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Islam vs. Islamismo

Michel Ibarra es estudiante de Abogacía y responsable de Comunicación de Libertad y Progreso.
enero 16, 2015 3:58 pm by: A+ / A-
BESTPIX Funerals For Police Officers Killed In Charlie Hebdo Attack In Bobigny

El ataque contra la revista satírica Charlie Hebdo en Francia perpetrado por dos extremistas musulmanes levantó una polvareda de opiniones en diarios y espacios digitales alrededor del mundo. La mayoría de ellos se enfocaron en el tema de la libertad de expresión y sus límites. Otros se enfocaron en la dimensión religiosa y étnica del asunto. Para muchos, simplemente, el ataque implica una lección contra políticas excesivamente abiertas y tolerantes hacia los musulmanes, que hacen peligrar las vidas de personas inocentes y la preservación de los valores occidentales.

Esta segunda línea de discusión me resulta tan preocupante como la de la libertad de expresión, porque revela una xenofobia latente muy peligrosa. Un prejuicio muy extendido es que la mayoría de los musulmanes son violentos o simpatizan con la violencia cometida en nombre de su religión. Este prejuicio ha sido explotado por políticos europeos anti-inmigración. En el Reino Unido, David Cameron quiere restringir la migración hacia la Unión Europea, proponiendo la deportación de aquellos que no consigan un empleo legal en 6 meses. En Francia, la ultra-derechista Marine Le Pen compara la inmigración musulmana con la ocupación nazi, y llama al restablecimiento de la pena de muerte. Incluso alguien usualmente tan razonable como el Senador estadounidense Rand Paul opinó que “quizás Francia no debería abrirle tanto la puerta a cada musulmán que quiera entrar”.

Mientras tanto, en la semana siguiente a la tragedia de Charlie Hebdo, en Fracia se reportaron más de 50 incidentes violentos contra personas y locales musulmanes.

La masacre de Charlie Hebdo fue condenada pública y masivamente en el mundo islámico. Miles de musulmanes franceses se unieron a las vigilias por las víctimas. Entre las condenas más vehementes estaban las de la Gran Mezquita de París, la Unión de Organizaciones Islámicas de Franciala Sociedad Islámica de Gran Bretaña, La universidad de al-Azhar, la institución teológica líder del mundo sunita, denunció fuertemente el carácter sacrílego del ataque. También lo repudiaron la Liga Árabe y los gobiernos de Arabia Saudita, Irán, Jordania, Baréin, Marruecos, Algeria y Qatar. Incluso las organizaciones terroristas palestinas OLP y Hamas, así como Hezbollah del Líbano, condenaron el ataque. Y en las redes sociales cientos de miles de musulmanes compartieron el hashtag #JeSuisCharlie junto al de #JeSuisAhmed, en honor a Ahmed Mebaret, el policía musulmán francés que murió enfrentado a los asesinos y secuestradores de Charlie Hebdo.

A pesar de todo eso, el clamor de exigencias a los musulmanes moderados para que condenaran la violencia no cesó, como si dichas condenas fueran escasas. Parecería que quienes exigen no tienen acceso a Google. Pareciera que sospechan que cada musulmán simpatiza con el terrorismo a no ser que lo condene abiertamente. Pareciera que cualquier crimen cometido por un musulmán es responsabilidad de todos los musulmanes sólo por compartir una religión.

Eso me llevó a escribir este artículo para distinguir al Islam violento del no violento. Y debo decir que no es fácil de escribir para mí. Como un convencido ateo y como un liberal enamorado de la modernidad, no comparto la mayor parte de las doctrinas islámicas. Incluso muchas prácticas del Islam que se considerarían “moderadas” son adversas a mis propios valores. Vale decir que puedo encontrar valores positivos en todas las religiones del mundo, pero escribir un artículo en defensa de una en particular no es algo que me sale naturalmente.

Sin embargo, detrás de cada religión hay personas que merecen ver sus derechos respetados. En cada fe hay, en su mayoría, personas imperfectas pero decentes y buenas que no merecen ser demonizadas. Por tanto, si tememos lo que desconocemos y el temor es la esencia de la xenofobia, no existe mejor forma de combatir esta última que con conocimiento. Para lograr la paz es necesario conocer al otro.

Islam no es islamismo

¿Qué es el islamismo? La Quillian Foundation, un think-tank que combate el extremismo dentro de la opinión pública musulmana, define al islamismo como “la ideología que busca imponer a la sociedad una interpretación única del Islam mediante la Ley“. Es una definición muy útil porque se enfoca en un objetivo que engloba tácticas diversas. Al-Qaeda y Hezbollah intentan lograrlo mediante el terrorismo. Los partidos de la Hermandad Musulmana buscan lograrlo participando en elecciones. En ambos casos, ya sea mediante la violencia o legislación, eso tiene consecuencias graves sobre los derechos individuales.

Al contrario de lo que se cree, los bombistas suicidas y el terrorismo musulmán en general son fenómenos bastante modernos. ¿De dónde viene? Sus raíces pueden ser encontradas en la resistencia durante las décadas coloniales del siglo XX, pero eventualmente se mezclaron con el fascismo europeo que siguió a la Primera Guerra Mundial. Las ideas de un super-estado, de un super-pueblo, de una unión global de musulmanes como la del califato único promovido por ISIS, tienen raíces en fascismo europeo moderno que se combinó con doctrinas religiosas. En ese sentido, no es muy diferente del peronismo que replicó el fascismo en Argentina, o el castrismo que replicó el leninismo en Cuba.

De hecho, entre las primeras expresiones del islamismo está el “socialismo árabe”, conocido como Baazismo, que llevó a líderes políticos como los Saddam Husseins y los Gaddafis al poder.

Aquí recalco algo: Hablo de líderes políticos, no religiosos. Prácticamente ninguna organización violenta musulmana está dirigida por catedráticos religiosos o teólogos, sino por maestros, doctores o ingenieros. Osama Bin Laden, por mucho tiempo líder de Al-Qaeda, fue un ingeniero calificado. Ayman al-Zawahiri, su actual líder, es médico. Hasan al-Banna, fundador de la Hermandad Musulmana, fue un maestro de escuela. Mohammed Badie, su actual líder, es veterinario. Abdel Aziz al-Rantisi, principal fundador de Hamas, era médico. Khalid Meshal, su actual líder, es físico de profesión. Abul ala Maududi, el fundador de Jamaat-e-Islami en el subcontinente indio, era un periodista. Sayyid Qutb, el fundador del yijadismo moderno, fue un crítico literario que llegó a EEUU en los 1950s para estudiar Literatura.

Ayatollah Khomeini Waving to Crowd in TehranUn líder extremista que sí fue teológo, el Ayatola Ruhollah Jomeini que lideró la revolución iraní, no emergió hasta los 1970s, trayendo consigo una revolución en el pensamiento religioso chiita. Hasta Jomeini, los chiitas habían sido dedicadamente seculares, sosteniendo que nadie tenía derecho a gobernar en nombre de Dios hasta que llegara el mesías en el fin de los tiempos. Hasta la Revolución Iraní, la teocracia no era algo consistente con la tradición islámica chiita. Jomeini cambió eso, influido por sus estudios en Europa y por el socialismo árabe, que a su vez tenía raíces fascistas.

Doctrinas diversas y contradictorias

A pesar de que pueden encontrarse muchas justificaciones de violencia en los textos sagrados del Islam, también son abundantes los preceptos contrarios a la violencia. En uno de los hadith sunitas, a Mahoma se lo cita diciendo”La tinta del erudito es más importante que la sangre del mártir”.

Ese pensamiento estuvo parcialmente detrás de la invención del álgebra, incluyendo las ecuaciones cúbicas y las tablas logarítmicas, así como de la transición de la alquimia a la química moderna, la preservación de textos importantísimos de la cultura grecolatina, del desarrollo de la anestesia médica moderna y de adelantar los descubrimientos de Isaac Newton en Óptica cinco siglos antes que él. Estos son algunos de los incontables legados científicos del mundo islámico durante el Medioevo y el Renacimiento.

“Los dividí en muchas tribus para que tuvieran que conocerse el uno al otro”… “Que haya entre ustedes tráfico y comercio con buena voluntad”… “Perdonen al que los ofende, únanse al que los distancie, hagan el bien a quien les haga el mal, y digan la verdad aunque sea contra ustedes mismo”… “El que mata a una persona inocente mata a toda la humanidad”.

¿Cómo es posible encontrar inequívocas frases de paz en doctrinas tan violentas? Porque las doctrinas musulmanas son como las de otras religiones: extensas, diversas y contradictorias. Ningún creyente puede seguirlas al pie de la letra y todos eligen seguir las que consideran primordiales. En esto son guiados por distintas autoridades religiosas o por sus propios valores personales.

Corán-hadiths

Al contrario de lo que se piensa, la población musulmana es una de las más diversas del mundo. No tienen un clero único. Son sunitas, son chiitas, y dentro de los chiitas hay imamíes, alauíes, zaydíes e ismailíes. Reúne a numerosos “madāhibs” o escuelas de pensamiento, y órdenes místicas sufíes. Se expande a lo largo de 14 siglos de Historia y hoy en día tiene casi 1.6 mil millones de adherentes, predominando en 18 países desde África hasta el Sudeste Asiático, con culturas muy distintas. Como los cristianos y los judíos, los musulmanes pueden ser practicantes y no practicantes. Pueden ser ortodoxos, reformistas, humanistas, seculares, extremistas, moderados, e incluso hay quienes se consideran culturalmente musulmanes pero son ateos.

Tampoco debe perderse de vista que, así como hay tantos grupos de musulmanes, cada uno es distinto en su individualidad.

Entonces, ¿cómo podríamos uniformar algo tan extenso y variado? ¿Cómo podemos seriamente tomar las acciones de ciertos gobiernos, grupos e individuos para juzgar algo tan amplio, ecléctico y contradictorio como el Islam?

Peligrosos dobles estándares

Cuando se trata del Islam, los medios abusan de la asociación entre ataques de lunáticos extremistas y sus creencias religiosas. El doble rasero es palpable, porque no hay religión en la Historia que haya sido inmune a la violencia cometida en su nombre. Para ilustrarlo no hay que ir a la época de las Cruzadas, dado que abundan ejemplos modernos.

Cuando la gente piensa en el Ku Klux Klan no suele pensar que eran (son) una organización profundamente cristiana. Cientos de bombas e incendios en clínicas de aborto y de boliches gays han sido cometidos por grupos terroristas cristianos en Nortamérica, Europa y Oceanía. Anders Breivik, el autor de la masacre de 78 personas en Noruega en el 2011, se llamaba a sí mismo “un soldado del cristianismo”.

La “Liga de Defensa Judía” cometió 15 ataques terroristas en los Estados Unidos entre 1980 y 1985. El terrorista judío Baruch Goldstein mató a quemarropa a 29 musulmanes mientras rezaban, además de herir a otros 125, en la Caverna de los Patriarcas en Hebron en 1994. Un año después, Yigal Amir mató al primer ministro israelí Yitzhak Rabin, también en nombre del judaísmo, así como los actos del terrorista Yaakov Teitel en 2009.

E incluso una religión tan conocida por su pacifismo como la budista también ha sido usada para justificar actos de extrema violencia. El budismo zen fue combinado con el Shinto y el nacionalismo japonés para justificar los pilotos kamikazes. El culto Aum Shinrikyo que realizó el ataque con gas sarín en el subte de Tokio basó muchas de sus ideas en textos budistas. Y hace varios años hay monjes budistas matando a decenas de musulmanes en Birmania, que no es más que la expresión más conocida del nacionalismo budista que también existe en Tailandia y Sri Lanka.

Sin embargo, prácticamente nadie espera que cada líder cristiano, judío o budista salga a repudiar esos actos como muesta de su falta de apoyo a los mismos, porque sabemos que no los cometen todos sus creyentes sino lunáticos aislados o demagogos con motivaciones políticas. Y si vamos más allá de la religión y miramos la violencia motivada por ideologías no religiosas, los números se disparan aún más. ¿Qué hay de la violencia marxista? ¿Qué hay de la violencia nacionalista?

El problema principal de la violencia islámica no es religioso sino socio-político. Es que ha sido usado fervientemente por gobiernos y grupos totalitarios como propaganda, mientras visiones más moderadas y pacíficas del Islam son perseguidas de las peores formas. Imaginemos lo que le hubiera pasado al judaísmo sin el éxodo, sin haberse mezclado en Occidente y haberse permeado de valores seculares y pacíficos. Imaginemos si el judaísmo hubiese sido confinado durante siglos a unos pocos países, la mayoría de ellos totalitarios y todos tercermundistas. Quizás hoy seguiría creyendo en los fragmentos más bárbaros del Antiguo Testamento. Por suerte no es el caso

Más empatía, menos juicio colectivo

Mass Unity Rallies Held Around The World Following Recent Terrorist Attacks

Hablar en contra del islamismo es una decisión que muchos musulmanes no pueden hacer a la ligera. Muchas personas que abandonan organizaciones islamistas no salen a hablar de ellas en público. La razón es que hacerlo tiene un costo social, un impacto en las relaciones que construyeron durante décadas de sus vidas, desde familiares y cónyuges hasta amistades y colegas de trabajo o negocios. Y por si esto fuera poco, además de ese ostracismo social, los musulmanes moderados reciben frecuentes amenazas de muerte, que a veces se vuelven realidad, contra ellos y contra sus seres queridos, sólo por oponerse públicamente al extremismo violento que se abandera con su religión.

Hay mucha violencia en nombre del Islam, pero la mayor parte de ella, de lejos, es dirigida contra otros musulmanes. Es dirigida contra otras sectas del Islam, contra moderados y contra apóstatas que se pretenden silenciar. Es avivada por la historia de colonialismo occidental y por las décadas recientes de invasión, ocupación y masacres en países del Medio Oriente, cometidos por gobiernos “occidentales”. Es perpetuada por gobiernos tiránicos y organizaciones terroristas que buscan sacar rédito político de ese resentimiento. De hecho, es un gran testimonio del humanismo de los musulmanes del mundo que sólo una minoría pequeña recurra a tales actos, a pesar de una combinación tan fuerte de factores radicalizantes.

No quisiera que se me malinterprete. No se debe negar la importancia ni subestimar la extensión del extremismo en el mundo musulmán. Los ideales violentos y el puritanismo ultra-ortodoxo se han esparcido en él como un virus muy contagioso. Distintos gobiernos islamistas se han abocado a esto. El gobierno de Arabia Saudita, por ejemplo, gastó aproximadamente cien mil millones de dólares durante las últimas tres décadas promoviendo el wahabismo, su secta religiosa estatal. Esta secta es la semila ideológica de los talibanes afganos, de Boko-Haram, de ISIS y de Al-Qaeda.

Con esto no quiero decir que el extremismo no es el “verdadero Islam” ni que la esencia del mismo sea pacífica. Mi puntos es que no existe “el verdadero Islam”, sino numerosas interpretaciones distintas. Al igual que otras religiones, es Islam no es lo que dicen sus textos sagrados sino lo que sus creyentes toman de ellos.

En la batalla por las conciencias de la mayoría de los musulmanes, es vital que prevalezcan los moderados, los pacíficos, los tolerantes. Pero eso requiere de una opinión pública que no los ponga en la misma bolsa con los extremistas. Requiere un mundo que reconozca su existencia y los legitime y empodere, en vez de continuar una ignorante xenofobia que degenera en violencia y agranda la división imaginaria entre los musulmanes y el resto de la sociedad. Porque de esa división y de ese resentimiento es del que se alimentan los extremistas. Pierden eso y pierden su capacidad de reclutar.

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