sábado , 19 enero 2019

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El incipiente plan de corto plazo frente a los grandes desafíos próximos

Julio Piekarz

Es Economista (UBA y Cambridge). Fue gerente general del Banco Central. Profesor de Teoría Monetaria (Universidades de Buenos Aires, Di Tella, Católica Argentina y Argentina de la Empresa).
enero 4, 2019 7:33 am by: A+ / A-

LA NACIÓN – Luego de un primer Acuerdo demasiado optimista, insuficiente, de diseño ambiguo de políticas  y rápidamente incumplido, el FMI accedió a ampliar y acelerar su apoyo, cubriendo las necesidades financieras de 2019 a cambio de un paquete de políticas fiscal, monetaria y cambiaria que dotó al país de un plan de estabilización de corto plazo, del que carecía. Argentina atravesó cinco meses de  intensa desestabilización huérfana de reacción y de políticas.

Los dos meses pasados sugieren que el Gobierno decidió cumplir las metas, y hay resultados modestos. En el frente fiscal se contendrá este año el déficit primario en 2.7 % del PIB, y se logró aprobar en el Congreso un Presupuesto 2019 con equilibrio primario. Pero en 2018 el Tesoro tuvo ingresos extraordinarios por intereses de sus plazos fijos en el BNA, que no se repetirán. La calidad del ajuste para 2019 es baja –lo reconoce el FMI-. Dos terceras partes recaen sobre el sector privado y la inversión pública.  El tercio que es por menor gasto se basa en licuación inflacionaria, y es reversible. Se computan contablemente ingresos por amortización del FGS de Anses. No hay una reducción sostenible del gasto del Estado.inflación y tasas de interés

Por otra parte, se mantiene el déficit creciente por intereses. Entre 2019 y años siguientes, la mitad de los Dls. 56.3 MM del FMI son aumento de deuda para pagar intereses, ya que la proyección del FMI es de un superávit primario promedio de solo 1.1 % PIB hasta 2023, que además es insuficiente para hacer sustentable la deuda. Escaló a 81.2 % del PIB en 2018. El FMI estima que bajaría a 59.3 % en 2023, pero con supuestos de crecimiento superiores a los históricos y una fuerte pero improbable apreciación del peso.

El FMI cubrirá el financiamiento para 2019, pero desde 2020 el escenario es incierto. Las necesidades del Tesoro alcanzan en promedio a 12.4 % del PIB hasta 2023, y el único alivio sería que el FMI acepte el rollover de los desembolsos que vencen desde 2021. Pero hará falta más, superávit fiscal total de al menos 2 % del PIB y que vuelvan los mercados, que por ahora se mantienen alejados. Las colocaciones locales de deuda no cobran fuerza, la renovación de Letes con dólares es baja, y su suscripción con pesos es casi equivalente a una intervención cambiaria.

El  Banco Central lleva dos meses de sobrecumplimiento de la meta de política monetaria –no crear dinero en términos netos- y también sobrecumplirá diciembre. Acomodó razonablemente dos etapas más del desarme de Lebac en poder de no bancos, logró que las expectativas de inflación a 12 meses, aunque aun altas, bajaran dos meses seguidos, y el mercado redujo la tasa de Leliq ya 14 puntos porcentuales desde el inicio del programa. Aunque el descenso también refleja la debilidad de la demanda de crédito del sector privado.

Como el  Tesoro, el Banco Central es rehén de su propia deuda, por Leliq. De sus intereses, elevados, que generan aumentos de base monetaria que debe absorber con más Leliq. Y del stock, parte del cual representa altos encajes bancarios. Cancelar esa deuda requiere que aumente la demanda real de dinero o que el Tesoro acelere el repago de sus deudas con el Banco Central, quedando  a la cola de la compra de reservas y de las necesidades financieras del Tesoro. De modo que no será rápido.

También mostró resultados el nuevo esquema de flotación. Se derrumbó la volatilidad del tipo de cambio, que se mantuvo dentro de  la zona de no intervención, y permitió  mejorar el balance cambiario, tanto por el  saldo comercial como por una menor demanda de dólares para atesoramiento. Se estima que el déficit de cuenta corriente caerá a 1.6 % del PIB desde 4.6 % promedio en 2017-18.

Este plan rudimentario de corto plazo, con resultados incipientes y modestos, requiere profundización y férrea continuidad para su éxito, sobre todo porque tendrá un 2019 local desafiante, más allá de las alternativas  internacionales. Falta el impacto en precios de la reapertura de paritarias por la inflación pasada. La incertidumbre electoral reducirá y acortará la oferta de fondos al Tesoro.  Es previsible una corriente de dolarización de portafolios al vaivén de las encuestas. Y distintos sectores del oficialismo querrán inducir una mayor baja de tasas para reactivar y otros querrán atrasar el dólar. Pero está claro que en 2019 la baja de tasas no podrá ser rápida.

Lo que ha comenzado es solo un paquete de estabilización de corto plazo.Pero la inversión sigue débil y no hay un programa para transformar la economía y eliminar vulnerabilidades que impiden crecer.En los cuatro años que terminan en 2019 el mundo habrá crecido 15.2 %, y los países emergentes y en desarrollo 19.8 %, en tanto que Argentina acumulará una caída de 3.5 % del PIB.

Argentina siempre agota el financiamiento disponible, pero nunca lo usa para fortalecer la economía. Si desde 2016 se hubiera reducido el déficit 1.5 % del PIB cada año (gradualismo serio),  la deuda habría aumentado Dls. 80 MM menos, en 2018 habría déficit 0 total, y en 2019 casi 2 % del PIB de superávit total. Las necesidades del Tesoro  habrían sido Dls. 34 MM menores, se habría empezado a quebrar la vulnerabilidad de la deuda, la vuelta de los mercados sería más rápida y gran parte de los recursos del FMI podrían haber permanecido preventivos, como seguro para un período de transformación económíca. Y, muy importante, no estaríamos penando por el regreso del populismo.

Si Cambiemos o el peronismo federal no K ganara al ballotage, ninguno tendría mayorías en el Congreso. Argentina se beneficiaría de un pacto de fundamentals entre ambos, que elimine las vulnerabilidades que impiden crecer. Post G20, el Presidente dijo que  trató de convencer al mundo que “los argentinos cambiamos, la dirección es la correcta, tenemos recaídas, pero seguiremos adelante”. Ojalá los hechos permitan decir eso cada vez con más fundamento.

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