domingo , 18 noviembre 2018

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Argentina no resiste otro despilfarro gradualista

Julio Piekarz

Es Economista (UBA y Cambridge). Fue gerente general del Banco Central. Profesor de Teoría Monetaria (Universidades de Buenos Aires, Di Tella, Católica Argentina y Argentina de la Empresa).
octubre 18, 2018 8:00 am by: A+ / A-

Luego de un primer apoyo que no logró recuperar la confianza de los mercados, el nuevo acuerdo con el FMI aumenta su asistencia a US$57.100 millones y adelanta a 2018 y 2019 desembolsos por US$18.700 millones, a cambio de un conjunto de políticas fiscal, monetaria y cambiaria más exigente. El Tesoro tiene una nueva meta de déficit primario, cero en 2019. El Banco Central abandona el esquema de metas de inflación, pasa a controlar agregados monetarios y se compromete a no crear dinero hasta junio de 2019. Y el tipo de cambio flotará sin ninguna intervención dentro de una banda, inicialmente de $ 34-44 por dólar, ajustable 3 % mensual hasta diciembre, y a un ritmo aún no confirmado desde entonces.

Los tres programas tienen desafíos, atenuantes y limitaciones. El Tesoro debió bajar nuevamente el déficit primario para 2019, de 1,3% del PBI a cero, pero 85% vía retenciones a la exportación, fuente imprescindible de divisas. Aun así, se mantiene un déficit de 3,2% por los intereses, y la deuda seguirá subiendo. Los intereses y los vencimientos serán financiados por el FMI hasta 2019, dando más plazo para que vuelvan los mercados. Los desembolsos para 2020 son insuficientes y se tendrá que colocar deuda, que el escaso mercado local, exigido además por el financiamiento al Central, no puede absorber.

a partir de 2021 empezará el repago al FMI, que deberán cubrir los mercados, junto con cualquier déficit remanente. No se conoce aún si el nuevo acuerdo prevé extensión en los plazos de repago al FMI.

El compromiso de que la base monetaria no crezca hasta junio responde a que la demanda de dinero está destruida por la inflación y la devaluación. Pero requiere absorber la expansión inercial por el desarme de las Lebac en no bancos ($300.000 millones), las remanentes en bancos ($40.000 millones) y los intereses de la deuda del Central (unos $400.000 millones). Ello se hará con el nuevo instrumento de política monetaria, las Leliq, solo para bancos, cuya tasa superó 70% anual en la primera semana. Hasta junio la deuda del Central aumentará no menos de $300.000 millones, recayendo una vez más los desequilibrios fiscales y cuasifiscales sobre el raquítico mercado local, que deberá limitar severamente el crédito a los privados, incluso para refinanciar sus intereses. En junio de 2019 el total de Leliq alcanzará al menos a $1.100 .000 millones, o 80% de la base monetaria. Como ilustración, liberar esa deuda en el futuro con estabilidad de precios requiere que la demanda real de dinero crezca en una magnitud parecida, o que el PBI crezca al 3% durante más de 20 años, sin contar la generación de más intereses en la transición.

La flotación del tipo de cambio debe permitirle buscar su nivel de equilibrio. Un valor elevado mejora el balance externo, pero la liquidación de exportaciones y la demanda de atesoramiento dependen de la expectativa de nuevos aumentos del dólar. El rol de las bandas cambiarias, junto con la capacidad que se reservó el Central de intervenir en futuros y el balance excedente de divisas de Hacienda, es acotar esas expectativas. Pero hasta donde se puede, porque la elevada inflación exige que la banda sea móvil y, además, el Central no tiene reservas suficientes. El FMI ha dejado en claro que su apoyo es para déficit y deuda, y no para dolarizar ahorros.

El programa tiene fuertes desafíos. Su probabilidad de éxito en el corto plazo requiere una recuperación acelerada de la credibilidad, y para ello el Gobierno debe cumplirlo contra todas las dificultades. Es difícil que la situación financiera global ayude. Y las elecciones de Brasil pueden obligar al Presidente a compartir parte de su apoyo internacional con quien se perfila como ganador. Será necesario no postergar más decisiones drásticas sobre el gasto público. Puede dificultar que el oficialismo sea reelegido. Pero la peor situación sería que logrando la reelección, se reinicie un nuevo gradualismo. Las palabras del ministro Dujovne no han sido felices: “Hacen falta cuatro años para consolidar este programa”. Argentina no resiste otro despilfarro gradualista.

Publicado en Clarín.-

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