fbpx

viernes , 23 agosto 2019

Inicio » Destacados » El millón y medio de caras de Charlie

El millón y medio de caras de Charlie

Libertad y Progreso

Colaborador de Libertad y Progreso
enero 12, 2015 4:19 pm by: A+ / A-

??????????

Por María Eugenia Varela, joven argentina residente en Francia.

Yo no sé si para ustedes es el caso, pero desde el miércoles he comenzado a preguntarme qué quiere decir la gente cuando afirma “je suis Charlie”. ¿Quién es Charlie? ¿Todos somos Charlie? ¿París es Charlie? ¿Nosotros somos Charlie? Acaso, ¿Yo también soy Charlie? Ayer salí por las calles de Lyon, a la hora de la siesta y en plena manifestación, para tratar de encontrar una respuesta.

El 7 de enero todo el mundo puso sus ojos en París. Un atentado, un crimen, un hecho aberrante. Para decirlo en otras palabras, una nueva manifestación contra la vida humana, la anulación del otro, la violencia y el falso derecho de creernos dueños de la respiración ajena. Y resulta que de la misma muerte –y aunque parezca irónico- nació Charlie. Habían dado un golpe letal a la libertad de expresión, masacrándola en el corazón mismo de la República Francesa. Pero desde esas voces silenciadas nacieron otras miles que no pararon de hablar. La respuesta inmediata al golpe fue el grito de #jesuisCharlie. Después apareció la contracara #jenesuispasCharlie. Y finalmente llegaron las dudas. Un camino para nada cartesiano (¿Acaso no habría que empezar dudando?), pero así fue. Y al final de cuentas, un conflicto de identidad: ¿soy o no soy Charlie?

Charlie Hebdo es un semanario francés que desde hace 20 años pone de manifiesto abiertamente sus dibujos y mensajes suspicaces. Su género, la sátira periodística. Su talento, un gran equipo de diseñadores. Un semanario francés de pura cepa, y voy a decirles por qué. En primer lugar, porque particularmente pienso que la sátira es hermana gemela de la ironía. Ambas buscan la provocación, el escándalo, la piedra con la que hemos de tropezar. Quien haya estudiado alguna vez mínimamente algo de filosofía, sabe bien que la primera etapa del método socrático era justamente la ironía. A partir de allí nacerá el discernimiento, el conocimiento, la verdad. Sócrates era el tábano que “picaba” a los jóvenes atenienses, los provocaba para hacerlos reaccionar, para espabilarlos. En tanto que heredera del logos y la racionalidad griega, la ilustración francesa no fue menos condescendiente con esta acción, tal y como lo muestra el repertorio del propio Voltaire. El “Pergolini” francés, como dijera una vez un profesor en la universidad, hablando de “provocadores políticos” en una clase de filosofía moderna. De allí, la libertad y la laicidad se convertirán, sin dudas, en dos bastiones sagrados para la República. Charlie satiriza a todos, y a decir de sus propios artífices mientras tenía voz: ¿por qué no poder hacerlo también con el Islam? No en nombre de la fobia, sino en nombre de la libertad y de la humanidad. Tener una actitud “discriminatoria” con el Islam, sería justamente lo contrario: burlarse de todos, menos de él.

En segundo lugar, Charlie es francés porque la caricatura y el cómic, son un arte por demás de venerado en Francia. Quien ponga es dudas esto, puede ir un sábado a la mañana a la mediateca de la Alianza Francesa de Buenos Aires, y encontrará que el cómic (la bande dessinée) es un elemento esencial de cultura y la educación: la gran mayoría de los niños se inicia en la lectura leyendo cómics (Ásterix, Tintin, etc.). Francia tiene su propio “Festival Internacional del Cómic” en Angulema, donde año tras año se dan cita los grandes creativos del noveno arte del mundo. Y los dibujantes de Charlie Hebdo, no eran menos admirados en este círculo. No sólo perdieron un grupo de periodistas, perdieron a representantes de esta parte de la cultura.

Pues bien, este es Charlie. Y, claro está, si se trata de reivindicar el derecho a la libertad de expresión, yo también soy Charlie. Charlie es un periódico francés que juega con las reglas de juego francesas y publica en Francia. Nada de todo esto parece descabellado para los franceses, porque conocen y juegan con esas mismas reglas. Pero, ¿qué decir de la reacción bárbara de un grupo de personas que desconocen esas reglas e intentan imponer otras? Sócrates pagó el uso de la ironía con su propia vida frente al tribunal ateniense: no lo comprendieron, era peligroso, estaba pervirtiendo a la juventud, se burlaba de los dioses de la polis. Charlie, tras varias amenazas, corrió la misma suerte. La recepción y comprensión de la ironía, requiere un emisor y un receptor preparados por ello. Francia no se queja de Charlie, el islamismo extremo, no pudo soportarlo. ¿Tolerancia religiosa? ¿Abismo cultural? ¿Hermetismo ideológico? ¿Malos entendidos? Quizá todo esto operó como un “teléfono árabe”, tal y como llaman en Francia a nuestra versión del “teléfono descompuesto”.

Durante todos estos días, miles y miles de personas dijeron ser Charlie. Un millón y medio lo hicieron este domingo en París. Entre ellos, la Canciller alemana, el Primer Ministro inglés y el Presidente español. “Si Charlie pudiera levantarse y viera eso, se volvería a caer”, escuché decir a otros Charlies. Nada más lejos de los principios de Charlie que las políticas que llevan a cabo estos tres personajes. ¿Acaso Charlie puede llegar a ser la OTAN? Y, sin embargo, ellos dicen ser  Charlie. También Marine Le Pen, al paso que afirma que en Francia han de instaurar la pena de muerte. Y Charlie tiembla. Charlie es un xenófobo, probablemente, que aprovechó la movida para manifestar su hartazgo de los árabes porque le cuesta convivir con ellos; y también es un musulmán que nada tiene que ver con terroristas dementes. Charlie es defensor de la libertad de los pueblos, pero es también un invasor. Charlie predica la paz, al mismo tiempo que arroja misiles en Medio Oriente. ¿Cuántas caras tiene Charlie? Entre medio de tanto alboroto, cuesta definir con claridad su identidad. Una cosa queda clara, Charlie es la imagen de la víctima.

Y cuando ya estaba cayendo la tarde, creo que finalmente y entre tanta muchedumbre, lo encontré. Me quedo con estos mensajes recatados de las fotos: “No soy un cordero, ¿quién fabrica las armas?”,  “no al miedo, sí al espíritu crítico”. Ese es Charlie para mí: la provocación que me haga espabilar y el espíritu crítico.

El millón y medio de caras de Charlie Reviewed by on . Por María Eugenia Varela, joven argentina residente en Francia. Yo no sé si para ustedes es el caso, pero desde el miércoles he comenzado a preguntarme qué quie Por María Eugenia Varela, joven argentina residente en Francia. Yo no sé si para ustedes es el caso, pero desde el miércoles he comenzado a preguntarme qué quie Rating: 0