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Más impuestos, más pobreza

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Michel Ibarra es estudiante de Abogacía y responsable de Comunicación de Libertad y Progreso.
febrero 27, 2015 12:34 pm by: A+ / A-

Impuestos

La mayoría de los progresistas defiende con uñas y dientes los impuestos altos para financiar la «inversión pública». Creen que es una herramienta esencial para reducir la pobreza.

Justamente es todo lo contrario y creo que puede entenderse con sólo un poco de sentido común económico.

El problema de los impuestos es doble. Por un lado, está la moral: aunque los impuestos sean necesarios, no está bueno sacarle a la fuerza a la gente lo que ganaron con trabajo honesto. Mientras menos se haga eso, menos indecente y grave es el robo.

Pero el otro lado, que me parece más importante, concierne a los resultados. Los impuestos altos generan todo tipo de distorsiones que dificultan el desarrollo de la gente y afectan más a los que menos tienen, no importa cuán progresivo sea tu sistema tributario.

Precisamente, para que la gente que menos tiene salga adelante, es necesario simplificar y reducir los impuestos. Explico por qué en 5 razones, aunque no son las únicas.

MÁS IMPUESTOS, MÁS COSTO DE VIDA

Muchos impuestos son desplazados a los costos de los bienes y servicios, que en gran medida pagarán las personas de menor nivel adquisitivo. Los pobres pagan IVA y decenas de impuestos indirectos que encarecen la cadena de producción y distribución. Incluso si hiciéramos exenciones del IVA a los alimentos de primera necesidad – algo que hoy no se haría por problemas de recaudación- pensemos en los muchos ejemplos de personas pobres afectadas por la carga tributaria.

Preguntémosle a alguien que vive en una villa qué parte de lo que compra en ladrillos para su casa se va en impuestos. Preguntémosle un residente del interior cuánto tiene que pagar en impuestos porque el gobierno provincial los sube cada vez más para llegar con las cuentas -porque por la coparticipación el gobierno nacional les devuelve migajas. Ejemplos como estos hay cientos.

MÁS IMPUESTOS, MENOS COMPETENCIA

Los impuestos desalientan la inversión, que es necesaria para crear nuevos negocios y multiplicar así la competencia empresaria. Se presta muy poca atención a cómo la competencia ayuda a los menos privilegiados.

Por un lado, la competencia obliga a las empresas a mejorar la calidad o bajar el precio de lo que ofrecen, abaratando los costos de vida. Hacen esto no por altruismo, sino porque no quieren que los consumidores le compren a sus rivales.

Por otro lado, la competencia crea un mercado laboral más competitivo, con más puestos de trabajo. En un contexto así, los empresarios que no quieran que el capital humano se les vaya con la competencia tienen que ofrecerles mejores salarios y/o condiciones laborales a los trabajadores.

MÁS IMPUESTOS, MÁS VENTAJAS PARA LAS GRANDES CORPORACIONES

Los impuestos, como cualquier costo artificial, afectan desproporcionalmente más a las empresas pequeñas que a las grandes corporaciones. Las compañías grandes y consolidadas pueden bancarse impuestos altos mientras las otras cierran, pasan al mercado negro o directamente no son creadas por ausencia de incentivos.

Y en esto no sólo influye cuán altos son los impuestos, sino también la complejidad del sistema tributario. El solo hecho de leer y comprender todas las normas tributarias que tiene el bizantino sistema argentino, sumado al enredo de hiper-regulación existente, ya supone un pesado costo para las PYMEs.

Las empresas consolidadas y de gran tamaño tienen más recursos y pueden contratar personal que se dedique exclusivamente a mantener sus cuentas y requerimientos tributarios en orden. También pueden contratar costoso estudios jurídicos especializados en Derecho Tributario que se ocupen de evitarles problemas y encontrarles tecnicismos para evadir a la AFIP. Estas son ventajas que las pequeñas empresas no tienen.

MÁS IMPUESTOS, MENOS FONDOS PÚBLICOS

Los impuestos demasiado altos van desplazando la economía hacia el mercado informal o «negro» -trabajos precarizados, bienes sin protección de defensa del consumidor, etc.- lo que hace que cada vez haya menos base imponible porque hay menos actividades en blanco. Eso significa menos recaudación para el Estado, generando déficit fiscal, que el Estado sólo se puede prevenir de 4 maneras:

a) aumentando más los impuestos, que es empeorar el problema,
b) haciendo ajuste fiscal,
c) endeudándose, lo cual no es más que diferir nuevos impuestos al futuro,
d) sobre-emitiendo moneda de curso forzoso, que genera inflación, destruyendo el valor de la moneda y afectando más a los que menos tienen.

En vez de eso, bajar los impuestos puede significar más recaudación para el Estado. Esto pasa porque reduce su ahogo sobre la economía y permite que surjan más actividades imponibles. Al fin y al cabo, sabemos que el 15% de mucho es más que el 50% de poco. Los progresistas que quieran mantener el financiamiento de los muchos subsidios y planes sociales que desean harían bien en entender esta realidad económica. (Pueden empezar por leer a Arthur Laffer)

MÁS IMPUESTOS, MENOS INVERSIÓN DESCENTRALIZADA

Los impuestos centralizan los fondos en una autoridad central, y eso no es bueno para el desarrollo social. El Estado puede equivocarse, y lo hace mucho, a la hora de decidir dónde invierte. No tiene incentivos para ser eficiente, y mucho de lo que recauda se malgasta en burocracia innecesaria. Es abordado por todo tipo de intereses especiales que quieren una parte del pastel, llevando a corrupción inducida, sobreprecios, etc. Cuando comete un error, afecta a todo o gran parte del sistema por estar tan concentrado.

En un sistema descentralizado, de inversión privada local, hay menos incentivos para equivocarse. No olvidemos que en el sector verdaderamente privado los errores cuestan plata propia. Además, por su mayor eficiencia, cualquier error puede ser subsanado localmente en vez de afectar a un sector enorme de la economía.

¿ESO ES TODO?

Para nada. Esas fueron sólo cinco razones de por qué los impuestos altos son una desgracia y son responsables de gran parte del atraso no sólo de la Argentina, sino de todo el Tercer Mundo.

Vale decir que los impuestos no son el único costo artificial que genera el Estado. Otros serían las regulaciones innecesarias o muy complicadas, o el riesgo generado por la inseguridad jurídica. Todas estas formas contribuyen a un mismo resultado: la destrucción de oportunidades que permitirían salir de la pobreza.

Es por eso que reducir impuestos, más que una lucha de la clase o media, debe ser ante todo una lucha de los menos privilegiados y todos aquellos que defiendan sinceramente su bienestar.

 

Ver también: «Impuestos: lo que el Gobierno no te cuenta» (2012)

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