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jueves , 23 mayo 2019

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No entendieron nada

Por Francisco Bameule.

Llueve en Buenos Aires. Mucho. Las calles se inundan y familias enteras lo pierden todo. Hay bronca. Mucha. No importa que se diga que es la lluvia «más grande del siglo para el mes de abril». El horno en los habitantes de la ciudad no está para bollos.

Mientras tanto, el desconsolado llanto de la gente que lo perdió todo sacude las emisoras a lo largo y ancho del país. Todas las radios las recogen, sin importar su orientación política, total es tan amplia la cadena de irresponsabilidades que nadie se salva. Nadie de la clase política puede arrojar la primera piedra. Sin embargo, todos lo hacen.

inundaciones

Ni un solo político, de ningún nivel de la escala jerárquica, elegido por la gente, fue a ayudar a los inundados el día de las inundaciones. Ninguno. Ni uno se arremangó las mangas de los pantalones, se sacó los zapatos y se fue a tratar de ayudar de alguna manera. En situaciones de emergencia la gente debería dejar de ser votos, y pasar a ser personas que necesitan ayuda. Pero parece que en Argentina, nuestra clase política no puede ver más allá de los votos. Fichas. Números. La gente no importa. Porque son votos, no personas.

Cuando a los políticos no les importa la gente, es normal que esa gente se enoje. Y el objetivo de los políticos (Macri, Cristina, Scioli, Santilli…) no fue ayudar a las personas, fue buscar a los culpables, fue sacarle votos al otro. Ni siquiera fue ganar votos, porque si hubieran querido hacer eso, hubieran hecho cola para lograr la foto de turno, ayudando a los inundados, subidos al bote, metiéndose en el agua hasta la cintura. Pero no hicieron eso, simplemente buscaron destruir la credibilidad y los votos de los demás.

Se esconden en la descalificación del otro, cuando no saben qué hacer con sus propias limitaciones. Cristina dice que Inglaterra no puede ocultar sus desastres económicos con el tema de Malvinas. Ella, que desde 2005 no muestra un sólo número real porque tiene intervenido el INDEC, tiene el cinismo de decir eso.

Cinismo es una palabra más precisa de lo que pensamos. No es simplemente un sinónimo de maldad, es más que eso. Se trata de la defensa y la práctica de lo malo. No es momento de resaltar, como la política argentina de los últimos 10 años nos ha enseñado, que hay un segundo nivel de injusticia. Está aquel que roba, el asesino que mata, el corrupto que cobra coimas. Y en estos últimos 10 años, hemos descubierto que hay cínicos que los defienden. Y que incluso son capaces de mentirnos para defenderlos. Esos son los políticos argentinos del siglo XXI.

Es bastante simple: si sos político y explota una bomba, matando a cientos de personas, el primero que tiene que estar ahí sos vos. De la misma forma, el primero que tiene que estar con los inundados es el político, el líder, ayudando, de cualquier manera que sea posible, a aquellos que lo eligieron como tal. Y si ayudar no se puede, entonces es preciso estar ahí de todas formas, aunque sea para compartir su impotencia y su frustración. Pero nada de eso pasó esta vez.

«¿Por qué no te metes en política?»
Son varios los casos, evidentes, de personas de bien que se metieron en política y terminaron corrompidos. Muchos se meten en política, llenos de sueños y con un poco de omnipotencia, con el pensamiento “yo voy a poder cambiar todo”. Pero no es así. El que termina cambiando es uno. Entonces muchos se frustran y se van, mientras que otros se quedan ahí, aunque ya no son lo que quisieron ser en un principio. Y esto es así porque los políticos argentinos, incluso los que tienen las mejores intenciones, no se meten en política para servir. Se meten para ser servidos. Para que, bajo su mando, los demás trabajen y lo sirvan a uno, y de paso trabajen en pos de objetivos nobles, un país mejor. Así es en el mejor de los casos. En el peor de sus casos, se meten por una básica y hueca vocación de poder. Pero el poder sin objetivos no sirve; y el poder con objetivos nobles tampoco. El único que sirve, que realmente sirve, es el poder para servir.

¿Soluciones? Los que tienen la posibilidad, y quieren, se pueden ir. Nadie los detiene. Nadie los culpa tampoco, cuando se vive como se vive en la Argentina. Y ya son muchos los que se fueron.

La otra solución es quedarse. Y hablar, quejarse, quejarse mucho. Realmente intentar hacerse escuchar. Y hacérsela difícil a la corporación política argentina. Porque hay que tener esto bien claro: Scioli, Macri, Cristina, Moreno, Binner, Carrió… SON LO MISMO. Esta cofradía de ladrones tiene pocos límites. Esos límites son la justicia, cuando no está politizada (algo que en el siglo XXI es bastante difícil de encontrar); la prensa, cuando es libre e independiente; y los fiscales de mesa. Y digo los fiscales de mesa para referirme a algo más básico, que es la gente en la calle. Gente que se dedique a combatir los excesos de sus líderes.

No hago diferencias en la clase política porque esta vez todos hicieron lo mismo. Echaron culpas, insultaron, se desentendieron. Nadie ayudó. Cuando alguno ayude, cuando alguno se de cuenta que realmente están ahí para servir y no para servirse, cuando tengan un gesto en ese sentido, podremos dejar de generalizar.

Mientras tanto, estoy seguro del éxodo que habrá en Argentina este año cuando la lista del oficialismo gane en las elecciones legislativas y decidan reformar la Constitución. Ojalá me equivoque. Porque por ahora, claramente nadie entendió nada.

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