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lunes , 22 julio 2019

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No cumpliremos ninguna promesa: prometido

Manuel Adorni

Analista económico y docente universitario.
febrero 1, 2019 10:00 am by: A+ / A-

Ámbito – Comenzó el año y de a poco se empiezan a visualizar posibles candidatos, equipos de campaña, alianzas electorales pero por sobre todo, lo más esperado por quienes tenemos algunos años sobre nuestras espaldas que nos permiten no tomarnos muy en serio algunas cuestiones: las ansiadas promesas electorales. A esta altura podemos asegurar sin temor a equivocarnos, que ningún peronista, ningún kirchnerista, absolutamente nadie que pertenezca al oficialismo y menos aún, aquellos voceros bastos de infantilismo pertenecientes a la devaluada Izquierda argentina, podrán cumplir con ninguna de las promesas que esbocen virtud de su misión de mendigar votos en este atractivo año electoral.

El peronismo ya comenzó con sus propuestas populistas, que de ser reales se transformarían en imbatibles: tendrás todo lo que deseas y si no logras tenerlo por ti mismo, el Estado deberá dártelo. Aunque esto parece algo novedoso, es lo mismo que promete el Peronismo desde hace más de siete décadas. La realidad muestra que el Peronismo de las últimas décadas mientras estuvieron en el poder, duplicaron el Estado (y con ello, los impuestos), sextuplicaron pobres y por sobre todo, cambiaron medio millón de ayudas en especies (que regían en los años ochenta) por diez millones de planes sociales en dádivas dinerarias (por obvias razones). No solo la pobreza fue su debilidad a la hora de hacer justicia social: la educación, la cultura y las instituciones han sido también parte de la degradación peronista que puede verse con solo remitirse a la historia reciente.

Dentro del Peronismo se gestó gracias a Eduardo Duhalde un núcleo diferente llamado Kirchnerismo: un grupo de hombres y mujeres del Sur que salvarían la patria (luego de que el mismísimo peronismo llevase en el 2002 la pobreza al 57%, el PBI lo haya hecho caer un 10%, haya multiplicado el valor del dólar por cuatro y tantas otras atrocidades más). El Kirchnerismo fueron una especie de selectos peronistas un tanto más descontracturados que los tradicionales, pero con una sola misión: hacer sus propios negocios. El problema tal vez no fueron sus negocios sino más bien los efectos colaterales: rompimos relaciones con el mundo, deshonramos buena parte de nuestros compromisos de deuda pública, la emisión monetaria fue más que una religión y por sobre todo, la inflación, la coerción a las libertades, la fuga de capitales y la destrucción de cada una de las cosas que osaban funcionar en la Argentina fueron parte del pasado luego del paso del Kirchnerismo por el poder. Y el nivel de corrupción astronómico: solo por nombrar una cuestión tragicómica, se han ido del poder y se han llevado hasta el Twitter oficial de la Casa Rosada (y esto no es broma, nunca se dignaron a devolver la cuenta al nuevo gobierno). Este grupo de Peronistas “no Peronistas” también tendrán su candidato para intentar gobernarnos a partir de Diciembre próximo.

El Oficialismo también está en campaña y tiene su ventaja distintiva: está gobernando. Aunque lo de ventaja puede quedar un poco grande en el contexto actual cuando uno analiza los resultados: inflación del 48% anual, un dólar que en un lapso de doce meses duplicó su valor, caída de la actividad económica, desocupación, endeudamiento por 150.000 millones de dólares. ¿Promesas ante este escenario?: realmente estoy desconcertado, aunque estoy convencido que la “pobreza cero” y la “facilidad que tiene el hecho de bajar la inflación” no serán slogans de campaña.

La izquierda… la izquierda. Que decir de este montón de adolescentes tardíos que pretenden solucionar el país incitando piquetes, pintando coloridos carteles, invitando a la violencia como forma de expresión y que tienen un conocimiento de la economía que se asemeja al que tiene un bebé recién nacido sobre la teoría atómica: su solución es un tanto imperfecta y pasa simplemente por robarle a los ricos para darle a los más necesitados. Una especie de Robin Hood económico en un país de fantasía. Odian al Imperio (se ve que son grandes amantes de la saga Star Wars) y pretenden cerrar las importaciones y vivir con lo nuestro (aunque eso sí, todo lo expresan en redes sociales que cotizan en la Bolsa de Nueva York desde celulares de varios cientos de dólares de costo.

Todo lo que se diga en esta campaña electoral por los personajes de siempre no será otra cosa que las mismas mentiras a las que ya estamos acostumbrados. Solo deberemos escuchar a los que nos hablen de lo que nadie habla: de libertad económica, social y cultural. A quienes nos propongan un Estado chico que acompañe una profunda baja de impuestos, un sector privado cada vez más grande, que genere trabajo, riqueza y por sobre todo que aprenda a competir para poder venderle trabajo argentino al mundo y volver a ser lo que alguna vez fuimos: un país rico. Rico como todos aquellos países que se han dedicado a comerciar y no a estafar a sus habitantes a través del robo de sus Estados a través de impuestos. Que cada uno produzca y obtenga los beneficios en base a su esfuerzo sin el temor permanente a que un socio llamado Estado, se lo quite para dárselo a aquellos que decidieron vivir del esfuerzo ajeno y que en cada acto eleccionario, emiten sus votos como el de cualquier argentino de bien.

Publicado originalmente en Ámbito Financiero.-

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