fbpx

jueves , 18 julio 2019

Inicio » Destacados » Sobre Terroristas, “do-gooders” y deshauciados

Sobre Terroristas, “do-gooders” y deshauciados

Francisco Ocampo

Colaborador de Libertad y Progreso
enero 9, 2015 3:29 pm by: A+ / A-

Charlie-Hebdo

Esto que diré ahora es un disparate y nunca lo haría, pero a veces tengo el mal pensamiento de entrar con una AK-47 al estudio de 678, o a la AFIP, o a la Rosada. Pensar o decir estas cosas, aunque no sean la solución real a nuestros problemas, ¿debería ser delito? Incluso si no fuera saludable como catarsis, sigue siendo un ejercicio legítimo de nuestro derecho a la libertad de pensamiento y expresión. Todos tenemos derecho a decir lo que pensamos ante quien quiera escucharnos, así sólo tengamos para exponer las ideas más atroces o absurdas. Si criminalizamos el discurso cuando es absurdo y odioso, ¿qué sería de las campañas políticas?

Bueno, por expresiones polémicas fue que le quitaron la vida a varios caricaturistas de la revista francesa Charlie Hebdo, y es una tragedia que quisiera entender mejor.

No voy a centrar mi análisis en el obvio e inútil repudio a los brutales asesinatos cometidos por esta banda de psicópatas, ni en la insensatez de los humoristas al inmolarse por unas tapas que tampoco eran tan graciosas. Este trágico final fue tan previsible como aquellas historias de Irma Jusid, ese personaje de Capusotto, en las que recomendaba a los jóvenes precaución (“cuidáte, queréte”).

La pregunta que me gustaría plantear es ¿qué llevó a estos jóvenes a cometer semejante locura? ¿Qué los hizo pasar de la “arenga de sobremesa” o cantito tribunero a efectivamente acabar con la vida de al menos 12 personas? ¿Hay algún patrón común entre estos y otros atentados terroristas? ¿Cuál es la diferencia entre mi odio y el de ellos? A fin de cuentas yo tengo más razones. A mí muchos políticos me insultan, me mienten, me roban y obstaculizan mi vida diaria y la de mis seres queridos. A estos extremistas solamente los insultaron.

Andan dando vueltas por ahí varias respuestas. Algunas apuntan a la religión en general y otras al Islam en particular. En mi opinión ambas son fácilmente refutables, ya que la enorme mayoría de las personas religiosas, musulmanas o no, no van por la vida asesinando en nombre de Dios. Más bien se dedican a predicar lo contrario.

¿Será entonces el colectivismo? Tampoco parece suficiente, aunque claramente es un agravante. Ciertamente es lo que llevó a los asesinos a sacrificar vidas inocentes para enviar un mensaje. El colectivismo es también, por cierto, lo que guía a algunos franceses no musulmanes que, furiosos por los asesinos, convocan a atacar mezquitas, en una suerte de estúpida y mal dirigida represalia, asociando personas inocentes a individuos detestables.

En Argentina se juega sin hinchada visitante, así que entendemos bien este fenómeno.

En cualquier caso, es evidente que no hay un solo factor y no es mi intención agotarlos a todos aquí. Apenas quisiera llamar la atención sobre dos más de ellos, a mi criterio, fundamentales.
El primero es el de lo que en inglés se conoce como los “do-gooders”, que yo traduciría como (torpes) bienhechores. Una ironía de Henry Thoreau lo explica mucho mejor en su obra Walden:

“No hay peor olor que el que despide la bondad corrompida. Es carroña humana y divina. Si yo supiera con toda seguridad que un hombre se dirige a mi casa con el resuelto propósito de hacerme bien, correría por mi vida” (…) “¿En qué latitudes se encuentra el pagano al que quisiéramos iluminar? ¿Quién es ese hombre brutal y desenfrenado al que quisiéramos redimir? Si algo aflige al hombre de manera que le impida desarrollar sus funciones, incluso si le dolieran los intestinos —pues ahí tiene asiento la simpatía— inmediatamente se dispone a reformar el mundo. Siendo él mismo un microcosmos, pronto descubre —y es un descubrimiento auténtico, y él quien cree poder revelarlo— que el mundo ha estado comiendo manzanas verdes; el mismo mundo se le antoja una gran manzana verde, y le espanta el horroroso riesgo de que los hijos de los hombres la mordisqueen antes de que madure. Su drástica filantropía busca inmediatamente al esquimal y al patagón y se esparce por los populosos pueblos indios y chinos”.

Lo brillante de esta crítica es, a mi entender, que se centra en el uso de la fuerza. En que por más que lo que inspire la acción sea un genuino sentimiento de benevolencia, el resultado es nefasto si se interfiere con la cooperación voluntaria. Invito al lector a pensar en el terrorista que desee, del signo político, ideológico o religioso que prefiera. Pregúntese si no hay o hubo en sus motivaciones una suerte de delirio mesiánico acerca de salvar al mundo; de imponer a los demás las propias creencias “en beneficio” de un colectivo, sea éste una secta, una nación o la humanidad toda.

En cierto sentido, podría decirse que los asesinos actuaron «de buena fe». Los fines megalómanos acaban siempre justificando los medios, y van pavimentando de buenas intenciones su camino al infierno. Allí radica una de las razones vitales para poner límites al poder, específicamente a la agresión, sea estatal o privada, procurando siempre el respeto por las minorías y su expresión más acabada que es el individuo; persuadir a través del intercambio de ideas, pero nunca admitir la coerción.

El otro aspecto subyacente que veo en este tipo de acciones criminales es mucho más difuso: me refiero al valor de la vida, o dicho de otra manera, el no tener nada que perder. Algunas escuelas de la Psicología centran la noción de salud mental en aquello de ser uno el artífice de su propia vida. En la medida en que logremos percibir al mundo de manera integrada, entendiendo que no somos absolutamente determinados por fuerzas extrañas, sino que está en la propia voluntad construir nuestro destino, estaremos más reacios a entregar nuestra existencia –o la de los demás- a una causa menor (sea ésta una burla o su venganza, un dios o una bandera).

Sobre mis fantasías violentas en momentos de frustración… pueden dormir tranquilos Gvirtz y los muchachos de La Cámpora. Tengo tengo una familia a la que amo profundamente, un trabajo que me gusta y excelentes amigos. Aún me quedan muchísimas cosas por aprender, y manejar un arma definitivamente no está en esa lista. Seguiré intentando persuadir a quien quiera escucharme de que la única forma de sacar a nuestro país de la decadencia es con libertad. Creo que muchos de los males del mundo, y sobre todo de la Argentina actual, se deben a la ingenua confianza de los ciudadanos en líderes mesiánicos dispuestos a torcer nuestros destinos hacia una ilusoria “tierra prometida”.

Sobre Terroristas, “do-gooders” y deshauciados Reviewed by on . Esto que diré ahora es un disparate y nunca lo haría, pero a veces tengo el mal pensamiento de entrar con una AK-47 al estudio de 678, o a la AFIP, o a la Rosad Esto que diré ahora es un disparate y nunca lo haría, pero a veces tengo el mal pensamiento de entrar con una AK-47 al estudio de 678, o a la AFIP, o a la Rosad Rating: 0