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Dólar versus tasas: La frazada corta

Administrador LyP

Colaborador de Libertad y Progreso
marzo 14, 2019 12:21 pm by: A+ / A-

LA NACION.- El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional definió a un mecanismo de intervención del Banco Central en el mercado cambiario, coherente con el marco general de la política monetaria. Se han fijado límites mínimo y máximo de la cotización del dólar entre los cuales la entidad monetaria no interviene. Compra dólares por debajo de la banda y vende por encima. Los límites se mueven mes a mes en sentido ascendente para acompañar una inflación, supuestamente declinante.  Hasta hace unos días el tipo de cambio había oscilado alrededor del límite inferior de la banda, predominando las compras, lo que hizo posible aumentar las reservas. Más recientemente la cotización trepó, aunque aún lejos de tocar el límite superior. Sin embargo, el aumento generó cierto temor tanto en ámbitos oficiales como privados.

La cotización del dólar y más particularmente sus impulsos bruscos hacia arriba, son un hecho muy sensible para el gobierno. La corrida cambiaria de mayo de 2019 dejó una clara percepción del deterioro que puede ocasionar una escalada del dólar en las expectativas y en la imagen política del gobierno. En un año electoral la cuestión no es banal. Si el tipo de cambio se mueve, debe hacerlo en forma muy gradual y homeopática. En todo caso acompañando la inflación o al movimiento del límite inferior de la banda. Pero aquí aparece la cuestión de la tasa de interés. Si el Banco Central no puede comprar ni vender dólares dentro de la banda, sólo le queda el instrumento monetario. Debe absorber pesos colocando títulos. Hoy lo hace con las Leliq, suscribibles por los bancos a muy atractivas tasas de interés, lo que les permiten reconocer tasas también remunerativas a sus depositantes. Cuantos mayor sea la propensión de los los agentes económicos cambiar pesos por dólares, tanto más alta será la tasa de interés necesaria para hacerlos desistir y colocarlos a plazo fijo.

Este juego recuerda el problema de la frazada corta. Si se desea abrigar el pecho, quedan al aire los pies, y viceversa. Se alivia una dificultad pero se crea otra. El aumento de la tasa de interés repercute en el consumo y en la inversión. En consecuencia, si se quiere evitar una escapada del dólar se afecta la actividad productiva y el empleo.  Entonces se produce un reclamo generalizado, tanto en el sector empresarial como en el gremial. También hay un impacto político negativo. Pero vale la pena analizar qué ocurriría si para evitarlo el Gobierno convalidara la devaluación. La respuesta es que habría mayor inflación, lo que afectaría el salario real y la previsibilidad empresaria. Por lo tanto, también perjudicaría el consumo y la inversión.

Expuesto de esta forma el problema parece no tener solución. Sin embargo, el círculo vicioso de la frazada corta no se produce en otros países. ¿Por qué ocurre en la Argentina? La razón principal es la falta de confianza. La Argentina ha reincidido en crisis financieras que han desembocado en episodios inflacionarios o en alguna violación del derecho de propiedad. No nos referimos a expropiaciones, aunque las hubo como en el caso de los fondos de pensión, sino a medidas que sorprendieron a depositantes y tenedores de moneda argentina. La experiencia ha demostrado que es importante estar atento y preparado para refugiarse en moneda dura y preferiblemente fuera del alcance de disposiciones oficiales. Eso se llama fuga de capitales.

Esta tensión no se observa en los países que muestran equilibrios macroeconómicos practicando la disciplina fiscal y el respeto al derecho de propiedad. El gobierno del presidente Macri introdujo importantes mejoras en el plano institucional y en las reglas internacionales de convivencia. Sin embargo, no fue suficientemente eficaz en corregir el enorme déficit fiscal producido por el desborde del gasto público del gobierno anterior. Tampoco encaró las reformas estructurales imprescindibles como la laboral, la impositiva y la previsional. Asumió la posibilidad de un gradualismo en la corrección fiscal, financiando el déficit con endeudamiento y manteniendo una elevada presión impositiva.

El acuerdo con el FMI contempla la anulación del déficit primario en el año 2019. La meta se está cumpliendo, aunque con las ayudas del sostenimiento de una fuerte presión impositiva y de cierto retraso real de salarios públicos y jubilaciones.  Por otro lado, el déficit financiero, incluyendo intereses, se mantiene en cerca de 3 puntos del PBI, al que debería sumarse el componente real de los intereses pagados por el Banco Central. El stock de Leliq alcanza algo más de un billón de pesos y la tasa de interés reconocida supera el 60% anual. Estas magnitudes generan de por sí una percepción importante de riesgo.  A esto debe agregarse la incertidumbre política originada en la eventualidad de un retorno del kirchnerismo o su combinación con un peronismo integrado. La visión de los analistas internacionales queda reflejada en la cotización de los títulos soberanos y consecuentemente en el índice de riesgo-país.

No hay frazada corta en los países que no padecen o que ya se han curado de estos desvíos. No la habrá en la Argentina si se encaran seriamente las reformas estructurales que otros países, como Chile o Perú, entre otros, llevaron adelante. Ellos capitalizaron experiencias tanto o más desastrosas que las nuestras. De alcanzar un segundo mandato, el actual presidente debiera construir sobre las enseñanzas propias y ajenas.

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