Print Friendly

[S]antiago del Estero es una provincia argentina situada en la región del norte grande argentino, que el naturalista francés Martín de Moussy denominó “Pampasia”. Bernardo Canal Feijoo en un original ensayo titulado “Tamaño del Mapa” escrito en 1937, sostuvo que a Santiago del Estero el mapa le quedaba grande. Según el mismo autor, Santiago del Estero “viste limites sobre grandes”, es el único Estado argentino que por ningún lado tiene limites forzosos, una montaña, un río, un mar: “ha trazado sus limites sobre el horizonte, y con la misma prodigalidad con que recibe y entrega el agua de sus cauces, vuelca sus coplas y sus gentes en una larga y continuada ofrenda”.

El quichua no fue una corriente aluvional, sino consecuencia de una dominación político cultural, asentada en esta región dentro de los cánones del vasallaje incaico.

Con razón escribió Julio S. Storni: “Se convirtió a Santiago del Estero en capital gubernativa del Tucumán, continuando la sabia organización indígena precedente.

El debate en torno a la paternidad de Santiago del Estero se remonta a su propia fundación. En tiempo modernos, Alfredo Gargaro y Jesús Eudoxio de Palacio fueron, quizás, los primeros y más destacados contradictores del dictamen oficial dela Academia Nacional de Historia, que considera a Francisco de Aguirre como verdadero fundador de Santiago del Estero y el 25 de julio de 1553 como fecha de su nacimiento.  Esta discusión da un vuelco decisivo con el hallazgo de un extracto del Acta de la fundación de “el Barco” en el Archivo Nacional de Sucre, por parte del historiador Gastón Doucet.

Bajo el concepto de que, la historiografía santiagueña ha relegado a un segundo plano el extraordinario rol que tuvo la Capitanía General de Chile en todo el proceso fundacional de Santiago del Estero, y por tanto del Noroeste argentino. Acaso, el predominio de corriente revisionista en autores locales, como Orestes Di Lullo, José Néstor Achaval, Luís Alen Lascano, entre otros, haya determinado esta particular perspectiva interpretativa. Bajo el clima de ideas nacionalistas, el accionar de Aguirre y de la Capitanía General de Chile, es visto como un antecedente directo del expansionismo chileno, en un proceso de extrapolación histórica muy común en esta corriente historiográfica.

Santiago de Chile y Santiago del Estero comparten rasgos comunes y la influencia de la primera a la segunda es decisiva. Una y otra fueron, en su tiempo y espacio, el último reducto castellano en tan vasta y hostil región. De Santiago de Chile, y por orden de su fundador Pedro de Valdivia, partió Francisco de Aguirre en 1552 hacia las tierras del Tucma, nombrado gobernador dela Serena y del Barco, consecuencia directa del acto de acatamiento que Núñez del Prado había hecho a la jurisdicción de Chile dos años antes en Barco 1. El valiente y decidido conquistador arrestó a Prado, quien se había revelado, y resolvió trasladar la ciudad el 25 de julio de 1553 y bautizarla Santiago del Estero, al igual que en Chile, en honor a Santiago Apóstol patrono de España.

Dura fue la vida de los conquistadores en Santiago del Estero como lo había sido en Santiago de Chile. Los esforzados vecinos debieron luchar contra todo tipo de penurias, llegando inclusive a alimentarse con hierbas. El capitán Hernán Mejia de Miraval fue enviado a Chile en busca de socorro: volvió con semillas para hacer plantaciones y con un sacerdote, Juan Cedrón, para bautizar y casar a la gente. Es así como Santiago pudo ser la primera ciudad argentina en mantenerse y perdurar gracias al apoyo chileno, del mismo modo que la mayoría de las primeras ciudades del Noroeste argentino pudieron subsistir gracias al sustento santiagueño.

Santiago de Chile y Santiago de Estero son “Madres de ciudades” por propia supervivencia. Así como el gobernador de Chile ha fortificado la zona de la cordillera fundando la primitiva Mendoza en 1561 y San Juan de la frontera en 1562, Santiago del Estero, siguiendo el ejemplo chileno, constituye lo que Roberto Levillier llamará un “Sistema fortificado triangular” destinada a protegerse a través de distintas fundaciones. El 10 de mayo de 1565, Aguirre envió a su sobrino Diego de Villarroel para fundar San Miguel de Tucumán. Jerónimo Luís Cabrera, siguiendo las directivas de Aguirre, y desobedeciendo las del Virrey Toledo, funda el 6 de julio de 1573 “Córdoba dela Nueva Andalucía”. Desde Santiago, Hernando de Lerma funda la ciudad de Salta el 16 de abril de 1582. Santiago del Estero completa el proceso con las fundaciones de “Todos los Santos de la Nueva Rioja” el 20 de mayo de 1591, el de “San Salvador de Velazco en el Valle de Jujuy” el 19 de abril de 1593, y el “San Fernando del Valle de Catamarca” el 5 de julio de 1683.

Por este inconmensurable aporte santiagueño el Rey Felipe II extendió la provisión del 19 de febrero de 1577 concediéndole el título de Muy Noble y un escudo de armas como símbolo de su hidalguía; tres veneras de la orden de Santiago de Compostela por las ciudades desde ella fundadas, un río a sus plantas en alusión al Dulce, una Fortaleza como Signo de Valor y un Campo de Gules en señal de intrepidez. Distinciones completadas el 22 de marzo del mismo año al declararla “Ciudad y Capital del Tucumán”, primera y única prerrogativa de origen real entre las ciudades argentinas. Con sobrada razón el benemérito historiador Lozano la llamo en el siglo XVIII “Seminario de las Colonias españolas” y Levillier pudo afirmar que cuando Francisco de Aguirre funda en 1553 Santiago del Estero, inicia nuestra patria su vida política.

A comienzos de 1700, Santiago del Estero tenía acreditada su existencia sesquicentenaria. En ese lapso, su pueblo había protagonizado numerosas epopeyas.  Heredera del linaje imperial que la convierte en la única ciudad argentina del tiempo de Carlos V como lo reconoció el Dr. Manuel Lizondo Borda. Hago propias las palabras de Oreste Di Lullo: “Santiago del Estero que conoció, en el siglo XVI la supremacía por ser punto inicial y centro estratégico de la dispersión colonizadora, cedió después su lugar a ciudades más ajustadas que ella, por su situación geográfica, su clima y naturaleza, a las exigencias de la civilización. Córdoba ocupo en el siglo XVII el primer rango, y luego Buenos Aires, pero ningún otra ciudad fundada en la primera hora, puede ofrecer hoy a la gratitud argentina una probanza de meritos y servicio superior a la de esta heroica ciudad de Santiago”.

¡Enviá tu comentario!

Newsletter Semanal

¡Seguinos vía RSS! ¡Seguinos en Facebook! ¡Seguinos en Twitter! ¡Seguinos en LinkedIn!