lunes , 20 enero 2020

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Gastar más no es sinónimo de mejorar la calidad educativa

Con una inversión en educación mayor a la de muchos de sus vecinos, la Argentina obtuvo peores resultados en las evaluaciones internacionales. De 2000 a 2009, el país cayó 31 puntos en PISA

«Lo importante en el debate sobre educación no es cuánto gastamos, sino cómo gastamos. Sólo aumentar la inversión en educación no trae automáticamente mejoras», opinó Constanza Mazzina, coordinadora del proyecto de educación de la fundación Libertad y Progreso, que se present hoy en el hotel Feirs Park. «Ampliemos el debate, eso sólo no funciona», agregó Mazzina.
En su exposición Mazzina mostró cómo el aumento del gasto público en educación en la Argentina no impactó en un mayor aprendizaje. Durante los últimos años, en la Argentina el gasto público educativo aumentó significativamente. En 1990, era de 2,9% del PBI, en 2000, llegaba al 4,25% y, en 2009, alcanzó el 5,56% del PBI. Sin embargo, la calidad educativa no acompañó el incremento del gasto destinado a ese fin.
De 2000 a 2009, la Argentina perdió 31 puntos en PISA, índice del la OCDE que mide la calidad educativa a través de evaluaciones de lectura, matemática y ciencias a alumnos de 15 años. La puntuación que obtuvo el país, en la última edición de este índice fue de 396. En ese mismo período, Chile mejoró en 42 puntos, con un total de 439; Brasil avanzó 14 puntos, con un resultado final de 401 y  México mantuvo el nivel, en 420.
Sólo Brasil equiparó a la Argentina, ya que empleó el 5,10% de su PBI en educación. Lo mismo que nuestro país. Sin embargo, la Argentina obtuvo un peor desempeño.
De los cuatro ejemplos mencionados, Chile fue el país que hizo un uso más eficiente del presupuesto que destinó a la educación. En 2007, el gasto destinado a ese fin fue de 3,4% de su PBI. Dos años después, alcanzó el puesto 439 de PISA, que representó una mejoría de 42 puntos respecto de la puntuación que había tenido en 2000.
México invirtió un poco más, 4,80% de su PBI.
El resto del mundo
De todos modos, ninguno de estos países posee hoy un nivel de excelencia en materia educativa. Según los resultados del índice PISA 2009, se encuentran entre los percentiles 5 y 25. Esto quiere decir que más del 75% de los Estados relevados superan la calificación de muchos de los países de nuestra región.
Quienes más invierten en educación a nivel mundial son Nueva Zelanda y Corea del Sur, con un gasto que supera el 20% del PBI per cápita. Éstos se encuentran en percentiles superiores al 50%.  No obstante, con sumas más moderadas también se pueden alcanzar rendimientos de excelencia. Ese el caso de Australia (4,50% PBI, 519 puntos en PISA) Hong kong (3,50% PBI, 546 puntos) o Estados Unidos (5,7%, 496 puntos).
Según Constanza Mazzina, coordinadora de la propuesta de política educativa de Libertad y Progreso, “Como en todos los órdenes, quien gasta bien realiza un cálculo razonable entre sus recursos y sus objetivos”.

¿Cómo mejorar la calidad educativa?
Para mejorar la calidad educativa argentina haciendo un uso eficiente del gasto público. Se hicieron algunas recomendaciones, que vinculadas con varios aspectos: los contenidos, los incentivos a los docentes y alumnos, la duración de la jornada, el ciclo lectivo, el papel de los directivos y la necesidad de evaluar el aprendizaje.
•       Se debe revalorizar y profesionalizar el rol de los maestros, profesores y directivos. Ello supone modificar el estatuto docente:
o       Entre las reformas se deberían incluir incentivos por asistencia y un sistema de evaluación con premios y castigos. También sería importante que los docentes sean graduados universitarios.
o       Libertad de elección para los directores de escuela a la hora de contratar o despedir docentes.
o       Tanto docentes como directivos deberán ser evaluados: Para saber dónde estamos parados y qué debe ser mejorado.
o       La remuneración debe estar en relación directa con su desempeño frente al curso. Los mejores docentes, aquellos que obtienen los mejores resultados, que cumplen con los días establecidos de clase y que se capacitan a nivel universitario y post universitario, deben tener mejores salarios.
o       Prever la aplicación de la reforma para futuros docentes, con el fin de evitar la resistencia y el boicot gremial.
•       Evaluación del aprendizaje: Ir a la escuela no necesariamente significa aprender. Para tener una noción del nivel educativo de los alumnos, la propuesta de LyP es que la autoridad pública evalúe todos los años a los alumnos, al término del año lectivo. A su vez, es importante que la Argentina se someta a las pruebas internacionales como PISA. Si se cumplen estas medidas, se podría eliminar el CBC para aquellos alumnos que rindieran un examen al terminar el secundario y fueran aprobados con el 70% de las respuestas correctas.
•       Competencia y desmonopolización: Por más que existan instituciones privadas, hoy enseñan lo que el Estado dice que hay que enseñar. La fundación LYP propone que la intervención del Gobierno en los planes de educación pase de 180 días a 90. Así se dejaría espacio para que cada escuela pueda definir los contenidos más apropiados para su alumnado. También los padres tendrían más opciones para decidir qué tipo de educación quieren para sus hijos.
•       Subsidiar a la demanda: LyP propone la forma de instrumentar estos subsidios por una razón de justicia y equidad social. Al subsidiar la oferta, el Estado puede estar beneficiando a familias de bajos recursos, como a aquellas de clase media o alta que podrían afrontar el gasto educativo de sus hijos. Entre otras cosas, esto también permitiría que todos los padres puedan elegir la escuela a la que quieren enviar a sus hijos (hoy, la gente sin recursos no tiene opción).
•       Escuelas autogestionadas: El Estado no debería solamente subsidiar la oferta educativa a través de la provisión directa, sino que podría dar el financiamiento para el funcionamiento de escuelas autogestionadas, creadas por miembros de la sociedad civil. Entonces, del monopolio, se pasa a la competencia de la oferta de escuelas gratuitas. De esta manera, se puede hacer a las escuelas más responsables de sus propios resultados, a través de contratos que podrían durar entre tres y cinco años.

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