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¿Todo pasa? Que Nisman no sea el caso.

Federico G. Rouco

Licenciado en Economía por la UCA y la University of Leeds, con Posgrado en Economía Social de la UCA, Maestrando en Políticas Públicas. Analista Económico de la Fundación Libertad y Progreso. Twitter: @FGRouco
enero 21, 2015 10:27 am by: A+ / A-

NismanRepública

Este domingo por la noche fuimos testigos de uno de los acontecimientos más importantes de la década Kirchnerista y, si me apuro, de la etapa democrática que comenzó en 1983: Murió Nisman, el fiscal que denunció hace unos días a la cúpula del gobierno y que, de no haber muerto, habría presentado, eso dijo él, las pruebas que incriminaban a éstos.

Hay varios factores que habilitan que uno dude de todo, porque ese es el principal resultado de todo esto: Ya no es posible creer en nadie ni en nada, ya no hay límites. Lo primero en generar dudas fue la presencia de Berni tiempo antes de que apareciera la jueza que iba a investigar la muerte. Entró al edificio y nadie sabe que hizo adentro. Llego 3 horas antes de que se hiciera oficial la muerte del fiscal. ¿Qué paso en esas tres horas? ¿Cómo hicieron para, tan rápido, saber que fue un suicidio? ¿Y si alguien lo indujo a eso? Preguntas que, por lo que dice la historia argentina, nunca se van a contestar.

Por otro lado, y esta es una pregunta que tampoco va a tener respuesta, ¿Porqué lo hizo (si es que lo hizo)? Sea que lo hizo porque no tenía pruebas o que lo hizo porque tenía pruebas, el dato es que un fiscal de la nación murió. Si lo primero es verdad, es decir, no tenía pruebas, hay que averiguar quién fue el de la idea de tirarse a una pileta sin agua, sabiendo lo peligroso que es eso ¿Qué rol jugó la SIDE? ¿Y los agentes removidos de la SIDE? A su vez, si tenía pruebas, es todavía más preocupante. Si este fue el caso, hay que pensar que alguien lo presionó. Es ilógico pensar que alguien que le dedicó 10 años de su vida a una causa decida suicidarse el día anterior a su exposición más importante.

Aquí es cuando hacen ruido varios hechos que hacen dudar del suicidio voluntario: Había una lista de compras que le había dejado a su empleada (confirmado por el titular de la DAIA), le dejó un escrito de más de 300 páginas al juez con pruebas (habrá que ver si sirven, o no), estuvo hablando con periodistas, políticos y el titular de la DAIA hasta el sábado y todos coinciden en que se lo notaba entusiasmado por lo que iba a hacer. De vuelta, no parecen acciones de alguien que tiene decidido suicidarse.

No nos olvidemos del maquinista Andrada, quien murió de 4 balazos en la espalda mientras le quisieron “robar el celular” pero que, casualmente, no le robaron los $1.200 que tenía en su bolsillo. Andrada era un testigo clave en la Masacre de Once. Durante su velorio, entraron a su casa y revolvieron todos los cajones. Solo se fueron cuando los encontró la familia, a la vuelta del velorio, pero no sin antes amenazarlos. Andrada murió por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Fue el maquinista que le entrego el comando del tren a su colega que, luego, chocaría en Once a una velocidad de 20 kilómetros por hora. Si, 20.

Este gobierno tiene experiencia tratando de amedrentar a los jueces: Primero Campagnoli y después Bonadio. Esta vez, Nisman se encontró con un final peor, resta saber quién fue el victimario. Ojala que se pueda llegar a conocer quién fue y qué pasó. No Todo Pasa.

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