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Argentina: Después de la catástrofe

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Miembro del Consejo Académico, Libertad y Progreso
febrero 26, 2016 9:36 am by: A+ / A-

Todo deberá negociarse entonces, lo que no es imposible, pero tampoco es lo ideal. Las primeras señales sugieren que ello es factible ante un peronismo que está haciendo toda suerte de implosiones.

La situación de la economía argentina es –por ahora- desoladora. Luce como un campo minado. Ocurre que durante doce continuos años la Argentina gastó sin límites ni controles, en el marco de un populismo tan grotesco como desenfrenado. Lo que se ha calificado recientemente de “desmesura distributiva”, para darle un nombre algo solemne a lo que fuera simplemente una loca sinrazón.

Y se financió al 10%, en lugar de al 3%, como lo hizo Uruguay. Esto por su absurda pelea con los llamados “holdouts”, que no aceptaron los términos impuestos arrogantemente por los gobiernos K para tratar de salir del default del 2001 en lo que no tuvo nada de negociación, sino que fue un “apriete” clásico de los K. Uno más. Por lo demás, la pobreza en la Argentina post K, hay que destacarlo, no tiene precedentes, ni por su magnitud, ni por su profundidad.

El “viento de cola” de los altos precios de las materias primas fue desperdiciado miserablemente por los K y sólo alimentó la mala praxis, el elevado consumo y la maldición de la corrupción, que se enquistó ferozmente en las estructuras de los gobiernos K. Como nunca en la historia, por los montos desviados y la enorme extensión del mal.

Como Hugo Chávez y Fidel Castro, los Kirchner procuraron disimular la realidad mediante la creación de “mitos”. Esto es, en otras palabras, de mentiras disfrazadas de verdad que fueron siempre respaldadas por un poderoso multimedio monopólico público sin precedentes en el país que golpeó -perversa e insistentemente- a la opinión pública, engañándola y confundiéndola. Mientras se demonizaba a la oposición, deshumanizándola. En el mejor estilo autoritario.

Tomemos un caso. Un ejemplo, apenas. Quizás el más conocido en el exterior. El del presunto “desendeudamiento” argentino predicado por los K. Un declamado “pilar” de una política económica pretendidamente “independiente” y “soberana”.

Al salir los K del gobierno nacional argentino la verdad es que la deuda pública del país no disminuyó, sino que subió de 191 mil millones de dólares a 251 mil millones de dólares. Un 31% más, nada menos.

La deuda con los privados y con los organismos internacionales pasó, a su vez, de 185 mil millones a 105 mil millones, pero su costo aumentó considerablemente.

Y, finalmente, la deuda con los propios organismos públicos argentinos (Banco Central, Anses, Banco nación y PAMI) pasó de 6 mil millones a unos astronómicos 146 mil millones, descapitalizando y asfixiando al Estado en todas sus manifestaciones y, peor aún, desmadrando grotescamente a la inflación, que –heredada- es del 30% anual.

Lejos de “desendeudarse”, queda visto que la verdad es que la Argentina -en tiempos de los K- se sobre-endeudó, registrando un incremento de su pasivo total, que resultó del orden de los 60 mil millones de dólares. Esta y no otra es la realidad. Más allá del relato K, siempre engañoso.

Los K no vacilaron en tratar de perpetuarse en el poder apelando a despilfarrar todos los recursos del Estado, para con ellos financiar constantemente y sin descanso su desbordada estrategia populista. Al mejor estilo “bolivariano”.

Para muestra, dicen, “basta un botón”. El precedente referido –en materia de deuda pública- es muy ilustrativo. Tanto de la audacia con la que los K despedazaron a un país (y, en particular, a su sector más dinámico, el del agro), engañándolo con lo que fuera un permanente maremoto publicitario, como de su absoluto desapego con la verdad.

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