EL CRONISTA.- En los momentos de crisis, los operadores económicos procuran afanosamente detectar cuales son las expectativas del mercado para posicionarse. En los últimos tiempos, el panorama económico de la India se ha deteriorado sensiblemente. Pero las cosas pueden haber comenzado a cambiar favorablemente para el inmenso país asiático que de pronto ha vuelto a aparecer atractivo en las pantallas de radar de los inversores. El último año la rupia india ha estado en caída libre, pese a las reiteradas acciones defensivas del Banco de la Reserva. Perdió nada menos que el 19% de su valor contra el dólar. Y sigue frágil. Esto encareció el repago de los préstamos tomados en moneda extranjera e incrementó los precios de todo lo que se importa.

La razón principal parece haber sido el visible deterioro de la salud financiera del país asiático. La cuenta corriente de la India muestra un déficit histórico (del 4% del PBI) y el gasto público -que incluye el dinero que se gasta en muy fuertes subsidios a los combustibles- no ha parado de crecer, como consecuencia de lo cual, el déficit fiscal ha crecido enormemente y es del orden del 5,8% del PBI. La deuda pública, por su parte, se estima en un 67,6% del PBI. Esos guarismos sugieren que la India no tiene espacio para adoptar paquetes de medidas fuertes de estímulo fiscal.
El Banco de la Reserva de la India ha obligado a los exportadores a cambiar sus dólares en rupias. Para hacer las cosas más negativas aún, el gobierno acaba de anunciar que estudia un impuesto retroactivo a los inversores externos. El anuncio generó una fuerte salida de capitales. No obstante, las reservas indias son del orden de unos 286 billones de dólares. Pese a todo, la India sigue creciendo al 6% anual de su PBI. El último trimestre, sin embargo, la desaceleración resultó evidente, desde que el país registró un crecimiento de apenas el 5,3%. El más lento de los últimos nueve años.
Para complicar las cosas, la sequía azota duramente al norte agrícola de la India. Esto podría impactar en los precios de los alimentos básicos y llevar la inflación (hoy del 7,6% anual) a niveles de dos dígitos.
Las buenas noticias en este caso vienen, sin embargo, del peculiar plano de la política. Ocurre que el respetado Primer Ministro, Manmohan Singh, ha recuperado el poder sobre el manejo de la economía, desde la cartera de Finanzas. Singh es recordado como el responsable del fuerte crecimiento de la India de comienzos de los 90, cuando el país saliera de una fuerte crisis de balanza de pagos. Lo que podría permitir ahora a Singh orquestar una estrategia exitosa para tratar de salir del relativo estancamiento. Así parecerían ver las cosas los empresarios locales, que han recuperado el optimismo. Apuestan a que la India, con su enorme mercado interno, es mucho menos vulnerable al deterioro de la economía mundial que la mayoría de los países orientados hacia las exportaciones. Si bien Singh no puede sacar a la India de la parálisis política que la afecta, es ciertamente capaz de devolverle el dinamismo económico que ha extraviado.













