sábado , 19 enero 2019

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La importancia de combatir la inflación

Colaborador de Libertad y Progreso
marzo 1, 2016 9:44 am by: A+ / A-

Por Juan Manuel Morales. Fundación Progreso y Libertad (Neuquén).

Sin lugar a dudas, una de las condiciones necesarias para empezar a salir del pozo en el que nos ha metido nuestro anterior gobierno es la reducción de la inflación. Normalmente escuchamos que este fenómeno afecta al poder adquisitivo de los trabajadores disminuyendo  la calidad de vida y aumentando la pobreza. Sin embargo, hay otros efectos igualmente graves que valen la pena ser entendidos si queremos comprender porque las políticas inflacionarias conducen siempre al  sendero del subdesarrollo.

Para comprender uno de los devastadores efectos de la inflación en el largo plazo debemos entender qué es y cómo funciona el mercado. El mercado es  un proceso de cooperación social el cual, a través de las señales que emiten los precios, permite asignar de forma eficiente los recursos escasos de acuerdo a los fines diversos que tengan los individuos.  Como definimos, en este proceso los precios tienen una importancia vital, dado que logran sintetizar información proveniente de millones de personas. Comparando precios de bienes y factores productivos, un empresario puede darse cuenta en la fabricación de que productos le es más conveniente orientar sus medios productivos y en que cantidades, deduciendo cuales son los bienes valorados por la gente sin siquiera importarle hacia donde van destinados o porqué es grande la apetencia por el producto. Por ejemplo, si un emprendedor nota que el precio de los tornillos aumenta por sobre los otros precios, este empezará a analizar de producir o comercializar más tornillos sin siquiera saber si los tornillos son demandados porque hay un nuevo sistema de construcción que los requiera en cantidad, porque aumentó la producción de muebles, porqué se puso de moda colgar más cuadros en la pared o simplemente porque una gran fábrica de tornillos se quemó en China y la oferta mundial de este bien se contrajo. Lo importante es que la información implícita en los precios hizo concluir al empresario de que la demanda de tornillos aumenta más que su oferta, es aquí donde el empresario ve una oportunidad de ganancia y orienta sus esfuerzos en la producción del bien en cuestión. Los precios van a ser guías que indiquen como utilizar los factores productivos (limitados) dependiendo de las preferencias de los individuos que  conforman el mercado, o sea que su efecto es coordinador. Una economía coordinada, que aprovecha al máximo sus factores y recursos productivos es una economía próspera y en crecimiento.

Refiriéndonos a la inflación, podríamos decir que tiene un efecto principalmente descoordinador ya que altera los precios relativos (utilizamos el término “precios relativos” porque todos los precios no aumentan en la misma medida, la inflación es un fenómeno gradual y desproporcionado). Esta alteración hace que las señales que emiten los precios se vean distorsionadas, orientando a los empresarios al mal uso de los recursos, al desaprovechamiento del capital y los haga incurrir en pérdidas. Una economía cuyos empresarios sean incapaces de explotar  eficientemente los recursos y dilapiden sistemáticamente capital, se convertirá a largo plazo en una economía sin inversión, sin producción ni crecimiento, o sea en una economía pobre.

Otro problema, no menos importante, es el bajo incentivo que la inflación provoca hacia el ahorro. Sobre el ahorro decía el economista Ludwig von Mises: “es el vehículo de mejoramiento económico, que hace posible el empleo de innovaciones técnicas y aumenta la productividad y el nivel de vida”. Lejos del pensamiento de Mises se encontraba el discurso favorito de nuestro anterior gobierno que intentaba explicar como el consumo y el gasto empujaban la economía, dando sustento teórico para convertir al clientelismo político, al capitalismo de amigos y a los despilfarros descarados en las políticas de estado por excelencia, no tardando en conducir a desequilibrios fiscales asombrosos.

Es el mercado de fondos prestables el primer eslabón en el proceso de capitalización de una economía. Es en  este mercado donde la interacción entre los oferentes de ahorros y  los demandantes  de financiamiento define los tipos de interés: mientras mayor sea el nivel de ahorro disponible menor será la tasa de interés, y esta facilitará el financiamiento de proyectos de inversión que se encuentren en las etapas más alejadas al consumo y que requieran mayor cuantía de capital. Por el contrario, si el ahorro en una economía fuese escaso, la tasa de interés sería muy alta y no permitiría llevar a cabo proyectos intensivos en capital, destruyendo así la industria y empobreciendo a una economía que nada de valor podría agregar a los procesos productivos. Para darnos una idea de la situación actual de Argentina, los depósitos a plazo del sector privado en pesos y en dólares, o sea lo que podríamos denominar ahorro del sector privado, equivalen tan sólo a un 13% del PBI cuando requeriríamos por lo menos un 35% para acercarnos a un país que crece.

La inflación del pasado año en Argentina fue de entre un 25% y un 30%, para este año, según las metas inflacionarias del flamante ministro de economía serán de entre el 20% y 25%  para continuar bajando hasta alcanzar en el 2018 una inflación esperada de entre el 8% y 12%. Las estimaciones no son del todo alentadoras si tenemos en cuenta que el promedio de inflación  de los países de América del Sur (excluyendo a Argentina y Venezuela) durante el 2015 fue de un 6% aproximadamente. Sabiendo que el causante de la inflación es la emisión  de moneda que procura financiar el déficit fiscal, el claro y único remedio está en bajar el gasto público. La pregunta es si se puede bajar rápidamente este sin provocar un colapso económico y social. Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, USA contaba con un gasto público que superaba el 80% del PBI (gran parte de las actividades y mano de obra estaba orientada a cuestiones bélicas),  sin embargo en tan sólo tres años el gobierno logró reducirlo hasta alcanzar el 25% sin provocar ninguna crisis. ¿Cómo lo lograron? transfiriendo con éxito las actividades del sector público al sector privado. Para esto se requiere quitar los obstáculos y subvenciones al sector privado: flexibilizar la legislación laboral para que los factores productivos puedan moverse más libremente, abrir la economía, reducir impuestos, disminuir la burocracia estatal y respetar las instituciones, fortaleciendo así la empresa privada y generando a largo plazo las reglas de juego claras que permitan el desarrollo de una economía próspera, creciente y con pleno empleo.

 

 

 

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