El sexo y el autoritarismo

Miembro del Consejo Académico, Libertad y Progreso
Publicado el 11-09-12 // Destacados, Sociedad


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CRONISTA.- La llamada primavera árabe es una expresión clara de cómo -masivamente- la gente, cuando se harta del autoritarismo, el continuismo y de la corrupción, puede desalojar pacíficamente del poder a regímenes presuntamente duros que se han enquistado en él, con pretensiones de eternidad.

Pero, cada escenario tiene sus propias características y peculiaridades, naturalmente.

Además, hay otros caminos para alcanzar el mismo objetivo. Distintos. Y, algunos de ellos, hasta bastante inusuales. Por ejemplo, un grupo activo de mujeres de Togo, encabezado por Isabelle Amengabi, realizaron una insólita semana de “veda sexual total”, respecto de sus propios maridos, amantes o compañeros, como mecanismo de presión para que así se genere alguna reacción masculina que termine con el régimen “eterno” de los Gnassingbe y su círculo íntimo, que se han apoderado del poder político.

Para los Gnassingbe no hay, ciertamente, obstáculos constitucionales, legales, ni de ningún tipo a la re-elección. El poder, creen, les pertenece. Así son las cosas en África, aunque tan sólo en algunos de sus más atrasados rincones.

Lo curioso es que, lamentablemente en nuestra América Latina han surgido imitadores de los Gnassingbe.

El actual presidente de Togo, Faure Gnassingbe, lleva ya casi diez años cómodamente instalado en el sillón presidencial. Viviendo de los demás y enriqueciéndose a costa de la postergación de su propio pueblo. Como si estuviera “clavado” o “atornillado” al poder.

Su padre, Eyadema Gnassingbe, lo había ocupado con anterioridad, por espacio de nada menos que treinta y ocho largos años, prácticamente continuados. Un ejemplo claro de régimen dominado por líderes que se creen irremplazables y providenciales. Que piensan y hacen pensar que sólo ellos pueden empuñar el timón.

Medio siglo de atraso y autoritarismo irremediables son la consecuencia, en Togo, de no respetar uno de los pilares centrales de la democracia, cual es la alternancia en el poder en la presidencia de la ex colonia alemana, primero, y francesa, después, ubicada a orillas del tórrido Golfo de Guinea.

Los Gnassingbe operan con un parlamento unicameral que está totalmente dominado por sus partidarios y con un poder judicial que les está realmente sumiso. Como es obvio, ambas cosas les aseguraron en el tiempo una gran dosis de impunidad.

La expectativa de vida al nacer de la población de Togo es un poco superior a los 51 años. Todo un drama. El ingreso anual promedio per cápita de sus ciudadanos es de apenas unos u$s 800. Esos dos dramáticos guarismos corresponden al estado y situación de su tan sólo aparente democracia. De allí las protestas femeninas.

El problema es que, en nuestra región, países con otras mediciones sociales parecen sin embargo caminar en dirección a emular a Togo. Lo que equivale a suicidarse como sociedades. Por esto quizás lo de la extraña “veda sexual” impuesta por las mujeres en Togo pudiera, de pronto, tener imitadores del otro lado del Atlántico.

Para alquilar balcones, pese a que el problema que da origen al ingenioso recurso de las activas mujeres políticas de Togo es sumamente grave. Se trata nada menos que de poder recuperar una democracia que ha sido lentamente desnaturalizada y hasta deshilachada y de aspirar a vivir con un mínimo de dignidad y auto-estima. Nada menos.

*PUBLICADO EN EL CRONISTA

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