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Las políticas económicas en la Argentina

Libertad y Progreso

Colaborador de Libertad y Progreso
noviembre 25, 2016 10:33 am by: A+ / A-

Por Manuel Alvarado Ledesma

La colonización hispanoamericana fue obra de una monarquía centralizada, apoyada en una potente burocracia civil, militar y religiosa, y con un alto grado de interferencia en la economía y supeditación de ésta a los intereses del Estado. La Corona y sus burocracias, apoyadas por los detentadores de monopolios o patentes reales y por los monopolios gremiales, formaban la coalición que impidió el surgimiento de los incentivos necesarios para la libre empresa, al no estar definidos los derechos de propiedad ni el respeto de los contratos. El proceso colonizador en América se desarrolló en un ambiente vacío de libertad económica, sin una adecuada integración territorial.

Escribe Bartolomé Mitre: “La colonia y la metrópoli no constituían una sustancia homogénea.  Entre una y otra no existía más vínculo de unión que la persona del monarca, armado de un poder absoluto, que excluía la idea de una patria común”

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El mercantilismo es una doctrina política que apunta al sostenimiento del Estado absoluto, a tal punto que podría llamarse capitalismo monopolístico de Estado. Generador de privilegios especiales, promueve  la creación de monopolios por merced o venta, concediendo el derecho exclusivo, otorgado por la Corona, de producir o vender ciertos productos o de operar en determinados ámbitos

Desde mediados del siglo XVI y hasta prácticamente la irrupción política de las Cortes de Cádiz de 1812, el mercantilismo domina la escena política de España y sus colonias. No es  una excepción la experiencia del Virreinato del Río de la Plata, donde impera un clima político y económico agobiante. Este es el período donde emerge el pensamiento de los próceres independistas de nuestro país.

Pero, vamos un poco más atrás, y exploremos la historia. Cuando el economista irlandés Bernardo Ward se afinca en España, alcanza diversos cargos públicos relevantes, al servicio de Fernando VI (1746-1759). En buena medida, su acción logra llevar a cabo una cierta transición desde el mercantilismo hacia el pensamiento ilustrado, basado en la libertad económica. Se trata de una transición donde la libertad emerge en el reino. Aunque con límites, provenientes de las raíces mercantilistas imperantes, ella lleva nuevos aires a la economía española. Durante el tiempo de este reinado, surgen ideas renovadoras que conviven con el mercantilismo.

Una corriente de pensamiento, que acentúa lo lógica de Ward, nace a fines del siglo XVIII. En este nuevo campo intelectual español, se destaca Melchor Gaspar de Jovellanos, a quien puede calificarse como el mejor economista de su tiempo.

El núcleo de los conocimientos de economía en los escritos de Jovellanos está integrado el principio del propio interés, el reconocimiento de los derechos de propiedad privada y la afirmación de las libertades económicas. Sus ideas se inspiran en Smith después de descubrir su famosa obra “La riqueza de las naciones”

El proceso de emancipación de las colonias hispanoamericanas se origina en tiempos muy diferentes a los de Smith.  De 1746 a 1759,  reina Fernando VI,  quien brinda impulso al comercio americano y pretende acabar con el monopolio de las Indias y eliminar las injusticias del comercio colonial. Lo sucede Carlos III, cuyo reinado se extiende de  1759 a 1788.

El  año 1788 marca un giro abrupto en la historia de España y sus colonias. El absolutismo centralizador cae como un rayo sobre el reino y sus colonias. Cuando el rey muere, termina la historia del reformismo ilustrado en España, pues el estallido casi inmediato de la Revolución Francesa provoca una reacción de terror que convierte el reinado de su sucesor Carlos IV (1788- 1808) en un periodo mucho más conservador.  Con el nuevo rey nacen tiempos oscuros. A su vez la invasión francesa conduce al reino a un ciclo de revolución y reacción y, así, se cortan las posibilidades para continuar el reformismo sereno iniciado por sus antecesores.

Durante el  reinado de Fernando VII  (1814- 1833) impera el absolutismo. Son años de represión de los elementos liberales y cierre de periódicos y universidades.  Y se consuma, prácticamente, desaparición del imperio español. La mayor parte de las colonias americanas se independizan.

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La emancipación nacional y de las demás colonias americanas se verifica, entonces, cuando  prima la monarquía absoluta. Se da en tiempos donde el mercantilismo vuelve a ser fuente del pensamiento oficial y de la acción.

A diferencia de los otros virreinatos de América,  el nuestro no tiene muchos nobles ni fuertes antagonismos de razas y los intereses están ligados al comercio más que a la extracción de minerales. El Virrey no es más que un importante funcionario colonial sin más corte que la de sus empleados.  A su vez, la civilización precolombina posee menor peso que en el resto de la América española. Gabriel Tortella explica el fenómeno en pocas palabras cuando escribe que “No tiene nada de casual que la lucha por la independencia se iniciara en la colonia donde la presencia de indígenas y castas era menos conspicuas, y donde los intereses comerciales habían adquirido gran importancia: el Virreinato del Rio de la Plata”

No extraña, entonces, que en tal ambiente hayan surgido mentes privilegiadas, pensadores y hombres de acción nutridos de ideas de libertad. La fuerza de sus ideas y la acción de estos hombres pueden ser considerados el primer quiebre con el pasado hacia la libertad económica, entre fines del siglo XVIII y comienzos del XIX.

Entre ellos se destaca Manuel Belgrano. Este ilustre argentino se inició en los principios de la ciencia económica, en la prestigiosa Universidad de Salamanca y fue nombrado miembro de su Academia de Economía Política. Vale recordar que su estancia en Salamanca sucede durante el reinado de Carlos III, cuando la ilustración era parte de España. Bajo la influencia de los trabajos de Campomanes  y merced a una licencia papal, accedió a la lectura de Montesquieu y Rousseau que le permitió abrir nuevos horizontes a su vasta cultura. A ellos debe agregarse la influencia de los locales Jovellanos y Olavide. Los profesores de Salamanca, todos ellos ortodoxos doctores católicos, en lo tocante a la propiedad privada, al precio de mercado, a la libertad de iniciativa y al papel del Estado, mantenían posturas insertas en el espíritu del capitalismo.

Poco después, de vuelta en Buenos Aires, escribe: “El comerciante debe tener libertad para comprar donde más le acomode…”. Tal afirmación constituía un escándalo. Este concepto, revolucionario, daba de bruces con el arraigado pensamiento de los comerciantes españoles que apuntaba a obtener ganancias únicamente de los negociantes de Cádiz y sostenía exactamente lo contrario.

Pese al ímpetu de libertad de los próceres, la independencia no logra per se modificar sustancialmente el camino trazado durante la colonia. Contrariamente a lo que sucede en las colonias inglesas, medio siglo antes, habían realizado tras un nuevo orden liberal, la dirigencia criolla mirando a la metrópoli mantiene la estructura político-económica de la España mercantilista. Fenómeno éste que no fue único de nuestro país, sino de Hispanoamérica en general. Nos dice Alfred Marshall: “Los países que se pusieron a la cabeza de las nuevas aventuras marítimas fueron los de la península española. Durante algún tiempo pareció que a pesar de haber estado primitivamente en la península oriental del Mediterráneo la dirección del mundo, pasando luego a la central, iba a establecerse en la occidental que pertenecía al Mediterráneo y al Atlántico. Por este tiempo el poder de la industria había llegado a ser bastante para sostener la riqueza y la civilización en un clima septentrional. Y los españoles y portugueses no pudieron sostener la suya mucho tiempo enfrente de la más sostenida energía y del más generoso espíritu del pueblo del Norte; los colonizadores de Inglaterra, Holanda y Francia pidieron y obtuvieron mucha más libertad que los de España y Portugal”

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Asistiendo a las reuniones de Belgrano, en Tucumán, Juan Bautista Alberdi tiene la oportunidad de conocer al prócer, en plena guerra de emancipación.  A muy temprana  edad, tiene el privilegio de tomar contacto con el pensamiento económico y militar belgraniano.  Años más tarde, al describir al naciente Estado de California,  Alberdi expone los prodigios de la libertad y la iniciativa privada cuando la sociedad se libera del entramado agobiante de gobiernos autocráticos y deja atrás su pasado colonial .

La historia económica argentina, en su etapa inicial, perpetúa la tradición centralizada y burocrática de su herencia hispánica. Recurramos nuevamente al ilustre tucumano. Dice Alberdi: “Tanto los gobernadores o intendentes de provincia como el virrey, de que dependían en parte, recibían del rey inmediata y directamente su nombramiento… Era extenso el poder que los gobernadores de provincia ejercían en los ramos de hacienda, policía, guerra y justicia… La revolución de Mayo de 1810, el nuevo régimen republicano, lejos de alterar, confirmó y robusteció ese antecedente más de lo que convenía a las necesidades del país.”

El gobierno de Juan Manuel de Rosas, estanciero importante, hombre de acción, de fuerte personalidad, amante y defensor acérrimo del terruño y del orden, no modificó el cuadro. El tiempo rosista puede verse como la resultante de años de caos y ausencia de autoridad que sigue la línea de acción de las décadas previas a la Revolución de Mayo. Se trata de una suerte de ofensiva a la anarquía de la década de 1820. Fue un período conservador de revalorización de las tradiciones con tendencia a oponerse a las ideas que no devinieran de la experiencia. Y así el esquema político continuó por muchos años con grandes semejanzas al de los tiempos coloniales. Al respecto, Ricardo López Göttig señala que “esta cultura autoritaria y cerrada, sin respeto por el derecho de propiedad, también se traduciría en desprecio por las más elementales libertades fundamentales, como la del pensamiento, culto, expresión y prensa”

Recién cuando se produce la unificación nacional y ya vigente la Constitución Nacional entra en  vigencia, a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, comienza a vislumbrarse un cambio y, así gradualmente, el espíritu emprendedor encuentra un marco propicio para su acción. Ello, es consecuencia de la influencia de pensadores como los de la generación del 37. Esteban Echeverría, Miguel Cané, Juan María Gutiérrez, Juan Bautista Alberdi, Vicente Fidel López. Formados en las aulas del Colegio de Ciencias Morales, en las Universidades de Córdoba y de Buenos Aires, estos hombres logran un cambio de rumbo. A Domingo F. Sarmiento se lo considera también uno de sus representantes. En gran medida, estos hombres consiguen torcer la herencia de un pasado autocrático.  “¿Qué nos importan las soluciones de la filosofía y de la política europea que no tiendan al fin que nosotros buscamos? –escribe Echeverría- (…) Apelar a la autoridad de los pensadores europeos es introducir la anarquía, la confusión, el embrollo en la solución de nuestras cuestiones”

Los del 37 surgen a la vida política en medio de una profunda crisis, con feroces enfrentamientos internos y en medio de un terrible desquicio económico. Sin embargo, logran diseñar y difundir un proyecto nacional a favor de las libertades individuales y la construcción de instituciones sólidas y permanentes. Abren las puertas para la vigencia de una Constitución de libertad y progreso. No exagera Lucía Gálvez cuando dice: “Recordemos siempre a las emblemáticas figuras de Echeverría, Alberdi y Sarmiento. Podríamos afirmar que la coincidencia en tiempo, lugar y circunstancias, de estas brillantes personalidades conocidas como generación del 37, actuó como “masa crítica” para el inicio del proceso hacia la Argentina Moderna”.

Quizás, sea Alberdi la figura más destacada de esta generación por su visión sobre el desarrollo. Al respecto, Fernando Sabsay  destaca: “No han sido pocos los estudiosos que afirmaron, con toda razón, que Juan Bautista Alberdi es uno de los próceres que en mayor medida contribuyó a consolidar los cimientos de nuestra Patria, concretándose la creación de una Argentina integrada con el mundo”.

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No es osado sostener que este grupo de pensadores constituye el primer think tank de la historia Argentina, que de hecho existió mucho antes que se acuñara el término. Precedido por una historia acosada por el autoritarismo, este es uno de los primeros grupos humanos que, a partir del nacimiento del capitalismo, dedican sus vidas a establecer una república en un entorno sin mayores antecedentes al respecto. Eran hombres abocados a crear una nación que ocupase los primeros puestos del mundo, personalidades heterogéneas pero con objetivos comunes. Aunque su grado de formalidad institucional sea menor a los que se crearon posteriormente, resulta innegable el gravitante peso que éste tuvo sobre el desarrollo argentino como, seguramente, no se viera nunca en los tiempos siguientes.

La realidad es que en la década de 1850 se detona un proceso de transformación extraordinario. Luego de sufrir guerras civiles, durante décadas, la batalla de Pavón (1861) es el puntapié que origina un proceso de sostenido desarrollo -basado en sus ventajas comparativas- que, en cincuenta años, convertiría al país en uno de los más prósperos del mundo.

Extraído del libro “Por qué despreciamos el agro”, Editorial El Ateneo” (2008), de Manuel Alvarado Ledesma.

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