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Cuba hoy

Director de Políticas Públicas, Libertad y Progreso
enero 16, 2017 10:47 am by: A+ / A-

Ni la muerte de Fidel Castro ni el avance de las relaciones con los Estados Unidos parecen haber cambiado la vida diaria o las expectativas de alguna transformación del marco político institucional de Cuba. La oposición denuncia un aumento de las detenciones de carácter político y mayores restricciones en las libertades. Subsiste sin cambios el partido único, el Comunista, y no hay prensa ni medios independientes. El discurso oficial y el relato épico de la Revolución emergen por todos lados. No hay publicidad de productos ni marcas, porque no hay competencia, pero sí propaganda política oficial.

La figura de Fidel ha pasado a ser un icono cuasi religioso, junto con el Che y Camilo Cienfuegos, en ese orden de reconocimiento oficial. Pero si tuviéramos que basarnos en los sentimientos populares, claramente el Che y Camilo superan a Fidel. Sus muertes prematuras, su carísma  y su escaso desgaste en tareas de gobierno, los colocaron en el tope de ideario revolucionario. No caen sobre ellos comentarios negativos, que por lo contrario, en la intimidad y superado el miedo de la delación, surgen de la gente común sobre los hermanos Castro. Sin embargo es más difícil oír una critica a la Revolución y al sistema, sea por convencimiento o por miedo. El relato permanente en todos los estamentos educativos durante los últimos sesenta años, ha hecho su trabajo. Es difícil de evaluar el grado de adhesión de los más jóvenes, cuya sensibilidad por la falta de libertad es mayor y que sienten las carencias materiales y las dificultades de empleo.

Cuba conserva el encanto de su gente, su naturaleza y el estilo de sus viejas ciudades. La nuevas facilidades turísticas surgidas de inversiones externas asociadas al Estado, marcan un contraste con una infraestructura urbana y un equipamiento desgastado y obsoleto. Las áreas reservadas al turismo de alta gama, como las de Varadero y los Cayos, magnifican esa diferencia. El contraste pasa a ser una atracción, particularmente en el caso de los automóviles. Circulan profusamente los modelos americanos de los cincuenta. Chevrolet, Ford, Cadillac, Oldsmovile, Buick, etc. Componen alrededor de dos tercios de los autos que circulan. El resto son los Lada soviéticos y otros de importación más reciente. Estos últimos pertenecen al Estado y son aplicados a distintos servicios (taxis o turismo) o son de empresas extranjeras. Para los argentinos de cierta edad el espectáculo de tantos automóviles americanos de los cincuenta es aún más llamativo. En nuestro país en aquella época estaba restringida la importación y solo veíamos ocasionalmente estos lujosos modelos en manos de diplomáticos o en las revistas. La habilidad puesta en mantenerlos circulando habla de las habilidades mecánicas de los cubanos. No solo se los ve en las ciudades sino también en la rutas junto a carros de caballos, bicicletas y camiones que transportan personas. Sólo contrastan en ese universo los modernos ómnibus de la estatal Transtur que expresan la prioridad actualmente asignada por el gobierno al turismo internacional.

El turismo ha pasaBdo a constituirse en la más importante actividad económica y fuente de divisas. En los últimos años su crecimiento ha sido notable. Se estima que en 2016 se recibieron cuatro millones de visitantes, duplicando el numero del año anterior. La llegada de cruceros ha contribuido a este aumento, pero el mayor impacto se debe a la expansión hotelera de cadenas europeas (obligadas a asociarse con el Estado cubano) en Varadero, Cayo Coco y La Habana. Un clima agradable todo el año y buenas playas han logrado reconocimiento internacional y no debe excluirse el interés por conocer un país comunista, hoy una rareza.

Si bien la capacidad hotelera ha acompañado hasta ahora esa expansión, no ocurre lo mismo con la calidad muy decaída en los establecimientos más antiguos y con la infraestructura aeroportuaria y caminera. Quien suscribe necesitó tres horas para salir del aeropuerto de La Habana luego de su arribo. Además de los trámites de ingreso y seguridad transcurrió casi una hora para que emergieran las valijas del vuelo y demandó otra hora hallar un transporte ante la falla del que había sido contratado a través de la propia empresa aérea. Era el 2 de enero y la gran concentración y desmovilización de gente ( empleados públicos) por el festejo de los 59  años de la Revolución del día anterior había requerido los ómnibus disponibles. Pero además la llegada casi simultánea de tres vuelos hizo colapsar las capacidades del aeropuerto frente  a las evidentes limitaciones de organización y humanas de quienes trabajan para el estado por sueldos insignificantes.

Un recorrido por el interior del país permitió observar que salvo en los hoteles, la inversión en infraestructura ha sido mínima desde la Revolución, o sea desde 1959. La carretera Central es un camino de sólo seis metros de ancho, con un diseño obsoleto que atraviesa zonas urbanas y con un pavimento deteriorado. La Autopista Nacional construida en tiempos de Fulgencio Batista con el propósito de conectar La Habana con Santiago de Cuba, sólo alcanzó a terminarse en menos de la mitad de su recorrido. Desde entonces ha quedado tal cual estaba. El escaso tráfico la ha salvado de un mayor deterioro del que hoy puede observarse. El guía que acompañó nuestro  viaje al interior exponiendo todos los logros maravillosos de la Revolución, consideró esa autopista como una de las maravillas de la arquitectura moderna. De la misma forma hizo comentarios elogiosos de todo lo que se veía, aunque nuestros ojos captaran lo contrario.

La industria y la agricultura resultan insuficientes para las necesidades domésticas y ya no son fuente de divisas de exportación. La producción de azúcar bajó desde nueve millones de toneladas antes de 1959, a algo más de un millón actualmente. Gran parte de los ingenios fueron cerrados y sus equipos canibalizados para mantener en operación los subsistentes. De haber sido el primer exportador mundial de azúcar, Cuba hoy apenas abastece sus necesidades. El recorrido por el interior muestra una proporción importante de campos inexplotados y abandonados. La ganadería y la producción lechera han decaído y el consumo de carne vacuna hoy es inalcanzable para los ciudadanos cubanos. No era así unas décadas atrás. Cuba no tiene una producción pesquera relevante a pesar de ser una isla. La explicación escuchada es la de haberse impedido la actividad de barcos para evitar la huida de ciudadanos por ese medio.

Pero el rasgo más curioso y notable de la economía cubana es el sistema monetario que se ha implantado para hacer convivir una importante actividad turística, con el colectivismo en su más rancia expresión. Circulan dos monedas, ambas emitidas por el Banco Central de Cuba. Una es el Peso Nacional con el que se pagan salarios y consumen los ciudadanos del país. La otra es el Peso Convertible (CUC) de uso obligatorio por los extranjeros, ya sean turistas, ejecutivos de empresas u organismos internacionales o diplomáticos.  Un CUC que se cambia uno a uno con el Euro, equivale a 24 Pesos nacionales. El gobierno ha tratado y logrado eficazmente que haya un mínimo de vasos comunicantes entre ambos mercados. Por ejemplo, la mayor heladería de La Habana, Copelia, tiene horarios distintos para vender en Pesos nacionales y en CUCs, y sus empleados raramente confunden un extranjero con un cubano. Los precios son incomparablemente más baratos para los locales. Otro ejemplo: el peaje en la entrada de la zona turística de Varadero tiene dos carriles, uno para nacionales a 6 Pesos y otro para extranjeros a 6 CUCs. Esta diferenciación es más difícil en el interior no turístico o en barrios marginales. Quien suscribe pudo consumir  cuatro porciones de pizza por  10 Pesos (0,40 dólares) en un humilde “paladar” de zona rural. Un paladar es una casa familiar donde se sirven comidas a terceros, sin tener que asociarse con el estado. También hubiera podido subirme a un ómnibus estatal en las periferias de La Habana por solo 40 centavos de Peso nacional, equivalentes a un centavo de dólar. Pero hubiera tenido que esperar un largo rato y viajar hacinado.

La lógica económica dice de la enorme dificultad de que en un mismo país un determinado bien o servicio tenga dos precios distintos según quien lo consuma. Los funcionarios que manejan los suministros y la comercialización tendrían que ser ángeles para no obtener provecho de semejante situación. Parecería imposible sostener este sistema por mucho tiempo, aunque Cuba ha logrado lo que es insostenible en otras latitudes. La caída del Muro de Berlín en 1989 hizo desaparecer o transformar el comunismo en el casi todo el resto del mundo, pero Cuba sigue siendo una excepción junto a Corea del Norte. Paradójicamente esta excepcionalidad recoge la admiración real o actuada de izquierdistas del resto del mundo y cuenta con el apoyo de los gobiernos del eje bolivariano. Recordemos las visitas de Cristina Kirchner a Fidel Castro.

A comienzos de los sesenta cuando la Revolución se definió como marxista leninista y se adoptó el comunismo como sistema, la propiedad urbana así como la rural pasaron a ser estatales. Lo mismo ocurrió con las industrias, las empresas de servicios, los hoteles y el comercio. Quedaron excluidos de tan amplia confiscación solo los bienes de uso personal incluyendo algunos durables, como los automóviles, aunque actualmente buena parte de ellos son estatales. A quienes poseían más de una vivienda sólo se les permitió mantenerse habitando en una, y en muchos casos debieron compartirla. Pasaron a ser empleados estatales hasta quienes atendían un pequeño negocio. El gobierno manejó los precios y los sueldos en un marco de derrumbe de la eficiencia y de la productividad. Esto significó un bajísimo nivel de salarios y racionamiento. Desde entonces la gente busca todo resquicio para suplementar esos magros sueldos quitándole irregularmente algo al Estado.

El gobierno cubano asignó prioridad a la salud, la educación y el deporte. Salvo este último, donde la medición de buenos resultados fue posible en las competencias olímpicas, en los otros dos temas el único elemento de comprobación son las referencias oficiales, por ejemplo los índices de mortalidad infantil o alfabetismo. Los testimonios que he recogido hablan de buenos y suficientes médicos pero deficiente equipamiento hospitalario a excepción de algunos establecimientos reservados a pacientes extranjeros. Sobre la educación puede decirse que hay una mejora en la escolaridad y en la asistencia a la educación terciaria, sin embargo también resulta evidente la falta de oportunidades para los graduados. Pude comprobar que guías turísticos, taxistas y recepcionistas de hotel, contaban con títulos universitarios. Sin embargo prefieren esas otras ocupaciones que les permiten obtener propinas en CUCs y completar un ingreso mensual muy superior al de un sueldo profesional. En efecto un médico o un ingeniero reciben una remuneración del orden de 1.000 CUPs mensuales, o sea un equivalente a 40 dólares.  Esto no les alcanza para una sola comida en un hotel internacional y apenas para comprar los alimentos de una semana en un almacén de barrio.

Ante la obvia pregunta de como hace un trabajador para subsistir, se me contestó muy confidencialmente que siempre hay alguna forma de sacarle algo al Estado. Por ejemplo quien maneja un vehículo estatal se hace cargar una parte del combustible en un recipiente para luego venderlo por su cuenta. En otras palabras hay una corrupción muy generalizada y un gobierno que deja hacer. Este deslizamiento hacia un tipo de delito, contrasta con una baja delincuencia y con un aceptable grado de seguridad en la calle, donde los robos, asaltos y crímenes son menos frecuentes que en otros países.

Con la caída en 1989 de la Unión Soviética, que de alguna manera sostenía su débil economía y le proveía combustible, Cuba entró en crisis. En 1991 comenzó el denominado Periodo Especial, acentuándose la escasez y el racionamiento, pero permitiendo más adelante una cierta actividad privada en pequeños negocios, además de las artesanías y el transporte individual. La irrupción de Hugo Chávez en el club de países socialistas latinoamericanos vino a aliviar la crisis cubana. Le proveyó de combustible y otras ayudas, a cambio, en teoría, del envío de médicos. La caída de la economía venezolana ha interrumpido esa ayuda y ha puesto nuevamente en dificultades a Cuba. Entre otras respuestas Raúl Castro ha ampliado las áreas marginales de actividad privada. Así aparecieron los “paladares”, que se han multiplicado y algunos ya están adquiriendo dimensiones importantes.   No se puede afirmar todavía que estos sean pasos determinantes hacia una mayor privatización y libertad económica. Al menos eso es lo que creen quienes tiene una mejor percepción del pensamiento del Raúl Castro y de su circulo revolucionario.

La persecución política no parece haberse reducido. La manifestación de ideas disidentes sigue siendo castigada con detenciones arbitrarias y prisión. No hay información sobre esta situación. Las Damas de Blanco, cuyos maridos o hijos sufren la cárcel por sus ideas, son las que hacen conocer estos hechos. La propaganda oficial las muestra como un grupo que responde a intereses económicos espurios.

No es fácil dilucidar si una sociedad con tantos padecimientos y carente de libertad, puede impulsar un cambio. Han transcurrido casi sesenta años de una prédica apabullante sobre las bondades del socialismo y la lucha heroica contra el imperialismo estadounidense que solo quiere acabar con el pueblo cubano y convertirlo en una colonia. Ha surtido efecto la estrategia elemental de convencer a los gobernados de la existencia de un demonio con sus nefastas intenciones y de la defensa que les asegura el líder que los gobierna. Contra esta predica hoy hay más formas de contacto con el mundo y en el caso de Cuba están quienes se han exiliado y se comunican con sus familiares y amigos. La Internet está fuertemente controlada y les exige a los ciudadanos encontrar atajos y eludir esos controles. No se permite la conexión y solo hay cerca de 360 centros de wi fi en todo el país, en hoteles en los que para comprar una tarjeta para una hora de uso, se solicita pasaporte. Probablemente estas limitaciones no serán sostenibles en un futuro no muy lejano y al igual de lo que ocurrió con la Unión Soviética, un día nos sorprenderemos con una Cuba saliendo de su anacrónico comunismo y dando un paso definitivo hacia la democracia y la libertad.

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