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Créditos UVA: respuesta a 4 críticas

Licenciado en Administración UBA y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Analista económico en Inversor Global, colaborador de Libertad y Progreso.
enero 25, 2019 7:46 am by: A+ / A-

CRONISTA – La polémica por los créditos no se justifica. Y compararlos con las líneas subsidiadas del Banco Nación no tiene sentido.

La semana pasada me junté a tomar algo con mis amigos del colegio. Ya hace 15 años que terminé la secundaria, pero por fortuna seguimos manteniendo el contacto y nos vemos muy seguido.

Uno de los tantos temas que salió en la reunión fue el de los créditos hipotecarios. Una amiga sacó junto a su marido un crédito hace un año y medio para comprar un departamento. Por ello, contaba que, si bien estaban “ajustados” con los gastos, había tomado una buena decisión.

Su crédito era uno de los que el Banco Nación otorgó hasta mayo de 2018, llamado “Nación tu Casa”, que se ofrecían como de “tasa fija al 14%” y cuota fija por los primeros tres años.Financiamiento de viviendas por el Banco Central

Mi amiga dijo:

“Por suerte saqué este crédito. Dos compañeros míos del trabajo sacaron un UVA y hoy se quieren matar”.

Este comentario me llevó a investigar. Y a continuación me gustaría responder no solo al comentario de mi amiga, sino otras 3 críticas que suelen hacerse a este nuevo sistema.

Crítica 1: “No sirve en país con inflación”

La primera y más liviana crítica que se le hace a los créditos indexados (o UVA,  por Unidad de Valor Adquisitivo) es que “sirven pero para un país sin inflación”.

Este análisis no tiene asidero. Es que, precisamente, si no hubiese inflación –es decir, si Argentina tuviese una moneda sana con poder adquisitivo estable- la creación de una unidad de cuenta como la UVA no tendría razón de ser.

En España, por ejemplo, los créditos se ofrecen a tasa fija del 2,4% anual en euros. Simple: como no hay inflación (o la hay pero muy baja y predecible), entonces es suficiente con cobrar una tasa que a su vez compense la pérdida del poder de compra y el riesgo de crédito.

Otro dato a tener en cuenta es que cuando Chile lanzó su exitosa Unidad de Fomento en 1967 (copia de la cual es la UVA nuestra), tenía 21,9% de inflación y dicha tasa no bajó (de hecho, subió fuerte entre 1973 y 1976) hasta comienzos de los ’90.

Eso no impidió el amplio desarrollo de las UF en la economía trasandina.

Crítica 2: “Debo cada vez más”

Un segundo punto débil que se menciona con la UVA es que la deuda total aumenta cada vez más, no importa cuánto se haya pagado del crédito. Un ejemplo de esto puede ser una familia que, al inicio de la vida del crédito, debía $AR 2.000.000  y que,  después de cancelar 24 cuotas (dos años), hoy debe $AR 3.200.000.

Ahora bien, el problema con esta crítica es que se confunde lo nominal con lo real. Es decir, se miran “los pesos” en lugar de mirar su poder de compra. En el mismo ejemplo citado anteriormente, la deuda inicial era de 113.800 UVAS, y luego de dos años de cancelar cuotas, la deuda se redujo a 102.500 UVAS. Es decir, en términos reales (o de UVAS), la cantidad adeudada siempre baja.

Como suele decir Martín Tetaz, esto es como si me prestaran 10 ladrillos. Si yo devolví 2 ladrillos, ahora debo 8. No importa si en pesos debo más. En términos de valores reales, la deuda siempre cae cuando se cancela.

Crítica 3: “No podemos pagar”

Seguida de la mala crítica anterior está el hecho de que algunos deudores UVA dicen que “no pueden pagar”. La queja es comprensible en un año en que la inflación fue de 48% y los salarios promedio subieron cerca de 28%. Sin embargo, para el caso de un crédito UVA sacado en enero de 2017, la relación cuota ingreso pasó de 25% a 28%, algo que no suena dramático.

En segundo lugar, si fuera cierto que los créditos “no se pueden pagar”, entonces no se explica que la tasa de irregularidad esté en el orden del 0,17%. Es decir que, redondeando, solo dos de cada 1000 deudores UVA presentan irregularidades en el pago de su deuda.

Crítica 4: “Era mejor licuar”

La última crítica a refutar luce como la más difícil. Es que no parece haber nada mejor que endeudarse y que luego la inflación vaya licuando lo que uno debe.

Pongamos un ejemplo sencillo: si yo acuerdo con un amigo que me presta $ 100, devolvérselos al cabo de un año, y en ese período la inflación es 200%, entonces le terminaré devolviendo a mi amigo $ 100, pero que tienen un poder de compra 67% más bajo.

Yo gano, él pierde.

Eso es lo que ocurre con los créditos “tradicionales” (no UVA) de Argentina. Ofrecen una cuota fija (no ajustable), que va licuándose con la inflación. Y, frente a esto, no parece haber competencia.

No obstante, a este argumento le falta un punto importante.

Es que como los bancos quieren protegerse de la descapitalización que implica la licuación de la deuda, las cuotas iniciales son mucho más elevadas. Así, un crédito por USD 80.000 que en enero de 2017 pagaba $ 8.500 de cuota en el sistema UVA, exigía un pago de $ 16.000 en el subsidiado “Nación tu Casa”.

Ahora como hay que tener una relación cuota ingreso inicial de, como mínimo, 25% como para recibir el crédito, entonces esto exige que para calificar al crédito que el Nación ofrecía en su momento, se necesitaban ingresos mensuales de $ 64.000 en enero de 2017 ($ 113.000 en moneda de hoy).

Es decir, la comparación entre un crédito y otro no tiene ningún sentido porque, para muchas familias y personas, la opción del crédito a “Cuota Fija” era directamente inexistente.

O sea, es claro que el que podía tomar un crédito a tasa fija, pudo licuar el capital adeudado gracias a la elevada inflación que tuvimos estos dos años. También es claro que mejor que eso, aún, hubiera sido recibir una casa de regalo…

Lo que no es claro, sin embargo, es que los que sacaron un crédito UVA hoy estén en una situación crítica o que hayan tomado una mala decisión.

El que tomó un crédito UVA en enero de 2017 hoy tiene un activo que está valuado en dólares. Su relación cuota ingreso no cambió de manera significativa, y ya canceló el 20% del valor real de su deuda.

Por último, de no haber existido el crédito, hoy seguramente seguiría alquilando, porque no tenía otra alternativa para acceder a la vivienda.

*Iván Carrino es economista, Director de IC y Asociados, y Subdirector de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

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