoclastas marxistas.

Pero pasando a la actualidad, todo parece indicar que es un hecho que la Unión Europea está filosófica y políticamente bajo la égida de Marx, Eduard Bernstein mediante, quien llegó a la conclusión de que al socialismo se podía llegar democráticamente y sin revolución. Por ello tal como lo reconoce Fareed Zakaria en su artículo en Foreign Affairs “The West is in Trouble”, en Europa impera el populismo de izquierda –socialismo– y de derecha –el nacionalismo–. A los hechos me remito. La Unión Europea no crece en virtud del incremento del gasto público, que implica la violación del derecho de propiedad.

Pasando de nuevo a nuestro continente, hoy EE.UU. un pretendido candidato demócrata Bernie Sanders que se reconoce socialista, lo que implica desconocer que el socialismo determina la violación de la Constitución americana. Más recientemente ha surgido otro candidato llamado Pete Buttigieg que también es de izquierda. Todo parece indicar que es popular y por ello, a los treinta años surgió como gobernador de un estado de EE.UU.

El aspecto pendiente parece ser la ignorancia de los principios que determinaron el sistema ético político que cambió la historia del mundo y se alcanzó el nivel de vida que todavía hoy disfrutamos. Pero surge la pretensión populista de la búsqueda de la igualdad, factor que aparentemente determina el éxito político seguido del evidente fracaso económico. Me atrevo pues a decir que si en EE.UU. se ignora el pensamiento de sus padres fundadores y se viola la Constitución, encontraremos una nueva Argentina en el norte del continente.

En virtud de esta realidad, he publicado mi libro La falacia de la civilización occidental. Por eso el pensamiento de Alberdi y Sarmiento, que determinó la Argentina que fue, merece ser rescatado, con la esperanza de que vuelva a ser.

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