Miércoles , 26 julio 2017

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La flotación libre es la incertidumbre ante la ausencia de reglas claras

Consejo Académico, Libertad y Progreso
mayo 16, 2017 7:01 am by: A+ / A-

EL ECONOMISTA – Milton Friedman, mi profesor en la Universidad de Chicago, y Premio Nobel de Economía, fue quizás el más vigoroso propulsor de la potencia de la política monetaria y libre flotación. Y una de las mentes más brillantes del planeta. Vislumbraba la flotación libre como un instrumento necesario para una economía más libre de entorpecimientos del Estado.

Proponía las ventajas de una sociedad libre de intervenciones innecesarias de los funcionarios del estado. En esa visión, la flotación era preferible a la fijación del tipo de cambio por las autoridades. Repasemos, EE.UU. es la principal economía del planeta, los precios se determinan libremente en el sector privado, el Estado no interviene o lo hace mínimamente en los mercados de bienes y servicios. Y la Fed no compra ni vende divisas extranjeras ni sale al mercado financiero de forma aleatoria, incierta. La colocación de bonos públicos para financiar el Gobierno la hace la Tesorería. La Fed compra o vende bonos públicos solamente con objetivo monetario, programada con mucha anticipación. El sistema financiero es gigantesco y complejísimo, dominado por instituciones privadas. Tras una larga experiencia y estudios profundos, los bancos centrales y la profesión de economistas de las naciones avanzadas reconocen que las tasas de interés no son eficaces para un control fino de la inflación en plazos cortos, de menos de dos años.

En Argentina, la “flotación” la lleva a cabo BCRA, el peso pesado que domina un sistema financiero pequeño. El financiamiento al Estado y las principales decisiones en el endeudamiento externo del país son efectuados por funcionarios del estado. En la novela “1984” de George Orwell, el Gran Hermano había desarrollado un lenguaje para domesticar a la gente, con significados distintos de los previamente aceptados. También en la Argentina el lenguaje suele tener acepciones confusas. Entre fines de 2011 y de 2015, el BCRA informaba el “tipo de cambio único y libre”. No obstante el cepo cambiario, vigente en esos años.

En 2017, las autoridades informan un tipo de cambio libremente flotante. A pesar de que BCRA interviene diariamente, modificando regulaciones, operando continuamente en el mercado financiero, quitando o elevando la liquidez, esto es alterando la demanda y oferta en el mercado del dólar contra peso. Los bancos oficiales venden o compran dólares. Y también el Tesoro coloca deuda, en dólares y en pesos. El Estado interviene en grandes sectores de la sociedad. Muy lejos de la visión de Milton Friedman.

En estos tiempos, el “tipo de cambio libremente flotante” es empleado para deprimir artificialmente el valor del dólar con la ilusión de atenuar la inflación en pesos y sin advertir el freno a la economía real, la restricción a los ingresos y la inflación en dólares (atraso cambiario) más elevada del mundo. Lo peor es que agrava el principal mal de nuestra Argentina: corrupción por la falta de reglas. Los partidarios de esta ficción de flotación libre sostienen que los tipos de cambio fijos, como la convertibilidad, siempre terminaron mal. Pregunto: ¿qué funcionó bien, sin contención fiscal? La convertibilidad duró más de 10 años y tuvo el apoyo entusiasta del electorado por la eliminación de la inflación y el consiguiente impulso a las actividades creativas. El Plan Austral también logró estabilizar y mejorar la economía, durante menos tiempo. Claramente, tener reglas sostenibles siempre fue beneficioso. Las naciones avanzadas se diferencian de las emergentes por la estabilidad de sus reglas. La pobreza es ausencia de normas sustentables. Los “flotadores” se vanaglorian de conseguir incertidumbre “cambiaria”.

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