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Hacer o no hacer, esa es la cuestión

Administrador LyP

Colaborador de Libertad y Progreso
marzo 30, 2018 2:14 pm by: A+ / A-

Por José Luis Jerez*

En cuestiones políticas, siempre parece imponerse un platonismo tan infantil como insensato. ¿Qué quiero decir con esto? Que se impone la creencia de que un mundo perfecto, único, inmutable, ideal, es una opción posible. ¿Qué abandona el idealista utópico al creer en estas cosas? La realidad misma, con todo su abanico  de posibilidades reales.

Pongamos un ejemplo bien sencillo. Entre el paraíso y la manzana: ¿qué elige usted? Si usted es realista –que dicho sea de paso es el único que puede transformar la realidad–, elegirá sin duda la manzana. Sabe que el paraíso es una ficción, y por tanto, un ensueño, una quimera, lo mismo que el “mundo de las ideas” de Platón. En cambio, el idealista, el utopista, elegirá el paraíso y de allí no se moverá un céntimo. Y, usted podrá hacer lo suyo: intentar que entre en razón. Puede hacerlo, incluso, con argumentos sólidos y contrastaciones empíricas. Puede demostrar que la manzana es una opción real. Que con ella puede hacer mucho más, obviamente si trabaja y se empeña en el asunto. Que no sucederá lo mismo si elige el paraíso. De este solo puede extraer palabras, palabras, y más palabras, pero nunca realidades. Por otro lado, nadie podrá otorgarle lo prometido (el paraíso), sencillamente porque no existe –al menos como una opción dentro de este mundo y esta vida. Pero, ¿qué hará el idealista frente a tanta realidad de su parte? Lo rechazará de raíz, y le dirá que usted es un conformista, un manso que adopta, fuera de toda lucha, lo que “los de arriba” le autorizan. Le dirá a usted (y a cuantos pueda), que hay que hacer lo que usted no hace… ¡él irá por el paraíso! Lo absurdo es que de alcanzar, el tierno utopista, su objetivo ideal, será pues cuando ya no pueda contarnos qué tal.

¿Cómo sigue la cosa? Usted continuará haciendo (hacer no es hablar simplemente). Usted continuará eligiendo (elegir no es desear simplemente). Usted, como buen realista, elegirá entre lo que hay. Su compañero idealista, en cambio, ha quedado en suspenso, en un inmenso “entre paréntesis”, a la espera y demanda –demanda de lo imposible no es más que espera y poltronería– del paraíso prometido. Este muchacho seguirá, pues, rechazando lo que hay, al tiempo que evadiendo toda situación que lo llame al compromiso de acción y elección.

Y usted, arriesgará. Una y otra vez arriesgará. Porque elegir es arriesgar. Sabe bien que al decidir por una opción deberá abandonar otras tantas. Pero sabe también –como buen realista, como aquel que tiene los pies sobre la tierra– que el paraíso no es una opción entre otras, sino un cielo inabordable, un juego lingüístico, bullshit, ñañaña…

Así, usted con su decisión procurará pasar de una situación menos satisfactoria a otra de mayor satisfacción. ¡De eso se trata la acción y la elección! Pero sepa… ¡sépalo bien!, que el idealista utópico no se quedará tranquilo con su hacer, con su elección y con su efectiva acción. El pretenderá que usted, al igual que él, aguarde el colectivo que lo lleve al paraíso. Aguarde… y aguarde… y aguarde… tanto como lo hace él. Dos, tres añitos… el tiempo no es problema para el idealista si “la causa” (el paraíso prometido) sigue presente en su ideario.

Para él, usted ha renunciado a creer. Pero usted sabe que la acción no es cuestión de fe.

Para él, usted será un resignado por abandonar la opción ideal, “la mejor entre todas”. Pero usted sabe que renunciar a una alternativa ideal no es renunciar.

Y una pregunta es obligada: ¿usted puede errar o equivocarse en su elección? Seguramente. Se equivoca quien hace. Y sépalo también… (y esto es lo más triste), habrá un colectivo de idealistas a la espera de su yerro. Parte de la “victoria” de estos –una victoria bien entrecomillada– se alimentan de atacar a los que sí eligieron, a los emprendedores, a los creativos, a los libres, a los que hacen. Y, sabido es que ellos jamás podrán errar. No se equivoca quien no elige. No se equivoca quien no decide. No se equivoca quien, a fin de cuentas, jamás actúa.

Pero no entre en duda. Lo plausible está en usted (no en el otro). Usted ha decidido, se ha arriesgado saliendo de usted (de su mundo intra-psíquico). Su acción podrá beneficiarlo tanto como beneficiará a otros. Usted está haciendo el mundo, o parte de él. Contrariamente, el idealista que espera el paraíso, jamás arriesgaría salir de sí, de su propio psiquismo. Dentro de su sistema de ideas él construirá el mejor de los mundos posibles, pero solo dentro de sí y en un aislamiento progresivo. Mientras tanto, usted seguirá trabajando, progresando para usted y los demás. Seguirá decidiendo entre lo posible, arriesgando para mejorar. Y sépalo bien, solo en este continuo hacer, lo imposible (hoy ideal) será posible (mañana real). Pero esto no es un logro que se alcance esperando, en resistencia y rechazo al que sí hace. Solo se alcanza eligiendo, arriesgando, en fin, haciendo y creando.

*El autor es profesor y licenciado en Filosofía; profesor en la Universidad de Flores (UFLO); e investigador de las universidades Nacional Autónoma de México (IIF-UNAM) y de la Universidad de Torino.

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