Miércoles , 28 junio 2017

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Atraso cambiario: cuando rebalsa la bañera

Colaborador de Libertad y Progreso
marzo 16, 2017 7:19 am by: A+ / A-

Por el Dr. Osvaldo Schenone, Consejero de Libertad y Progreso

ÁMBITO FINANCIERO – Rebalsa la bañadera, se inunda el baño y el dormitorio. El agua comienza a bajar por la escalera e inundará el living y el comedor en la planta baja.

El dueño de casa identifica los principales grifos que hicieron rebalsar la bañadera: La inundación de dólares proviene de la soja y, en general, del campo, también del blanqueo y del endeudamiento para financiar los déficits de las provincias y del gobierno central.

Cuando la inundación llegue al  living y el comedor, comenzarán a resentirse las exportaciones regionales y las no-tradicionales. Después el daño alcanzará también a las exportaciones ganaderas y de granos. El daño llegará a los cimientos.

El daño será difícil de revertir porque la inundación se lleva puesto al tipo de cambio real; lo aplasta, lo atropella y lo deja tirado al costado del camino.

Por eso, el dueño de casa, ingeniero de profesión, convoca a los más distinguidos plomeros.  Y ellos comienzan la tarea de reparar el problema. No es tarea sencilla, ya que es necesario levantar el piso del baño, hurgar debajo de la bañadera, picar la loza que separa el primer piso de la planta baja, dejar al descubierto todas las cañerías que entran y salen de la bañadera. Después habrá que revocar y pintar toda la casa. El panorama es desolador, pero hay que parar la inundación.

De lo contrario habrá que ir a buscar el tipo de cambio real debajo de las alfombras empapadas del living… o en el sótano, si la magnitud de la inundación lo arrastró tan abajo.

Los plomeros  le dedican tiempo y esfuerzo  a discernir la “secuencia óptima de cierre de grifos” (o sea, cuáles cerrar antes y cuáles después). También discurren sobre la conveniencia de cerrar selectivamente algunos grifos, lo que ellos denominan “poner trabas al ingreso de capitales especulativos”. Una variante de este enfoque recomienda un impuesto al ingreso de capitales, o inmovilizarlos por un lapso de tiempo para frenar los efectos disruptivos de la inundación.  Algunos consideran el procedimiento de “secado por absorción” que consistiría en que el Banco Central aplicara una aspiradora comprando los dólares que hacen rebalsar la bañadera. Esta propuesta nunca entendió la diferencia entre tipo de cambio real y nominal.

Las soluciones se multiplican en un afán por reducir los efectos destructivos de la inundación sobre el tipo de cambio real. Como es un problema de inundación aparece naturalmente el término “flotación” y algunos atribuyen el problema al tipo de cambio flotante y pregonan que esto no sucedería con tipo de cambio fijo, mientras que otros opinan que, por el contrario, el problema se debe al tipo de cambio fijo mientras que un tipo de cambio flotante hubiera impedido que la bañadera rebalsara.

Mientras estas elucubraciones poblaban las mentes de los plomeros, el agua llegó a la habitación del hijo de la familia, un jovencito de quince años de edad, estudiante con excelentes calificaciones en literatura española de la época de Lope de Vega, Góngora y Quevedo.

El joven fue directo al baño y, parándose frente a la bañadera, sentenció “tiene puesto el tapón. Sáquenlo”.

Los allí presentes, su padre, los plomeros, albañiles y un vecino que había venido a curiosear quedaron estupefactos y dijeron, casi al unísono, con el horror reflejado en sus rostros ¡“Pero eso equivale a abrir las importaciones”!

Sí, contestó tajantemente el joven y volvió a los versos de Francisco de Quevedo pensando que se referían a la verdad, de la cual él acababa de dar testimonio:

Y eres así a la espada parecida,

que matas más desnuda que vestida.

La tajante respuesta de su hijo expuso a los ojos del ingeniero el verdadero dilema: (1) Continuar con trabas y tapones a las importaciones para “mantenerles la vaca atada” a quienes medran de la existencia del tapón, o (2) sacar el tapón, lo que impide que rebalse la bañadera y caiga el tipo de cambio real dejando, así, a salvo la solidez de la casa sin necesidad de plomeros ni albañiles.

Habiendo entendido que el problema era el tapón, evaluó las medidas que darían más fluidez a la llegada y salida de dólares. Sin consultar a su hijo comprendió que la fluidez sería mayor si el gasto público (financiado con endeudamiento o con impuestos), incurrido principalmente en bienes no-comerciables internacionalmente (planes sociales y remuneración al empleo público), fuera menor y si la economía se desregulara y, así, bajara el costo país. Todo esto facilitaría las cosas, pero nada de ello exime de la necesidad urgente de sacar el tapón.

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