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sábado , 17 agosto 2019

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La calidad institucional en el fútbol

-Por Alvaro José Aurane, La Gaceta, Tucumán-

River Plate y San Martín de Tucumán perdieron sus respectivas categorías. Pero descender (lo que se dice «descender») es patrimonio de la Nación y de la Provincia.

Los descensos de River Plate y de San Martín de Tucumán representan el ejemplo más acabado, y más fácilmente comprensible, acerca de las consecuencias que la mala calidad institucional puede acarrear. Ambos casos hicieron perfectamente visible este concepto: los simpatizantes del fútbol saben ahora que la caída de losmillonarios y de los cirujas no se debe sólo a una mala campaña sino también -y fundamentalmente- a que la dirigencia hace rato que viene jugando mal. Con los gobiernos ocurre lo mismo.

El desempeño de los equipos puede medirse en una tabla de ocho ítems (partidos jugados, ganados, empatados y perdidos; goles a favor y en contra; puntos y promedio). El de la calidad institucional de los Estados también se mensura con ocho indicadores internacionales. Cuatro son económicos (Haciendo negociosCompetitividad global,Libertad económica, y Libertad económica en el mundo). Los restantes son políticos (Rendición de cuentasVigencia del derechoPercepción de la corrupciónLibertad de Prensa). La tabla de posiciones que elabora en nuestro país la Fundación Libertad y Progreso dice que desde, 2007 hasta este 2011, la Argentina retrocedió 32 posiciones. Entre 194 naciones, ocupamos el número 125.

En cuanto al «promedio», en nuestra categoría, la cosa empeora. Por encima de la media están Brasil (0,48), Colombia (0,50), Perú (0,59), Uruguay (0,68) y Chile (0,84). Por debajo de la media, la Argentina (0,37), Paraguay (0,33) y Bolivia (0,29).

En la Primera A, que es Sudamérica, la Argentina es River Plate. Y en la B Nacional, Tucumán es San Martín.

Trapo y lentejuela
Esto se advierte en elementos de difícil medición pero de fácil comprensión. Como la soberbia de autoridades, deportivas y políticas, que hacen oídos sordos a los reclamos de hinchas y de gobernados. El domingo, los simpatizantes del «santo» que le enrrostraban a la conducción del club el fracaso de la caída, fueron golpeados. En la provincia, los autoconvocados de la salud, los jubilados transferidos, las madres del pañuelo negro, los padres de víctimas de crímenes impunes y los que denuncian ser estafados del barrio Judicial II no sólo son ignorados por el Gobierno: ahora les prohibieron, en el Jardín de la República, acceder a la Casa Histórica, que de Cuna de la Independencia pasó a ser bastión oficialista vallado.

Casi 195 años después del 9 de Julio de 1816, acá van ganando los realistas. Porque entre el intento de recontra-reelección alperovichista y la búsqueda de 12 años consecutivos de kirchnerismo a partir del presidencialismo matrimonial, aquí más que repúblicas con periodicidad de mandatos se consiguen neo-reinados. Como advierte Mario Rappoport, las monarquías equivalen a centralización de decisiones, serviles cortesanos y sometimiento a la fe. La Nación y la Provincia, con sus unicatos, sus besamanos y sus conversos, no son distintos.

Por eso, en lugar de una fecha patria popular, sólo quieren las lucecitas montadas para escena y el eternizador de dioses del ocaso y el servidor del pasado n copa nueva y el testaferro del traidor de los aplausos y el júbilo hervido con trapo y lentejuela.

Hacete amigo del referí
Pero también hay pautas para estimar la calidad institucional local. Para el caso, las que usó para mensurar la de Santa Fe el Centro de Implementación de Políticas Públicas para el Crecimiento y la Equidad (Cippec).

Comienzan con el Acceso a la información pública: aquí no hay una ley que la garantice.

Luego, elecciones provinciales. Bastará mirar la Junta Electoral Provincial. Tras el denigrado modelo de mayoría política (consagrado en la Constitución de 2006 y fulminada por la Sala II del fuero administrativo), la arrodillada Legislatura no creó un organismo mejor, sino que volvió a su esquema anterior: la integran el ministro fiscal, el vicegobernador (socio del gobernador) y el presidente de la Corte, declarado amigo personal del mandatario. Es igual a cuando se mira con recelo a la AFA y se la sospecha de «manejar» los resultados mediante los árbitros adictos.

Después, Cippec consigna voto y participación: completamente desvirtuado por los acoples. En el «Fallo Ríos», la Corte Suprema de la Nación, para defender que los partidos mantengan el monopolio de las candidaturas, establece que dos grandes valores se ponen en juego en las elecciones. Por un lado, el derecho de todo ciudadano a postularse. Por el otro, el hecho de que si todos fuesen candidatos al mismo tiempo no habría elección posible. O sea, claridad. Pero en esta provincia, los rejuntes en acoples parecen, más bien, equipos deEl Gran DT.

El financiamiento de los partidos es un enigma. Como no hay una ley específica, no se sabe de quién es la plata con que el oficialismo financia a sus socios conocidos… y a los tapaditos. Eso sí: de lo que hay certeza es del fenómeno tucumano del proselitismo rentado: el de los funcionarios que, como no piden licencia para postularse, cobran para ser candidatos. Es igual a los clubes pobres que pagan pasajes a los barrabrava para que exhiban su fervor financiado en todas partes.

No se rinde
Precisamente, en los ítems de Cippec después viene Rendición de cuentas. Sobra con lo expresado por el Tribunal de Cuentas en el último informe sobre la Cuenta de Inversión (2009): no se conoce si todo el dinero que llega de la Nación es todo el que debían enviar; se ignora exactamente a qué corresponde la plata que mandaron; de lo que se gastó, no se sabe cuánto queda. Sería parecido a que, aunque se juega con cancha llena y hay subsidios del Estado, se sufren a la vez huelgas de jugadores por salarios no liquidados, que luego se abonan con cheques diferidos, los que terminan cambiados (desagio mediante) en las mismas cuevas.

Los regímenes de control patrimonial y conflicto de intereses se aplican a dirigentes ricos y clubes pobres y con malos resultados, porque no juegan los buenos sino los que están «vinculados» al DT o a la conducción. En la provincia, equivale a funcionarios que, con sueldos públicos de país tercermundista, amasaron millonarias declaraciones juradas de bienes.

Lo de presupuesto y transferencias fiscales es igual a no saber por qué, como socio, se pagaba un adicional para construir una tribuna que jamás se edificó. En la provincia, es no saber dónde están los superávit anuales ni qué hacen con la recaudación: va a parar arentas generales.

¿Y los goles?
Resta, en el indicador de la administración pública provincial, el sistema de compras y contrataciones. En el caso de San Martín, equivale a haber contratado a cuatro «goleadores» que, entre todos, anotaron dos tantos. En el de la provincia, a que las grandes (y sobrevaluadas) obras, como la nueva Ruta 38 y Lomas de Tafí, hayan sido pagadas por la Nación. Mientras que con los $ 45.000 millones de los presupuestos públicos provinciales sólo se hicieron cordón cuneta y pavimento de dudosa durabilidad, más el nuevo edificio de la Legislatura. Ese que comenzó presupuestado en $ 21 millones y terminó costando lo mismo que el dique Potrero de las Tablas que los tucumanos nunca tendrán.

Si San Martín descendió, Tucumán ya debe estar a no más de un metro sobre el nivel del mar.

*Publicado originalmente como «Tucumán ya está a un metro sobre el nivel del mar» en La Gaceta de Tucumán.
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