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Tiempo de balances: ¿se podrá renovar la confianza en 2019?

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Presidente del Club de la Libertad de Corrientes.
enero 1, 2019 7:43 am by: A+ / A-

Es tiempo de balances y también de proyecciones 

Culmina un año difícil con grandes interrogantes. Mucho se puede analizar sobre lo acontecido durante esta etapa que ya casi se apaga. El futuro propone muchas preguntas sin respuestas concretas. Esa incertidumbre es el mejor resumen de todo lo ocurrido hasta aquí. Fueron muy pocos los que lograron anticiparse con certeza a los tropiezos. El «establishment», aunque pretenda negarlo y ocultarlo, no logró nunca ver lo que se venía y todos sus intrincados presagios quedaron en la nada. Análisis político argentina

Solo un grupo de «plateístas» reclamaban cambios estructurales que jamás llegaron. Mientras el gobierno aplaudía efusivamente sus propias políticas y se ufanaba de su estrategia gradualista, la crisis solo se fue profundizando. A quienes advirtieron lo que sucedería se los criticó con dureza acusándolos de escépticos y se los responsabilizó de promover un ajuste despiadado que traería pobreza y consecuencias no solo económicas sino también políticas.

Desde la oposición, los mismos que construyeron los pilares de esta hecatombe, sin argumentos serios y mezclando sus deseos con la realidad, se ilusionaron con estos inconvenientes solo para capitalizarlos. Lo cierto es que mas allá de las habituales especulaciones, de los intereses partidarios y de los discursos vacíos, la caída es inocultable. Aquello que se quiso evitar terminó ocurriendo del peor modo y casi nadie pudo preverlo.

Hoy, con el diario del lunes y el 2018 casi terminado, con indicadores que hablan por si mismos y con las expectativas deterioradas, negar lo ocurrido disfrazándolo con nuevos diagnósticos sería subestimar a la gente. 

Ahora solo resta concluir que ha sido un ciclo malo, terrible, tremendo, y no corresponde entonces recurrir, a los ya clásicos atenuantes que apelan a buscar responsables en la globalización y en otras situaciones exógenas. No hay justificaciones aceptables para este estrepitoso fracaso. El mundo ha evolucionado y si bien el ritmo de crecimiento se desacelera, los países vecinos siguen avanzado y eso deja a Argentina en absoluta evidencia.

La ciudadanía sufrió los efectos de tanta inoperancia. Lo han padecido, mas aun, los sectores mas vulnerables, esos a los que el mas perverso de los impuestos, la inflación, les ha destruido el poder de compra de sus ingresos. Nadie sabe a ciencia cierta si lo que viene será mejor, igual o peor. Los pronósticos han fallado y por lo tanto es difícil creerles a aquellos que antes no predijeron la tormenta. Habrá que esperar que se aclare el panorama y que las turbulencias desaparezcan totalmente para ser mas optimistas.

En ese contexto arranca pronto un nuevo período. Es natural que las esperanzas se asomen y que los anhelos se renueven, pero nadie tiene elementos muy contundentes para avizorar un futuro demasiado saludable. No se han hecho los imprescindibles deberes, por lo que no seria razonable suponer que por arte de magia los planetas logren alinearse y que el porvenir sea excepcionalmente bueno solo porque eso es deseable. Como si fueran pocas las dificultades reales, se agrega a este desmadre la tradicional ensalada electoral de un 2019 intenso, diverso y complejo.

Múltiples turnos electorales poblarán un cronograma de comicios confuso que culminará con esa elección presidencial tan determinante para el país. 

La economía tendrá que sortear escollos a lo largo de los meses convirtiéndose en el termómetro de la política. Los sueños se dilatarán hasta ese hito central que definirá como sigue esta convulsionada novela. Un escenario poco amigable, repleto de vacilaciones, de dudas sistemáticas y de eternas inquietudes con veredictos difusos. Este cuadro hostil será un impedimento para ese ansiado despegue que se necesita a gritos. Los ciudadanos tendrán la última palabra.

Su condescendencia extrema, su escasa memoria y esa ingenuidad que inunda el clima de campaña pueden jugarle una nueva mala pasada, agudizando los problemas existentes.

La maldita grieta, la pérfida polarización y la incapacidad crónica de una clase política decadente no ayudan para nada y son ingredientes letales en este combo avalado por una sociedad civil inercialmente débil.

Se aprende, pero muy despacio, en cámara lenta y siempre en base a los sucesivos traspiés. Otras naciones salieron de sus laberintos rápidamente y evitaron esta patología de repetirse en el error hasta el infinito.

Mientras la economía no encuentra su esperado valle y continúa en este cruento tobogán, la política no ha sido capaz de generar variantes inteligentes, ni que las vertientes existentes hagan su vital autocrítica. Justamente porque se entendió que esta democracia no tiene soluciones implícitas, pero por ahora es el menos imperfecto de los sistemas, la comunidad aguardará los plazos del sistema para hacer los recambios. Eso trae consigo la tranquilidad de saber que se respeta la institucionalidad, pero al mismo tiempo propone un largo año plagado de nerviosismo y que ofrece solo algo de optimismo para cuando ese arduo proceso finalice.

Habrá que armarse de una enorme paciencia, sabiendo que el rumbo seguirá siendo ambiguo y que solo luego del desenlace electoral se podrá vislumbrar un horizonte que planteará muchos mas esfuerzos sabiendo que la tarea pendiente es colosal y que el tamaño del desafío bien lo vale.

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