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sábado , 7 diciembre 2019

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Las Dos Manos Invisibles

-Por Dr. Osvaldo H.  Schenone, Académico LyP-

Una mano invisible

Hace mas de dos siglos Adam Smith descubrió, con inocultable admiración, que cuando cada individuo orienta su actividad “de manera de producir un valor máximo, busca solo su propio beneficio, pero en este caso como en otros una mano invisible lo conduce a promover un objetivo que no entraba en sus propósitos.”

Esta afirmación se inmortalizó como la expresión mas abreviada posible de una proposición fundamental de la teoría económica. Esta proposición dice que los mercados libremente competitivos generan asignaciones de bienes y servicios que capturan todas las ganancias del intercambio; es decir, no dejan sin capturar ningún excedente de beneficios por encima de los costos con el cual se pudiera beneficiar a alguien sin perjudicar a nadie. Los mercados libremente competitivos hacen que la sociedad saque el mayor provecho posible de sus recursos disponibles. Y esto sucede, sorprendentemente, aunque no haya sido el propósito de ninguno de los individuos que intervinieron.

Este notable resultado no ha despertado el interés, ni siquiera moderado, de los hacedores de políticas publicas. Por el contrario, estas políticas son deliberadamente diseñadas para obstruir y entorpecer el funcionamiento de mercados libremente competitivos. Basta considerar las restricciones al comercio internacional (invocando toda clase excusas y falacias), las limitaciones a la libertad de trabajar (por medio de leyes de salario mínimo, de agremiación forzosa, de licencias y permisos para funcionar, entre otras), la fijación gubernamental de precios de bienes y servicios, la tributación selectiva y discrecional, la creación inflacionaria de dinero, y la lista podría ser tan extensa como sea la vocación de los gobiernos por controlar y dirigir la vida de sus ciudadanos.

¿No es, acaso, extraño que las sociedades democráticas elijan libremente adoptar estas políticas hostiles a los mercados competitivos, que impiden sacarle el mayor provecho a sus escasos recursos disponibles? ¿Cuál es el mecanismo por el que democráticamente se elije desaprovechar las ventajas que ofrecen los mercados libremente competitivos?

 

Los beneficios se concentran mientras que los costos se diluyen

Este enigma comienza a develarse apenas observamos que los beneficios de estas políticas se concentran en unos pocos beneficiarios, mientras que los costos se diluyen en una multitud de perjudicados.

Así, aunque los costos de las políticas hostiles a los mercados competitivos sean muy superiores a sus beneficios, cada uno de quienes tienen que soportar estos costos solamente sufre una pequeña fracción de ellos y, por lo tanto, jamás encontraría conveniente dedicar tiempo, esfuerzo y recursos a oponerse a la política de que se trate.

Los beneficiarios, en cambio, son numéricamente menos y cada uno de ellos captura una porción muy significativa de los beneficios. Así, aunque estos beneficios sean menores que los costos, cada uno de quienes los perciben estarán dispuestos a dedicar tiempo, esfuerzos y recursos a promover y defender (casi siempre, invocando razones de patriotismo e interés nacional) la política de que se trate.

Por ejemplo, ninguno de los millones de consumidores de ropa que tiene que pagar US$ 10 mas por una camisa debido a la protección arancelaria a la industria textil encontrara conveniente ni siquiera aprender como oponerse, y mucho menos gastar recursos en oposición a los aranceles aduaneros a la ropa. En cambio, cada uno de los productores textiles tiene incentivos para dedicar recursos a defender una protección que le provee beneficios millonarios. Y lo mismo puede decirse de la industria metalmecánica, electrónica, farmacéutica, y cada una de todas las que medran de la protección arancelaria.

La provisión de educación universitaria gratuita es otro ejemplo. Con dinero recaudado de los millones de habitantes del país, se financian las universidades estatales que proveen educación a unos cuantos miles de estudiantes. Para cada uno de ellos es muy importante defender esta política, mientras que la contribución individual de cada uno de los millones de personas que la financian no justificaría el esfuerzo de oponerse.

Otro ejemplo: Las leyes de salario mínimo benefician exclusivamente a los trabajadores que reúnen dos características: 1ª) mantienen su empleo y 2ª) en ausencia de la legislación hubieran cobrado menos que el mínimo legal. Por otra parte, los que pierden su empleo (o ven disminuir su probabilidad de conseguirlo) debido al encarecimiento del salario; y todos los consumidores (que pagan mayores precios debido a este encarecimiento) son quienes soportan los costos de esta política. Otra vez, los beneficios se concentran mientras que los costos se diluyen tanto que nadie tendría incentivos para encabezar las protestas contra una legislación que aumenta unos pocos centavos los precios de los productos.

Los ejemplos pueden multiplicarse indefinidamente, pero los mencionados alcanzan para ilustrar el fenómeno que se quiere destacar.

 

La otra mano invisible

En democracia la adopción de políticas hostiles al funcionamiento de mercados libremente competitivos también responde, como la adopción de políticas sabias y prudentes, a los requerimientos de los ciudadanos. Cada uno de aquellos que, individualmente, se beneficiarían de una política determinada solicitarían su adopción, mientras que quienes no se consideran, cada uno individualmente, suficientemente perjudicados no se molestarían en oponerse.

La adopción de políticas perjudiciales no resulta necesariamente del predominio de un interés particular por encima del interés general. Resulta, mas bien, de la falta de oposición, que se interpreta (y se presenta a la opinión publica) como manifestación que la política considerada sirve al mas genuino interés general.

Así es fácil comprender la adopción democrática de políticas cuyos costos exceden a sus beneficios y son, por lo tanto, perjudiciales para el conjunto del país.

Promotores de políticas públicas desastrosas, pero con buenas intenciones, podrían creer de buena fe que están promoviendo el interés general, dejándose confundir por la falta de oposición a tales políticas.

Esto dio lugar a que Milton Friedman declarara en Free to Choose (cap. 10) que existe en política una segunda mano invisible que opera en dirección opuesta a la descubierta por Adam Smith: Políticos que solamente intentan, de buena fe, promover el interés general son llevados por una mano invisible a promover un interés particular que no tenían la intención de promover.

 

El triangulo de hierro

El ciudadano se encuentra, así, atrapado en un “triangulo de hierro”, como lo denomina Milton Friedman en Tyranny of the Status Quo (cap. 9).

En un vértice se encuentran los beneficiarios privados que peticionan la adopción de las políticas que les den mayores beneficios. En el segundo vértice están los políticos que reciben estas peticiones y no perciben la existencia de oposición a tales políticas, por aquello de que “los beneficios se concentran y los costos se diluyen”. En el tercer vértice se ubican los burócratas que, aunque no sean corruptos (un supuesto debatible), se ganan la vida dispensando los beneficios generados por la política de que se trate.

Por ejemplo, a continuación se muestra una lista incompleta, pero ilustrativa, de los beneficiarios privados mas comunes en la mayoría de los países y una flecha hacia la derecha indica la burocracia a cargo de dispensar los correspondientes beneficios:

 

Cúpulas, o dirigentes sindicales  →                    Ministerio de Trabajo

Empresarios protegidos             →                    Secretaria de Comercio

Empresarios receptores de

crédito subsidiado                                 →                    Bancos estatales

 

Individuos receptores de

casas, electrodomésticos,

jubilaciones de privilegio o

graciables, subsidios por

desempleo y/o maternidad o

paternidad, leche, juguetes, etc. →                    Ministerio de Bienestar Social

Usuarios subsidiados de gas y

electricidad                                          →                    Secretaria de Comercio

Usuarios subsidiados de

transporte                                            →                    Secretaria de Transporte

Usuarios subsidiados de

educación                                            →                    Ministerio de Educación

Usuarios subsidiados de

Salud                                                   →                    Ministerio de Salud

 

La consecuencia ineludible del triangulo de hierro es el crecimiento ilimitado del tamaño del sector publico. Esto no se soluciona eligiendo “correctamente” a los políticos, porque una vez elegidos los políticos correctos harían las cosas incorrectas, confundidos por la falta de oposición a las políticas incorrectas. La solución que debe considerarse parece ser imponer límites constitucionales al tamaño del gobierno y a las políticas que esta autorizado a aprobar.

 

Dr. Osvaldo H.  Schenone, Consejero Académico de “Libertad y Progreso”

 

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